Cuba

Padre José Conrado: ‘La Iglesia necesita ser más audaz’ en Cuba

El sacerdote cubano José Conrado de visita en la Ciudad de Miami durante su entrevista con el Nuevo Herald el viernes 24 de abril del 2015.
El sacerdote cubano José Conrado de visita en la Ciudad de Miami durante su entrevista con el Nuevo Herald el viernes 24 de abril del 2015. el Nuevo Herald

Es difícil encontrar una persona que hable con la pasión y autenticidad del sacerdote cubano José Conrado Rodríguez. Promete conversar “a calzón quitado”, una frase que le gusta usar con frecuencia. Y lo cumple. No es algo nuevo para un cura que tuvo la valentía de escribirle públicamente a Fidel Castro en el aciago año de 1994 para pedirle que “rectificara el rumbo” y convocara a un diálogo nacional.

En el 2009, interpeló a Raúl Castro para pedirle “audacia” al encarar los cambios necesarios al país y recordarle “la violación constante y no justificable de los Derechos Humanos” en Cuba.

Su activismo y declaraciones críticas le han generado conflictos dentro de la Iglesia y con el gobierno cubano. En una decisión polémica, fue trasladado en el 2013 de la parroquia de Santa Teresita de Jesús, en Santiago de Cuba, donde había predicado por muchos años, hasta Trinidad, un pueblo más “tranquilo” en el centro del país.

Sigue sin embargo dispuesto a opinar sobre los asuntos más espinosos de la realidad cubana. Recientemente conversó con el Nuevo Herald en Miami, antes de partir de regreso hacia Cuba.

Recientemente se supo que el Papa Francisco visitará Cuba. Siempre hay una gran esperanza entre los cubanos de que la visita de un Papa pueda traer cambios al país. Y en este caso particular del Papa Francisco, que medió entre Cuba y Estados Unidos para este acercamiento, las expectativas son mayores ¿Qué impacto real puede tener la visita de un Papa a Cuba?

En este momento el pueblo de Cuba necesita empoderamiento, hemos tenido muchos años de dependencia de un estado totalitario. Yo creo que el gobierno cubano no ha renunciado a la voluntad totalitaria, aunque poco a poco ha tenido que ir cediendo porque las circunstancias han ido cambiando. Yo creo que va a servir para que el pueblo cubano—como sucedió con el Papa Juan Pablo, en menor medida con Benedicto XVI—descubra que ellos son los protagonistas. El pueblo cubano se ha acostumbrado a esperar que sean otros los que le resuelvan los problemas.

Por un tiempo muchos cubanos pensaron que EEUU nos iba a resolver los problemas. Muchos otros cubanos pensaron que Rusia nos iba a resolver los problemas; después eran los chinos, luego los venezolanos. No podemos esperar que nadie nos saque las castañas del fuego. Tenemos que aprender que somos nosotros los que tenemos que resolver nuestros problemas. Lógicamente, cuando un pueblo cae en la indefensión en que ha caído el pueblo cubano después de cincuenta y tantos años de un gobierno como el que hemos tenido, es difícil que la gente tenga el valor de decir ‘yo soy el responsable, yo tengo que unirme a los demás para lograr lo que sea el bien para todos’. Es difícil, pero por ahí está el futuro y eso es lo que espero que logre el Papa con su visita.

En un gesto inédito, usted ha dirigido varias cartas a los gobernantes cubanos. En la última, dirigida a Raúl Castro, dice que Cuba está ‘en un callejón sin salida’. ¿Cree que este acercamiento con los EEUU fue la salida que encontró Raúl Castro? Y, si este fuera el caso ¿cree que es la salida correcta?

Yo creo que este es un buen camino, porque todo aquello que vaya de la guerra a la paz, del odio al respeto, al amor; todo aquello que haga que un pueblo sea capaz de respetar y de hacerse respetar, eso es positivo. Nosotros elegimos el camino de la violencia, yo lo decía en mi carta a Fidel Castro, y es el camino equivocado. Hicimos mucho daño pero el mayor daño nos lo hicimos a nosotros mismos. Por eso le decía en la carta a Fidel que ‘todos somos responsables pero nadie lo es en mayor medida que usted y nadie tiene las posibilidades de cambiar las reglas del juego como usted; si lo hace los que están en contra de usted, estarán de acuerdo porque estará haciendo lo que todo el mundo le está pidiendo’, que es lograr ese ámbito, esa posibilidad de que cada cubano pueda pensar con su propia cabeza, decidir con su propio corazón y respetar a los demás en un clima de libertad y justicia. A eso es a lo que hay que aspirar.

En esa carta se refiere también a la situación de derechos humanos en la isla. ¿En que situación se encuentra este tema? ¿Nota alguna mejoría?

No, en este momento todavía no la noto. No estoy cerrado a reconocerlo cuando empiece a haber los cambios que el pueblo de Cuba necesita. Sí noto que ha habido un cambio en el lenguaje y ya eso es un adelanto. Ese ambiente de insulto, contra los yanquis o contra lo que sea…El día que haya un cambio real, que no solo sea del lenguaje sino de las actitudes y del derecho que tiene todo hombre de hablar sin hipocresía -así definía José Martí la libertad-, ese día yo, ciertamente, como le dije a Raúl Castro, el primero que va a estar al lado suyo para ayudarlo soy yo.

Y la Iglesia, ¿estuvo al lado suyo cuando mandó usted esa carta? Se ha criticado a la Iglesia Católica por no apoyar tanto a personas como usted que son más críticas o quieren hacer una labor más cívica o política. ¿Sintió que la Iglesia lo apoyó?

La Iglesia me formó, soy un hombre de Iglesia. No tengo pretensiones políticas, no tengo ambiciones de ningún tipo. Yo soy feliz siendo sacerdote, ayudando a la gente. Precisamente porque quiero ser un hombre de Dios y quiero ser un hombre de pueblo —porque no se puede ser una cosa o la otra —, no puedo pasar de largo frente al sufrimiento de mi pueblo, frente a las injusticias que yo veo evitables. Decía Dante que el círculo noveno, el más grave de los círculos del infierno estaba reservado para aquellos que en tiempo de crisis se cruzaron de brazos y cerraron la boca. Y yo a ese círculo del infierno no quiero ir, yo quiero ir al cielo.

No puedo pasar de largo. Ser cristiano para mí es ser así, como el buen samaritano. La Iglesia me educó, yo llevó en mí los genes de [los arzobispos de Santiago de Cuba] Pedro Meurice, de [Enrique] Pérez Serantes, entonces decir que la Iglesia me dejó solo, no, la Iglesia estaba conmigo. La Iglesia era yo. Y lo mejor de la Iglesia se hace presente cuando un cristiano, sacerdote u obispo es capaz de solidarizarse con el dolor de un pueblo y no dejar pasar la oportunidad de defender al que está caído.

La Iglesia ha participado en procesos de mediación con el gobierno y ha mejorado su relación con el Estado. ¿Cree que la Iglesia Católica y su jerarquía tendrían que jugar un papel más activo en la sociedad civil en Cuba?

Por supuesto, esa es la misión de la Iglesia, no es la única. La Iglesia no está realizando una labor para los ángeles, ellos están en el cielo. Estamos en esta tierra, donde la gente lucha, sufre, peca, necesita de la ayuda de los demás; y la Iglesia es, en la medida que sirve al ser humano de carne y hueso. El Papa Francisco lo tiene muy claro, y ha sido muy audaz al tomar este paso, a pesar de que lo puedan criticar.

Yo estoy de acuerdo en que esto es lo que hay que hacer. La Iglesia católica lo ha intentado hacer de muchas maneras y lo sigue intentando. A veces fuera de Cuba, en el caso concreto de la comunidad cubana del exilio, que no saben todo lo que hace la Iglesia, se ha juzgado con dureza y con injusticia a la Iglesia cubana; pero creo que la Iglesia necesita ser más audaz. Nosotros no podemos defendernos nosotros mismos: Dios nos defiende. No podemos gastarnos en promover la institución porque la institución está en función del reino de Dios y el reino de Dios es la justicia y el bien de los hombres. Si la Iglesia pierde este norte pierde su esencia. A veces nos hemos dejado llevar por el miedo que todo el mundo tiene en Cuba. Yo también, porque hay que decir la verdad.

¿A que le tiene usted miedo?

El miedo que genera un régimen totalitario no es definido, es un miedo que provoca una angustia que paraliza, porque ni siquiera puedes definir exactamente a qué le tienes miedo ¿Qué nos pueden hacer? ¿Nos pueden quitar la vida? ¿Nos pueden quitar la honra, en el sentido de hablar mal de nosotros, hacer campañas de difamación? Eso lo hacen continuamente. Por lo menos a mí me lo hacen, y el trabajo mío es el triple de difícil porque se encargan de sembrar cizaña dondequiera que voy. Yo me doy cuenta después del miedo, de la desconfianza que la gente tiene cuando me acerco a ellos. Bueno, sí, ¿y qué? Al final se impone que la gente cuando te mira descubre que tú no tienes segundas intenciones, que tú no dices mentiras, eso es más fuerte que todas las mentiras que puedan decir de uno...

¿Usted ha tenido oportunidad de explicar cuál es su labor y que no tiene segundas intenciones a miembros del gobierno?

La última vez que tuve una conversación de ese tipo, a calzón quitado, fue con una funcionaria de Santiago de Cuba y con el primer secretario del Partido [Comunista] de Palma Soriano, cuando yo era párroco [allí].

En el momento más difícil del Período Especial, cuando mis feligreses enflaquecían de sábado a sábado y se me murieron personas como Sondra Miranda, una niña de siete años porque no había medicina para la diabetes que padecía, el agobio que sentía no te lo puedes imaginar. En esa situación yo salgo fuera de Cuba y le planteo esa situación a un amigo mío, que reunió a directivos de varias compañías y decidieron dar un millón de dólares a la archidiócesis de Santiago de Cuba. Fui a hablar con el cardenal arzobispo de Nueva York para que nos ayudara a que las medicinas salieran de este país. Él habló con [George] Bush padre, y el presidente de EEUU autorizó que saliera un millón de dólares de ayuda a Cuba a través de la Iglesia.

Regresé a Cuba con la buena noticia para mi obispo y presentamos el asunto al gobierno. El gobierno cubano no dejó que entraran las medicinas. Fueron a visitarme a la parroquia de Palma Soriano y yo les dije ‘han negado la entrada de esas medicina que salvarían a miles de personas, aunque salvaran a uno solo, ¡es un millón de dólares en medicinas!’ La del Partido provincial en Santiago, que atendía las cosas de la Iglesia, dijo algo así como ‘bueno, es que la Iglesia se quiere ganar galones frente al pueblo’.

Le dije, ‘usted sabe bien que eso lo hace el gobierno pero usted conoce bien a Pedro Meurice, sabe que está mintiendo descaradamente al decir eso’. Se quedó callada. Esa fue la última vez que me visitaron.

No se pierda la segunda parte de esta entrevista de Nora Gámez Torres con el padre José Conrado.

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