Cuba

La Habana lucha por preservar el Malecón, su "cara" frente al mundo

Fotografía del 19 de junio de 2018 de una zona donde se construye un hotel en el Malecón de La Habana (Cuba).
Fotografía del 19 de junio de 2018 de una zona donde se construye un hotel en el Malecón de La Habana (Cuba). EFE

Mientras locales y turistas disfrutan de una de las postales más reconocibles de Cuba, los vecinos del Malecón y las autoridades de La Habana luchan por preservar el emblemático y deteriorado paseo costero de la fuerza del mar, su principal atractivo y a la vez su más enconado enemigo.

La avenida y sus ajados edificios son el punto más visitado de la capital, y el larguísimo muro de unos ocho kilómetros, que contiene -a veces sin éxito- las aguas de la Bahía, se ha convertido en el “sofá gigante” donde cada día miles de personas pescan, bailan, beben, piensan, enamoran y hacen ofrendas a Yemayá, orisha del mar.

La Habana “no sería la misma” sin el Malecón para los habaneros “nacidos y criados” como José Roberto, quien se sienta allí “todos los días para hablar con el mar y buscar un poco de tranquilidad”.

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Fotografía del 19 de junio de 2018 de empleados trabajando en el Malecón de La Habana (Cuba). Ernesto Mastrascusa EFE

Sin embargo, tras la conocida estampa de los viejos coches multicolores rodando por la famosa vía y el aparente ambiente eterno de fiesta, el Malecón esconde años de historias de “empecinamiento” por “mantenerlo a salvo del mar”, aseguró la arquitecta Perla Rosales.

“Hay un interés personal del Historiador (Eusebio Leal) en el rescate del Malecón, por ser la cara de La Habana”, explicó la directora adjunta de la Oficina del Historiador de la Ciudad (OHC), entidad responsable del rescate y la preservación del Centro Histórico habanero, declarado Patrimonio de la Humanidad.

El malecón de La Habana, ese elegante bulevar costero cuyos edificios de principios del siglo XX se están enfrentando a un mar que los rocía constantemente con sal y los golpea con olas gigantescas traídas por frentes fríos o huracanes.

Leal, el principal artífice del renacer de la vieja Habana, extendió en 2006 su tutela hasta el Malecón, una reconstrucción que en un inicio priorizó la protección de los cientos de vecinos que habitaban edificios en peligro de derrumbe.

Décadas de desgaste por el salitre e inundaciones provocadas por huracanes erosionaron las fachadas y comprometieron la estabilidad de las estructuras que se edificaron en el paseo costero, que hasta ese momento -cuando la isla salía de su crisis económica más dura- no había recibido una adecuada atención.

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Fotografía del 19 de junio de 2018 de un auto pasando frente a una zona donde se realiza la demolición de un viejo edificio y se pintan nuevas construcciones, en el Malecón de La Habana (Cuba). Ernesto Mastrascusa EFE

“Desde hace más tres años que no hay derrumbes totales (…). Logramos detener el deterioro rehabilitando los edificios que estaban en ‘estado regular', reforzando y apuntalando para esperar mejores momentos de restauración”, explicó Rosales. En las 14 manzanas que tiene el Malecón coexisten 77 edificios, construidos en su mayoría a principios del siglo pasado, cada cual con un estilo particular que van desde el eclecticismo, hasta el modernismo y el art déco tardío.

El malecón de la ciudad cubana de Cienfuegos se vio afectado por el oleaje, los fuertes vientos y la lluvia a consecuencia del huracán Irma.

Al inicio de las obras, unos 45 inmuebles estaban en un estado regular de conservación y el resto en “estado crítico”, por lo que la OHC necesitaba desalojar los edificios para derruirlos o repararlos, en medio de seria escasez de vivienda en la isla. La solución fue levantar edificios multifamiliares “con un mayor presupuesto del asignado usualmente” en otras zonas de la ciudad y trasladar a los habitantes en mayor peligro, un trámite que no siempre fue sencillo y encontró “resistencias lógicas”.


Aunque la gran mayoría de los vecinos se acomodó en sus nuevos hogares, otros se atrincheraron “a pesar que a su alrededor todo ha caído”, indica la funcionaria. “Nosotros no nos vamos porque mi sobrino ha arreglado la casa para que no se caiga. Tenemos humedades y el último huracán (Irma, en 2017) nos arrancó la puerta, pero esta casa tiene siete habitaciones, no nos vamos a ir para algo peor”, explicó a Efe Sonia Santiesteban, vecina de Malecón 559.

Para Rosa, su hogar en Malecón 501 está en “un lugar bello”, pero “es mucho trabajo el que se pasa para mantenerla”, aseguró mientras se apresuraba escaleras arribas a revisar su balcón, en el que minutos antes cayó un trozo de revestimiento de la terraza superior. Con cada huracán la “situación es peor”, se queja Mercedes Simón, una anciana que lleva más de 35 años en ese mismo edificio, al que afirma que “hay que dar más condiciones”.

“Hace falta que nos saquen de aquí, que nos den casas y que reparen esto para oficinas, para una tienda”, pidió. Sobre el Malecón el “trabajo es constante”, según Rosales, quien afirma que desde la entrada del Gobierno de La Habana en la obra, todo marcha “más rápido y mejor”.

Hoy tienen “un plan de demoliciones y un plan de nuevos proyectos, sobre todo obras sociales”, construidos según las nuevas especificaciones constructivas impuestas por la Tarea Vida, un plan del Estado cubano para enfrentar el cambio climático.

Los edificios elevarán ahora el nivel del piso sobre las aceras, sus plantas bajas solo tendrán uso comercial y los sótanos solo servirán como estacionamientos, algo que ya se puede ver en el moderno hotel Terral, construido tras la demolición del antiguo inmueble que ocupaba su sitio.

La altura del muro se elevará hasta los 1,25 metros con reforzamiento en la fachada que da al mar y agregarán rompeolas a metros de la costa para contener el primer impacto del mar. “Tenemos una tarea continua y fuerte (…) con mucho sacrificio, pero ha valido la pena”, insistió Rosales.

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