Cuba

Crónica: ‘Así fue el Stonewall de La Habana’

Ariel Ruiz Urquiola: La Revolución de las plumas

El científico Ariel Ruiz Urquiola es gay, pero nunca estuvo en una marcha LGBTI+. En la tarde del 11 de mayo, volvió a un calabozo por primera vez desde que le otorgaron una licencia extrapenal en 2017 porque estaba casi muerto, en huelga de hambre.
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El científico Ariel Ruiz Urquiola es gay, pero nunca estuvo en una marcha LGBTI+. En la tarde del 11 de mayo, volvió a un calabozo por primera vez desde que le otorgaron una licencia extrapenal en 2017 porque estaba casi muerto, en huelga de hambre.

El coronel pregunta a los manifestantes: «¿Quién organizó esta marcha?» Responde una mujer que nadie conoce, pequeña, de unos cincuenta años: «No la organizó nadie, esta marcha es de todos».

La policía hace retroceder a la mujer, junto al resto de la gente que ya cruzaba la calle. El coronel camina hacia el Prado de La Habana. Va escoltado por decenas de uniformados que se cierran en torno a cientos de personas y las obligan a subir a la acera en el último tramo del paseo.

La marcha iba hacia el mar, a topar con el muro del malecón, junto al castillo de La Punta, cuando se interpusieron las patrullas, los camiones, una guagua del transporte público que traía más policías y que fue ofrecida a los manifestantes para irse, si estaban de acuerdo, a una fiesta gay organizada por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), la institución que dirige Mariela Castro Espín, la diputada, la hija de Raúl y la sobrina de Fidel.

Nadie sube.

Decenas de cubanos se unieron para marchar por los derechos LGTBI en La Habana el 11 de mayo de 2019.

Los manifestantes quedan sobre un islote, sitiados por un cordón de agentes y automóviles. «Una república gay», dijo alguien. Como no pueden seguir y ahora están varados, algunos de los manifestantes suben a los bancos y se besan envueltos en banderas del arcoíris. Miran a la policía y se besan.

«Si nos dejan llegar al malecón, ya no seríamos cientos, seríamos miles», dice Ariel Ruiz Urquiola, un biólogo que se convirtió en campesino y luego en preso de conciencia, condenado a prisión en un proceso sumario por llamar «guardia rural» a un guardabosques que lo acosaba en su finca de Viñales, al occidente de Cuba.

«Yo no conocía a ninguno de los activistas, no conocía a nadie, pero eso no me excluía de mi gremio».

Ariel es gay, pero nunca estuvo en una marcha LGBTI+. En la tarde del 11 de mayo, volvió a un calabozo por primera vez desde que le otorgaron una licencia extrapenal en 2017 porque estaba casi muerto, en huelga de hambre.

Continúe leyendo esta crónica en la revista independiente cubana Tremenda Nota.

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