Cuba

Fidel Castro dijo que Cuba no aceptaría cruceros. Ahora la isla le reclama a Trump por prohibirlos

El último crucero de Estados Unidos sale de Cuba en medio de restricciones

El último crucero de cruceros de los Estados Unidos partió de La Habana el miércoles 5 de junio, terminando con un breve boom en las visitas de cruceros a Cuba que llevaron a decenas de miles de estadounidenses a la isla.
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El último crucero de cruceros de los Estados Unidos partió de La Habana el miércoles 5 de junio, terminando con un breve boom en las visitas de cruceros a Cuba que llevaron a decenas de miles de estadounidenses a la isla.

El gobierno cubano condenó este jueves “en los términos más enérgicos” la medida de la administración de Donald Trump que prohíbe la entrada de cruceros norteamericanos a Cuba.

La Habana, que según cifras oficiales recibió el pasado año más de 800,000 viajeros en crucero, lamentó “las duras restricciones” impuestas a los norteamericanos que pretenden visitar la isla a bordo de embarcaciones. Sin embargo, el gobierno de la isla no siempre pensó así.

En una larga alocución en cadena obligatoria de radio y televisión, el ex gobernante Fidel Castro aseguró en 2005 que Cuba no aceptaría cruceros. La guerra contra los cruceros se volvió habitual en los discursos de Castro en aquellos tiempos.

“Tengan la seguridad que aquí no vendrán cruceros, Cuba no aceptará cruceros, y los que quieran viajar, que viajen en lo que quieran, pero para los cruceros no habrá entrada. Ya los conocimos bien”, dijo Castro.

El entonces gobernante se refirió a los efectos que según él tenía el turismo de cruceros en los pequeños estados del Caribe. “Allí hay muchos hoteles y edificaciones; pero los que están yendo, por cientos de miles, son los cruceros turísticos, que lo tienen todo adentro, habitación, comedores, recreación, todo, y están hundiendo la economía de los países del Caribe”, añadió.

“Vienen hoteles flotantes, restaurantes flotantes, teatros flotantes, diversión flotante, visitan los países para dejarles la basura, las latas vacías y los papeles por unos cuantos miserables centavos”, agregó Castro en aquella ocasión.

En 2005 la relación entre el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el gobernante cubano era en extremo beneficiosa para la isla, que recibía cerca de 120,000 barriles de petróleo diarios a cambio de más de 50,000 “cooperantes” que trabajaban en Venezuela. Con la seguridad de los dólares venezolanos, Castro propuso en ese entonces a los países caribeños la construcción de aeropuertos e infraestructura para atraer al turismo tradicional.

Cuba también rompió el convenio que mantenía con una empresa italiana para fomentar la llegada de cruceros a la isla. El entonces vicepresidente Carlos Lage, defenestrado en 2009 por Raúl Castro cuando sustituyó a su hermano Fidel, firmó la resolución del Consejo de Ministros que declaró “extinguidas” las concesiones “para administrar muelles, espigones y operaciones necesarias para el atraque de buques cruceros y ferris”. Cuba había firmado el convenio con la empresa italiana en 1998.

El gobierno cubano en 2005 también ordenó “revertir al dominio del Estado cubano los bienes, equipos e instalaciones destinadas a la prestación de los servicios”. Según estadísticas oficiales, en 2002 unas 45,000 personas viajaron a la isla a bordo de cruceros, una cifra que creció hasta las 60,000 en 2003, justo antes del batacazo de Castro a la industria.

Tras la enfermedad de Fidel Castro en 2006, el gobernante entregó el poder a su hermano Raúl Castro, quien fue elegido por la Asamblea Nacional cubana como presidente en 2008. El menor de los Castro encabezó entonces una campaña para “hacer sostenible” el socialismo de la isla, que incluía una mayor apertura económica y más represión a disidentes y activistas por los derechos humanos. Fidel Castro murió en 2016 y su hermano Raúl Castro dejó el poder en abril de 2018, aunque mantiene la jefatura del Partido Comunista.

Durante el gobierno de Barack Obama se relajaron las reglas sobre los viajes a la isla para apoyar el proceso de “deshielo” en las relaciones bilaterales. En 2016 llegó a La Habana el buque Adonia, el primer crucero proveniente de Estados Unidos en décadas, después de lo cual varias compañías de cruceros comenzaron a incluir a Cuba entre los destinos turísticos para norteamericanos.

El pasado martes el secretario de Comercio, Steve Mnuchin, explicó que la actual administración tomó la decisión de prohibir los viajes en barco a la isla como parte de una decisión estratégica que busca castigar al régimen cubano ante su “papel desestabilizador en el hemisferio occidental”.

Según Mnuchin, Cuba “continúa proporcionando una plataforma comunista en la región y apoyando a adversarios de los estadounidenses en lugares como Venezuela y Nicaragua al fomentar la inestabilidad, socavar el estado de derecho y suprimir los procesos democráticos”.

El último crucero de cruceros de los Estados Unidos partió de La Habana el miércoles 5 de junio, terminando con un breve boom en las visitas de cruceros a Cuba que llevaron a decenas de miles de estadounidenses a la isla.

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