Cuba

Multitudes y frustraciones en el nuevo Coppelia de Cuba

Frustraciones en el nuevo Coppelia de Cuba

Los“fieles” de Coppelia, en La Habana, han esperado por horas para acceder a su interior durante el primer día en que la heladería abrió al público tras semanas de reparación.
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Los“fieles” de Coppelia, en La Habana, han esperado por horas para acceder a su interior durante el primer día en que la heladería abrió al público tras semanas de reparación.

Le dicen la Catedral del Helado y este martes sus “fieles” han esperado por horas para acceder a su interior durante el primer día en que la heladería Coppelia abrió al público tras semanas de reparación. En la inauguración no faltaron los empujones para entrar, los policías que controlaban la fila y tampoco el ansiado chocolate.

Con la pasión de los peregrinos y después de que la prensa oficial anunciara este lunes la fecha de reapertura, decenas de personas aguardaron desde temprano para entrar al local, diseñado por el arquitecto Mario Girona y unido al imaginario habanero tanto como la Giraldilla, el Morro o el Malecón. Allí estuvieron cientos de clientes armados de paciencia mientras trataban de ver desde fuera la tablilla con la oferta de los 15 sabores prometidos por la prensa oficial.

Tanta expectativa no era para nada exagerada. Coppelia es de los pocos lugares en la capital donde aún se venden helados en moneda nacional (CUP), algo difícil de entender para los turistas de ojos asombrados y boca abierta que pasaban frente a la enardecida muchedumbre y preguntaban si se trataba de una manifestación. Al escuchar que solo era una venta de helado algunos repetían I can’t believe it.

A pesar del cartel que anunciaba la apertura para las 10 de la mañana, Coppelia comenzó su jornada inaugural con una hora de retraso, para malestar de los clientes que, pertrechados bajo sombrillas y gorras deportivas, intentaban escapar del inclemente sol del verano. En la espera para refrescarse con helado, tuvieron que soportar una dosis previa de “sauna tropical gratis”, como decía con ironía una mujer en la cola.

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