Cuba

‘No sé a qué me habrán condenado’, dice cineasta cubano tras censura de su obra

El director escénico y cineasta cubano Juan Carlos Cremata aseveró que tras la suspensión de ‘El rey se muere’ ningún funcionario se ha comunicado con él.
El director escénico y cineasta cubano Juan Carlos Cremata aseveró que tras la suspensión de ‘El rey se muere’ ningún funcionario se ha comunicado con él. Archivo

La censura de la obra El rey se muere, un montaje del director escénico y cineasta cubano Juan Carlos Cremata, que presentó el grupo El Ingenio en un escenario habanero se convirtió en la noticia de varios medios digitales desde la semana pasada.

Tras dos días de iniciada la temporadaque solo tuvo dos funciones, el 4 y 5 de julio– al director se le comunicó que sería retirada de la sala Tito Junco del Centro Cultural Bertold Brecht, ubicado en el Vedado, por orden del Consejo Nacional de las Artes Escénicas de Cuba.

“Si alguien se quejaba de que nos estábamos ‘burlando’ de Fidel Castro, ellos [los funcionarios] temen ser reprendidos por ello. Y en ese caso prefirieron reprenderme a mí”, expresó Cremata a el Nuevo Herald, el viernes 17 de julio.

“La propuesta de hacer pensar, disentir, polemizar y, sobre todo, el poder de convocatoria que tiene nuestro grupo, es a lo que más le temen”, afirmó el director de 54 años, que en en estos días ha asistido a “muchas representaciones [de otras obras], con el mismo nivel de enfrentamiento al discurso oficial, pero en teatros más pequeños y con gente menos conocida”.

El miedo prevalece

“Todo el mundo tiene todavía mucho miedo. El miedo ha sido y sigue siendo parte fundamental del mantenimiento de todo ‘esto’, de la defensa de las mismas sinrazones, del escondrijo a sus verdaderas intenciones y de esa actitud hipócrita y amoral que los alimenta y los sostiene”, agregó Cremata, de 54 años, conocido fuera de Cuba por sus películas Nada (2000), Viva Cuba, El premio flaco (2010), Chamaco (2012) y Contigo pan y cebolla (2014).

El rey se muere (1962), comedia del absurdo original de Eugene Ionesco (1909-1994), cuenta la historia de un monarca perpetuado en el poder que fallece en cuanto los médicos dicen que le queda poco en este mundo.

La noticia de la cancelación se dio a conocer en la revista digital Cubarte, portal de cultura cubana, a través de un breve comunicado fechado, el 7 de julio. Este expresa que el Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Centro de Teatro de La Habana deciden la suspensión de la obra El rey se muere, producción de Teatro El Ingenio, “atendiendo a las estrategias de desarrollo del arte escénico cubano, al diálogo permanente entre la institución y la práctica artística cotidiana, en pos de lograr estadios más propositivos entre las obsesiones poéticas de nuestros creadores y la política cultural de la Nación”.

“Fue algo inentendible, parecía una burla. Ni siquiera me la enviaron y era tan hermética, que no creo que ellos mismos la entendieran. Luego llamaron a un ‘especialista’, que hizo una nota más comprensible”, dijo Cremata aludiendo a Notas apresuradas a partir del estreno de El rey se muere’, un artículo firmado por Andy Arencibia Concepción, miembro del Consejo Nacional de las Artes, publicado en Cubarte el 8 de julio. Poco después la respuesta de Cremata apareció en varias publicaciones digitales bajo el título de Condenadnos, no importa: el arte nos absorberá.

Ningún funcionario se ha comunicado

El director aseveró que después de la suspensión de la obra ningún funcionario se ha comunicado con él. “No sé si esperan a que el fuego se apague solo”, añadió Cremata, que recordó que “uno de los funcionarios que estuvo presente en la reunión definitoria, y que preferió el anonimato”, le contó “con lágrimas en los ojos”, que no se pudo “hacer nada”, ya que nadie se hubiera atrevido a ripostarle a [Gisela González] la presidenta del Consejo de las Artes Escénicas.

“Ella está precisamente en ese puesto como vigilante, como el cancerbero del pensamiento, como el testaferro de turno. Y si la quitan, mañana de seguro pondrán a otro”, dijo el cineasta convencido, tras rememorar que su actitud irreverente provocó que el Ministro de Cultura, Julián González, abandonara la sala donde se estrenó su última película cuando lo vio portando un cartel que decía: viva el cine libre.

“Pueden censurarme pues son los dueños de los teatros y están amparados en una ‘política cultural’, pero no pueden, ni podrán callarme”, enfatizó Cremata.

Sobre la reacción de sus colegas ante la censura de la obra y la publicación de la carta, el cineasta reveló que “algunos” le expresan su apoyo “bajito” y “otros han hecho circular sus opiniones a través de e-mails”.

“Oficialmente el silencio, por supuesto. Como si nada hubiese sucedido. Como siempre ha sido y es típico desde hace mucho, mucho, mucho tiempo”, apuntó.

Lo que dijeron algunos cineastas

En cuanto supieron la noticia un grupo de cineastas cubanos expresaron su opinión en las redes sociales.

“Acciones como estas me recuerdan el fracasado socialismo real que durante un triste período aplicaron en nuestro país con consecuencias desastrosas para la cultura”, escribió la cineasta Marina Ocha en Intranet (red interna del país), señalando que tales decisiones la “hacen pensar en el diálogo de sordos que existe entre el pueblo y el poder, fomentado principalmente por el funcionarato, y cuestionar también la fortaleza de la Revolución ante los retos que tiene por delante”.

“¿Es tan frágil acaso [la Revolución] que no puede soportar la crítica desde una pequeña salita de teatro del Vedado a la que acudirían cómo máximo el 0.00405 por ciento de la población?”, se preguntó la cineasta.

Por su parte, el cineasta y escritor Eduardo del Llano expresó que le parece “genial” que el montaje también aluda a Fidel Castro.

“No creo que la puesta del Ingenio atañe exclusivamente a Fidel Castro, pero también a él, y me parece genial. Es más, aunque no fuera en absoluto sobre él, el hecho de que censores y público piensen que lo es, hace que lo sea”, apuntó Del Llano. “¿De qué se trata? ¿De guardar las apariencias y ensanchar el abismo entre lo que se piensa y lo que se dice?”.

El cineasta Miguel Coyula escribió que “con un título así en la Cuba de hoy, no es difícil imaginar de qué va la obra. Entonces quedaría al espectador, como en cualquier sociedad civilizada, la opción de entrar o no al teatro (…) Pero la censura jamás. Y no quiero escuchar cuando dicen que muchos funcionarios censores son víctimas. Nadie es víctima de una posición que acepta si no tiene la capacidad moral de renunciar”.

Una cierta apertura

Al referirse al restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y las esperadas aperturas, Cremata dijo que, “con los americanos también vendrá el maquillaje a venderles lo mejor. Esta gente no cree en aquello de ‘con todos y para el bien de todos’ [la frase del discurso de José Martí], aunque lo repitan a menudo”.

“Esta gente cree solo en ellos y para el bien de ellos, si no todo esto hubiera sido distinto desde hace mucho mucho tiempo. Y yo podría poner El rey se muere hasta en el [teatro] Carlos Marx; y Celia Cruz hubiera venido a cantarle a su gente aunque nunca en verdad dejó de hacerlo”.

En lo concerniente a la esfera artística, Cremata subrayó que todo “depende de qué artistas y en qué momento [se tomarían libertades]. Pero primero tiene definitivamente que morir el miedo. Y todo lo que hemos vivido con él”.

“Es cierto que ahora ya se habla mucho más que antes. A esta altura y en otros tiempos ya yo estaría preso o desaparecido”, admitió. “La gente está más suelta y hasta se burla a cara destemplada del discurso vacío oficial y mentiroso”.

‘No sé a qué me habrán condenado’

Pese a la suspensión de la obra, Cremata no piensa que este sea el fin de su carrera, ya que siempre se ha considerado“muy optimista” y está seguro de “que todo fin genera un inicio y viceversa”.

“Tampoco sé exactamente a qué me habrán condenado más allá de bajar de cartel la puesta. A lo mejor me ves mañana vendiendo fritas o buscando trabajo en Miami. Pero no puedo dejar de ser consecuente con lo que siento y pienso”, señaló el cineasta, que mientras planifica nuevos montajes de teatro integra una comisión para la redacción de la Ley de Cine “que [aunque] NUNCA será aprobada, porque incide en elementos medulares del sistema, es importante que al menos exista”.

“¿Adónde me llevará todo esto? La verdad es que no lo sé. Vigilarán más mis pasos, eso es seguro. Y podrán ocultarme o condenarme al ostracismo. Pero yo seguiré haciendo lo que creo que sé hacer. Es la única manera que conozco de vivir”, concluyó.

Siga a Arturo Arias-Polo en Twitter: @arturoariaspolo

‘Condenadnos, no importa: el arte nos absorberá’

Fragmentos de la carta de Juan Carlos Cremata Malberti dirigida a Andy Arencibia Concepción, especialista en el Departamento de Desarrollo Artístico del Consejo Nacional de las Artes Escénicas de Cuba.

El teatro es un hecho vivo, como bien se sabe.

Es catarsis, conmoción, temblor y disturbio, sobre todo en su relación con el espectador. Ya sea ésta a favor o en contra. Peor es ir a una función y regresar igual que si no se hubiese ido. ¿Es eso lo que busca? ¿La reinterpretación de nuestra historia, sin cuestionar el presente y mucho menos el futuro?

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Lo más importante –es que el Consejo Nacional de las Artes Escénicas tiene todo el derecho de hacer saber su decisión en contra para con una puesta en escena en específico de las de su circunscripción. Pero lo que no excluye el calificativo de medida inmoral, medieval e incomprensible, pues jamás tendrá explicaciónes el uso abusivo de un poder absolutista que se ostenta, sustenta y expone en el ejercicio cruel de una censura infame.¿Dónde queda la posibilidad de qué los demás opinen?

Nuestra intención con esa puesta en escena era hablar de la resistencia al cambio. Y no es verdad absoluta e incondicional que intentáramos hacer referencia a monarca, líder o dirigente alguno. .

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En nombre de un ‘nacional socialismo’ se nos coarta, reprime, sanciona, amordaza, atropella y oculta. Eso es fascismo omnímodo.

Tengo clarísimo que ser revolucionario NO es ser obediente, ni acatar al pie de la letra todo lo que venga de ‘arriba’. De más arriba vienen las cosas de Dios y ustedes ni caso les hacen. Él los perdone.

Nuestra razón de ser es crear. Y seguiremos haciéndolo. Aunque intenten cortarnos las alas. . La obligación de usted (es) se ha fundado en mutilar, suspender, acallar.

Nuestra nación es la cultura y nuestra nacionalidad también.

¡Viva el arte! Lo demás es politiquería barata, hueca. Y basta de hipocresías que ni usted (es) mismo(s) la siente(n).

‘Notas apresuradas partir del estreno de ‘El rey se muere’’

Por Andy Arencibia Concepción. Cubarte. Fuente Consejo Nacional de las Artes Escénicas

Carlos Cremata Malberti, es de los mejores lectores que tiene el teatro cubano contemporáneo, y . .

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Hay que aclarar que en ‘El rey se muere’ no es cualquier teatralidad sino una sustentada en la idea de una carnavalización que penetre en el reinado-sociedad para destruir las jerarquías del poder e invertirlas, para convertir al rey en bufón, para hacer del “líder” el objeto de burla de sus súbditos en una cuasi ópera bufa de personajes viciosos signos también de una sociedad enferma.

Como en sus otros textos escénicos el director contextualiza la obra en la Cuba de hoy, en la realidad de aquí y de ahora mediante el choteo y la carnavalización de los símbolos políticos (carnavalización como inversión también de los símbolos teatrales): el himno, la bandera cubana, y las consignas que han signado el proyecto político de la Nación cubana a partir de 1959.

A mi particular modo de ver, algo no resuelto en la obra teatral de Cremata con El Ingenio, (no pasa tanto en su cine), es lo no resuelto entre el modo en que se representa en escena el poder político de la Cuba de las últimas cinco décadas .

(...) la actual puesta del colectivo (al menos lo que dejó ver el estreno) es muy inferior, en lo artístico, que sus predecesoras. Esto, por varios motivos. El primero por lo forzado de la parábola teatral y política, por la ausencia de una metáfora que dejara huecos para ser rellenados por el espectador. Por el grado de manipulación de los símbolos políticos, de los referentes reales e históricos tratados de manera irrespetuosa, y que no llegan a tener un peso teatral artístico verdadero. .

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