Cuba

Fin de estatismo y privatización: receta para la maltrecha economía cubana

Bloomberg

El colapso de la economía cubana desde hace más de medio siglo, con la implantación del modelo comunista, encuentra su única cura en el fin del estatismo, la privatización y una inversión exterior multimillonaria, aseguró el lunes el economista cubanoamericano Jorge Salazar-Carrillo.

Salazar-Carrillo, profesor titular de Economía de la Universidad Internacional de Florida (FIU), acaba de publicar “From Economic Take-Off to Collapse under Castro”, un estudio crítico del desarrollo de la economía cubana bajo el régimen comunista, tras el triunfo de la revolución en 1959.

En una entrevista el reconocido economista se mostró muy escéptico respecto del rumbo de la economía en la isla caribeña durante los próximos años, ya que, afirmó, sin un “cambio total del sistema” que conlleve la “privatización de las empresas y una gran inversión exterior”, la “reconstrucción del país es imposible”.

“La reactivación de la economía cubana va a demorar mucho. Se va tener que privatizar toda una serie de empresas que el Gobierno controla y hacen falta entre 15,000 y 20.000 millones de dólares anuales de inversión exterior para reconstruir el país” durante los primeros años, precisó.

Pero el desastre económico que ahoga hoy al país, apuntó el académico, no debe ocultar la enorme capacidad que Cuba desplegó antes del triunfo de la revolución, en 1959, cuando su Producto Interior Bruto (PIB) superaba al de Europa y se equiparaba al de los estados sureños de Estados Unidos.

Antes del “rápido desmantelamiento total de la economía y la caída del ingresos per cápita”, Cuba se hallaba a la “cabeza de América Latina, no había ningún otro país tan desarrollado” en la región.

Y citó, como ejemplo, la casi nula inflación que se registraba en la isla en los años previos a la revolución, con una revitalizada industrialización y un alto nivel salarial y de educación.

Así, detalló, los “salarios industriales y agrícolas estaban entre los diez primeros del mundo”, con un PIB superior en 1959 al de numerosos países europeos, unos logros que, subrayó, se vinieron abajo con la implantación del régimen comunista.

De hecho, el “desplome” de la economía en la isla fue prácticamente inmediato: “La inversión se paralizó, lo mismo que las exportaciones, cayó la producción y, en 1962, llegó la escasez y con ella se implantó la cartilla de racionamiento”, desgranó Salazar-Carrillo, quien desempeñó el cargo de director del cuerpo de economistas del Ministerio de Hacienda en el gobierno revolucionario.

“El esfuerzo de Fidel Castro por construir al ‘hombre nuevo' destruyó al ‘hombre cubano'”, sentenció el también miembro de la prestigiosa Brookings Institution de Washington.

Aporta el libro estadísticas para demostrar que, de haberse mantenido en Cuba un sistema de economía de mercado, dentro de un estado de derecho, la isla “estaría hoy al nivel promedio de Estados Unidos”.

Una hipótesis de la que el profesor se muestra convencido: “Todo estaba en su lugar y había un importante capital humano con gran capacitación y nivel intelectual”. “Imagínese lo que sería hoy Cuba si se hubieran quedado”, lamentó.

Estimó Salazar-Carrillo en unos 28,000 millones de dólares de la época la pérdida en términos de capital humano, el factor que “da mayor riqueza a un país”, emprendedores y empresarios cubanos que huyeron a EEUU y cosecharon un gran éxito en este país.

Como ejemplo, el profesor se refirió al estado de Florida, donde el 40 % de los negocios hispanos y de la economía se encuentra en manos de empresarios cubanoamericanos.

La obra se divide en 12 capítulos y examina aspectos clave como la historia económica de Cuba antes de 1950, el sistema monetario y comercial en esa década, la educación y el cuidado de la salud, el comunismo cubano, la revisión del colapso de la mayor industria de Cuba o la nueva configuración de la economía cubana, entre otros.

La conclusión de Salazar-Carrillo es que si bien Cuba pasó de “ser una nación muy rica en 1959 a muy pobre en 2015”, “hay todavía una esperanza de reconstrucción y de libertad”, siempre y cuando se produzca una transformación completa del sistema.

“Pero no podemos seguir con los hermanos Castro ni con sus respectivas dinastías”, dejó claro.

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