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Cubanos en Angola: de internacionalistas a ‘cooperantes’ financieros

Foto del 29 de febrero de 1988. Un grupo de soldados cubanos ayuda a las fuerzas armadas de Angola y al Movimiento Popular para la Liberación de Angola, cerca de Cuito Cuanavale, al sur de Angola.
Foto del 29 de febrero de 1988. Un grupo de soldados cubanos ayuda a las fuerzas armadas de Angola y al Movimiento Popular para la Liberación de Angola, cerca de Cuito Cuanavale, al sur de Angola. PASCAL GUYOT/AFP/Getty Images

La generación de internacionalistas cubanos que desembarcó en Angola para combatir el “apartheid” y el capitalismo ha sido sustituida por una comunidad que hoy reside en el segundo mayor productor de petróleo en África Subsahariana con motivaciones menos utópicas: mejorar su situación financiera y la de la isla.

Mientras las potencias occidentales dan créditos a través de organismos que suelen favorecer la internacionalización de sus propias empresas o canalizan las donaciones a través de ONG, China construye carreteras y ferrocarriles a cambio de materias primas.

Cuba, por su parte, abrió una tercera vía en materia de cooperación al desarrollo, exclusiva de la isla caribeña: exportar médicos y profesores a cambio de moneda extranjera.

La isla fue, no en vano, el primer país “tercermundista” en proyectar su poder en otro continente, apuesta que inauguró al desembarcar en la ex metrópoli portuguesa hace casi cuarenta años.

En Angola viven hoy 4,000 cubanos, llegados con motivaciones muy distintas a las que llevaron a sus internacionalistas al país africano.

Unos 450,000 cubanos, el 5 % de la población isleña, pasarían por Angola para participar en uno de los conflictos más calientes de la Guerra Fría, de 1975 a 1991.

Las tropas cubanas combatieron junto al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) -el partido que gobierna Angola desde la independencia de Portugal- contra la Sudáfrica del “apartheid” y sus aliados angoleños, financiados por los Estados Unidos.

En 1991, con la Unión Soviética desmoronándose, los soldados cubanos dejarían Angola, que se pasaría a la economía de libre mercado mientras Cuba se aferraba a su sistema y comenzaba el duro “periodo especial” de los años 90.

En Cuba, algunos lamentaron los esfuerzos desmedidos en recursos y hombres -con 4,000 bajas-, pero, tras el final de la guerra civil de Angola en 2002, las relaciones entre ambos países volvieron a mejorar.

En la actualidad, la campaña cubana en Angola, que ocupa un lugar casi mítico en el imaginario popular, se ha revalorizado como uno de los primeros ejemplos de la “cooperación sur-sur” que Cuba lleva a cabo ahora por otros métodos menos beligerantes.

Si los internacionalistas de antaño fueron a luchar a Angola para emular al Che, con ánimo de aventura o por solidaridad con un pueblo “hermano”, los cubanos que emigran hoy al país sudafricano aspiran a mejorar su situación económica y, con ello, a incrementar la entrada de divisa extranjera en las arcas del estado.

Según datos del Gobierno de Angola, 1,800 cubanos trabajan en su sector sanitario y otros tantos en el sistema educativo, 900 de ellos en universidades.

La salud y la formación son las dos grandes necesidades sociales de Angola, que todavía carece de personal cualificado en esas áreas, aunque la agricultura y la construcción también emplea a numerosos cubanos.

Así, el aeropuerto de Ndalatando, en la provincia de Kwanza Norte, está siendo construido por cubanos.

La empresa estatal Antex, vinculada a la Cámara de Comercio de Cuba, ha firmado con el Gobierno de Angola numerosos acuerdos de “prestación de servicios” y formación de empresas.

Sus trabajadores cobran en Angola salarios muy superiores a los de Cuba, de hasta 1,000 dólares para los puestos mejor remunerados, según empleados consultados.

No en vano, el Gobierno angoleño paga a Cuba por cada trabajador bastante más de lo que éste recibe como salario, diferencia que se embolsa el Gobierno cubano, según las mismas fuentes, que prefirieron mantener el anonimato.

Aunque los trabajadores no pudieron precisar la diferencia entre la nómina percibida para su sustento en Angola y la cantidad que cobra el Estado cubano, aseguraron que es “mucha”, como ocurre en la mayoría de países con los que Cuba firma contratos de servicios.

Los empleados cubanos viven juntos en edificios o instalaciones provisionales construidos para ellos junto a hospitales o universidades.

Como para sus predecesores, la vida en Angola no está exenta de sacrificios para los “nuevos internacionalistas”.

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