Cuba

Los temores y la fe marcan a los cubanos

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Un bicitaxista con la bandera de EE.UU. decorando su vehículo espera la llegada de clientes el jueves 18 de diciembre de 2014, en La Habana (Cuba). Los medios oficiales de Cuba dedican sus principales titulares al regreso de los tres agentes cubanos que permanecían presos en EE.UU., a la vez que publican íntegros los discursos de los presidentes de Cuba, Raúl Castro, y de Estados Unidos, Barack Obama, anunciando el restablecimiento de relaciones diplomáticas.
Un bicitaxista con la bandera de EE.UU. decorando su vehículo espera la llegada de clientes el jueves 18 de diciembre de 2014, en La Habana (Cuba). Los medios oficiales de Cuba dedican sus principales titulares al regreso de los tres agentes cubanos que permanecían presos en EE.UU., a la vez que publican íntegros los discursos de los presidentes de Cuba, Raúl Castro, y de Estados Unidos, Barack Obama, anunciando el restablecimiento de relaciones diplomáticas. EFE

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos desató entre los cubanos expectativas de trascendentales cambios económicos en una isla que parece congelada en el tiempo, con sus autos de la década de los cincuenta y sus derruidos edificios Art Deco.

El jueves, al día siguiente del histórico y sorpresivo anuncio, muchos cubanos tenían esperanza de tener acceso a bienes que el resto del mundo da por sentados y de una recuperación de la economía socialista que hoy no satisface productos tan básicos como carne, aceite de cocina o papel higiénico.

“El impacto de la noticia ha sido muy fuerte”, dijo Nayda Martínez, de 52 años, una ingeniera química que avizora un mejor futuro tras la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Martínez piensa que el restablecimiento de un comercio directo podría atraer inversiones y turismo a la isla. “El país está muy ahogado”.

Como muchos cubanos, Martínez comenzó a sacar cuentas de las cosas que podrían tener: más tecnología, medicamentos, capital o la creación de nuevos empleos derivados del turismo.

“Puede generar empleo aquí y Miami porque va a haber intercambios. Puede haber un desarrollo de la medicina, se podría invertir en la agricultura, han venido empresarios y no los han dejado invertir”, dijo Sandro Hernández, un trabajador informático de 42 años que también se podría beneficiar de mejoras tecnológicas.

Como él, Lázaro Valverde, un reparador de llantas de 46 años pensó que si finalmente se levanta “el embargo económico” se “facilitarían muchas cosas” y eso redundaría en una mejor calidad de vida de la gente. “Aquí el salario no alcanza”.

Raúl Castro y Barack Obama marcaron un hito el miércoles cuando el presidente de Estados Unidos liberó a tres espías cubanos presos en ese país, que son considerados héroes en Cuba mientras que el gobernante isleño entregó al contratista estadounidense Alan Gross, quien estuvo preso por cinco años por traer equipos de telecomunicaciones e intentar establecer acceso a internet, según el gobierno de la isla.

Las declaraciones de Castro se escucharon en cadena nacional el miércoles, donde anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Pero también, y en un inusual hecho, los cubanos pudieron ver el discurso de Obama, cuya alocución fue transmitida en la isla a través de Telesur, cadena de televisión multinacional con sede en Venezuela, pero que en Cuba hace parte del menú de canales locales.

Pero en la calles también comenzaron a expresarse algunos temores y ansiedades entre la población que por años vio en los medios de prensa oficiales el lado oscuro de la sociedad estadounidense y temen que algunos de esos imaginados valores o sus políticas se puedan imponer en la isla como los permisos para portar armas, prohibidas en Cuba.

“Está bien por el país, si va a permitir desarrollarnos”, dijo Marisa Betancourt, de 55 años, ama de casa y madre de dos hijos jóvenes. “No me gustaría que se perdiera esa solidaridad tan del cubano, ni que se convirtiera en una sociedad más consumista o individualista”.

La mayoría de los cubanos trabajan en empleos gubernamentales a un salario de $20 mensuales como promedio. El acceso a internet es mínimo, lento y costoso. Todos medios de comunicación están controlados por el estado. El Partido Comunista es el único partido político, y eso es algo que no se debate. Quejarse de un bache en la calle está bien, pero si uno protesta abiertamente contra el gobierno puede terminar en la cárcel.

Los cubanos han aprendido a navegar en este sistema político cerrado y han aprendido a sobrevivir en medio de la escasez, las largas colas y una crisis de vivienda que obliga a las familias a convivir con tres generaciones bajo un mismo techo. Muchos están ansiosos por el cambio, pero hasta ahora nadie sabe exactamente qué traerá esta apertura diplomática.

El jueves la gente volvió a su rutina, los bicitaxis buscaban clientes y los vendedores de fruta ofrecían sus productos. No hay información oficial sobre próximas celebraciones patrióticas. Entre tanto, periodistas de todo el mundo se apresuraban a entrar en Cuba con la esperanza de conseguir acreditación de un gobierno que dice quién está autorizado a informar.

El año pasado, Cuba permitió a sus ciudadanos viajar al extranjero sin obtener, primero, un permiso oficial. Ahora, muchos tienen acceso a bienes como teléfonos inteligentes o televisores de pantalla plana. Es posible que haya un auge en las remesas de familiares que quieran ayudar a los suyos a crear pequeñas empresas o reparar sus casas, muchas de las que se están desmoronando.

Castro también introdujo una serie de reformas económicas que permitieron a miles de personas crear pequeños negocios, contratar empleados, y comprar y vender sus casas por primera vez desde la revolución de 1959. También permitieron la venta de autos de segunda mano.

Uno de los cambios que se pueden producir sería psicológico. Algunos cubanos se podrían acostumbrar a hacer negocios con Estados Unidos, país que por décadas se ha señalado como el enemigo.

Los cubanos también pueden terminar acostumbrándose a la idea de que ya no están en guerra con Estados Unidos dijo Peter Kornbluh, coautor del libro Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations between Washington and Havana.

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