Cuba

Espías y agentes cubanos en EEUU, medio siglo de intrigas y saboteos

Los líderes de la Red Avispa libres en Cuba, de izquierda a derecha: Fernando González, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Gerardo Hernández en la sesión anual de la Asamblea Nacional del Poder Popular en La Habana el 20 de diciembre del 2014.
Los líderes de la Red Avispa libres en Cuba, de izquierda a derecha: Fernando González, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Gerardo Hernández en la sesión anual de la Asamblea Nacional del Poder Popular en La Habana el 20 de diciembre del 2014. AFP/Getty Images

Aunque Estados Unidos ha restaurado relaciones con Cuba, no está claro si se ha declarado una tregua en las guerras de espionaje que comenzaron hace más de 50 años.

Poco después de que Fidel Castro tomara el poder en enero de 1959, y durante las cinco décadas siguientes, La Habana pudo crear uno de los servicios de inteligencia más activos del mundo –cuyos espías y agentes lograron penetrar a los más altos niveles del gobierno de Estados Unidos y algunas de las más importantes organizaciones del exilio.

Algunos expertos estadounidenses han culpado al servicio de inteligencia cubano de muchas de las crisis más agudas, desde el asesinato del presidente John F. Kennedy hasta el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, así como la penetración de la inteligencia militar por Ana Belén Montes y la infiltración de grupos del exilio por la Red Avispa.

“Creo que la razón principal por la que la inteligencia cubana fue tan excepcionalmente exitosa durante tantos años es porque el guía supremo fue el propio Fidel Castro”, dijo Brian Latell, ex funcionario de la CIA que en el 2012 publicó el libro Los secretos de Castro: La inteligencia cubana, la CIA y el asesinato de John F. Kennedy, que es una historia del espionaje cubano contra Estados Unidos.

Legisladores cubanoamericanos en el Congreso han advertido al presidente Barack Obama que permitir a Cuba tener una embajada en Washington y reabrir sus consulados facilitará aun más que espías y agentes de la isla intensifiquen sus actividades.

“Estamos muy familiarizados con los esfuerzos del régimen de Castro de utilizar sus diplomáticos como agentes de inteligencia, cuya misión tiene como objetivo cometer espionaje contra los países anfitriones”, según una carta que el año pasado enviaron al Departamento de Estado cinco legisladores cubanoamericanos, incluyendo los representantes de Miami Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart y Carlos Curbelo, así como el candidato presidencial y senador por Texas Ted Cruz, y el representante demócrata de Nueva Jersey, Albio Sires.

Mientras que algunos espías han llegado a ser ampliamente conocidos, como los cinco agentes de inteligencia ilegales capturados, procesados y condenados por pertenecer a la Red Avispa, que vigilaron instalaciones militares en el sur de la Florida y que infiltraron a grupos de exiliados, otros han operado en la oscuridad. De otros sólo se ha sospechado de ellos, como Lee Harvey Oswald, el asesino del presidente Kennedy.

Contactos de Oswald con diplomáticos cubanos

Oswald es tal vez un buen lugar donde empezar.

Si bien es cierto que nunca se ha confirmado que hubiera sido agente cubano, existen indicios de que tuvo contacto con diplomáticos cubanos en Estados Unidos poco después del triunfo de la revolución en 1959.

Nunca ha habido prueba contundente de que Oswald estuvo controlado por la inteligencia cubana, pero el libro de Latell ofrece fuertes indicios de que el asesino de Kennedy había entrado en contacto con diplomáticos cubanos años antes de su viaje a la Ciudad de México, donde visitó el consulado cubano en busca de una visa a La Habana. Este viaje ocurrió dos meses antes del asesinato de Kennedy, en Dallas en 1963.

El libro de Latell cita el testimonio ante la Comisión Warren, encargada de investigar el asesinato, de que en algún momento de 1959, año en que Castro tomó el poder en La Habana, Oswald contactó a diplomáticos cubanos –posiblemente en Los Ángeles– y se mantuvo en contacto con ellos mientras era infante de marina en la base de El Toro en el sur de California.

Nelson Delgado, un infante de marina de origen puertorriqueño que era amigo de Oswald, declaró en su testimonio que el propio Oswald le dijo que estaba en contacto con diplomáticos cubanos y que recibía cartas de ellos.

Delgado también dijo que una vez vio un sobre con sello del gobierno cubano en el cuarto de Oswald y que también recibía regularmente a un visitante desconocido.

Lo que es más significativo, dice Latell en su libro, es que los funcionarios cubanos –tal vez incluso el propio Fidel Castro– sabían de antemano que algo iba a suceder en Dallas el 22 de noviembre de 1963 debido a que habían pedido a un joven funcionario de comunicaciones detener su monitoreo de las transmisiones de la CIA ese día y centrarse en transmisiones desde Texas.

La Comisión Warren concluyó en última instancia que Oswald actuó solo, y el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos de 1976 indicó que el gobierno cubano no estuvo involucrado en el asesinato de Kennedy. Oswald fue asesinado por Jack Ruby, el propietario de un club nocturno en Dallas, poco después que la policía arrestó al asesino de Kennedy.

Por cierto, el funcionario de comunicaciones al que se le ordenó monitorear la transmisiones procedentes de Texas fue Florentino Aspillaga, uno de los más importantes desertores cubanos de inteligencia que huyó a Estados Unidos. Desertó en 1987 y fue blanco de un intento de asesinato aparentemente perpetrado por posibles miembros de la Red Avispa, según el libro de Latell.

Casi todas las décadas, las autoridades estadounidenses han descubierto espías o agentes o tramas de sabotaje vinculados a Cuba.

Uno de los primeros intentos confirmados de sabotaje tuvo lugar en 1962 –justo después de que terminó la Crisis de Octubre.

Agentes del FBI frustraron el presunto complot que involucraba detonar explosivos en varias tiendas por departamentos en Nueva York, así como en refinerías de petróleo en Nueva Jersey, según un artículo del New York Times publicado el 19 de noviembre de 1962.

Tres de los sospechosos –Roberto Santiesteban Casanova, José Gómez Abad y su esposa Elisa Montero– trabajaban en la Misión de Cuba ante las Naciones Unidas. Aunque Cuba negó la participación de los diplomáticos en la trama, un año más tarde Santiesteban fue liberado y se le permitió regresar a Cuba como parte de un intercambio por estadounidenses que estaban detenidos en Cuba. El matrimonio Abad había sido expulsado por el Departamento de Estado poco después de su detención.

Sospechas de financiamiento a grupos armados contra gobierno de EEUU

En la década de 1970, los funcionarios de inteligencia estadounidenses sospechaban que espías cubanos ayudaron a financiar las actividades de grupos militantes antigubernamentales como el partido Pantera Negra y el Ejército de Liberación Negro.

De hecho, una de las militantes más conocidas de esa época, Assata Shakur o JoAnne Chesimard, huyó a Cuba en 1984 después de escapar de la prisión. Chesimard se encuentra todavía en la isla.

En 1978, Walter Kendall Myers, un joven empleado de tiempo parcial del Departamento de Estado, visitó Cuba y fue reclutado como el agente 202. Su esposa, Gwendolyn, se convirtió en la agente 123.

Finalmente, Myers subió en el escalafón del Departamento de Estado hasta convertirse en analista de inteligencia. Durante tres décadas, la pareja transmitió información secreta a los funcionarios cubanos que los controlaban a través de onda corta y mensajes electrónicos cifrados. Gwendolyn era la encargada de transmitir la información.

El espionaje cubano se intensificó en la década de 1980 cuando el presidente Reagan incrementó el discurso contra Cuba.

Una espía en la Agencia de Inteligencia de Defensa

Fue en esa época que la inteligencia cubana reclutó a Ana Belén Montes, hija de una familia puertorriqueña, que en 1985 empezó a trabajar en la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA). Para cuando Montes fue arrestada en el 2001, ya era una analista de alto rango en la DIA y había entregado una considerable cantidad de secretos a Cuba. Montes se declaró culpable en el 2002 y fue condenada a 25 años de prisión.

Los investigadores estadounidenses luego descubrieron que Montes había sido reclutada por una compañera de estudios, Marta Rita Velázquez, cuando ambas asistían a la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins en Washington D.C. Años después, Velázquez llegó a trabajar para el Departamento de Estado. Velázquez fue acusada formalmente en la Corte Federal, pero no procesada porque se fue a vivir a Suecia, que no permite la extradición por espionaje.

En la década de 1990, el espionaje cubano se intensificó aún más después de que algunos exiliados comenzaron una serie de incursiones y misiones de sabotaje en la isla con la idea de que el fin del comunismo en Europa del Este iba a acelerar la caída del régimen de La Habana.

Fue entonces que Cuba envió a funcionarios de inteligencia ilegales al sur de la Florida, que, poco a poco, crearon la Red Avispa, uno de los sistemas de espionaje más complejo descubierto en Estados Unidos.

Los miembros de la Red Avispa, en última instancia, lograron infiltrarse en Hermanos al Rescate, Alpha 66 y otros grupos del exilio. También espiaron instalaciones militares estadounidenses en el sur de la Florida. Información de la Red Avispa, según investigadores federales, también contribuyó al operativo del gobierno cubano que desencadenó en el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en el que cuatro exiliados cubanos perdieron la vida en 1996.

Las víctimas del derribo, que involucró a dos MiGs cubanos, fueron Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales.

“Uno de los momentos más dolorosos fue cuando se escuchó la grabación de los pilotos pidiendo las órdenes para derribar las avionetas y el regocijo con que anunciaron los derribos”, dijo Maggie Alejandre Khuly, hermana de Armando Alejandre. “Asistí al juicio a diario, y para poder soportarlo escribí mucho. Así me distancié algo de lo que estaba sucediendo, de las mentiras y de las sorpresas, de los horrores hasta ese momento insospechados”.

Alejandre Khuly dijo que los familiares de las víctimas se sintieron reivindicados cuando las condenas fueron dictadas contra los espías.

“Por supuesto todo cambió el 17 de diciembre del 2014; no sabemos exactamente cómo seguiremos luchando, pero lo haremos”, dijo Alejandre Khuly en un mensaje electrónico a el Nuevo Herald. “No vamos a olvidar a Carlos, a Armando, a Mario y a Pablo”.

Las familias ahora exigen que los pilotos de los MiGs –los hermanos Lorenzo Alberto Pérez Pérez y Francisco Pérez Perez– y el entonces jefe de la fuerza aérea cubana, el general Rubén Martínez Puente, sean traídos a juicio en Estados Unidos. Un gran jurado federal en Miami encausó a los pilotos y al general Martínez Puente en el 2003.

A pesar de que más de dos docenas de espías pertenecían a la Red Avispa, cinco líderes fueron a juicio en Miami: Antonio Guerrero, René González, Fernando González, Gerardo Hernández y Ramón Labañino.

René González fue liberado de la prisión en el 2011 y se le permitió regresar a Cuba en el 2013. Fernando González fue liberado el 27 de febrero del 2014 y los tres restantes fueron puestos en libertad y regresaron a Cuba el 17 de diciembre del 2014 –el día que el presidente Barack Obama ordenó el restablecimiento de las relaciones con Cuba. A cambio, Cuba liberó a Rolando Sarraff Trujillo, descrito por algunos funcionarios estadounidenses como uno de los agentes más importantes que este país ha tenido dentro de Cuba. También Cuba liberó ese día al ex contratista de la Agencia Internacional de Desarrollo, Alan Gross.

Mientras que las autoridades de Estados Unidos tuvieron éxito rotundo en el desmantelamiento de la Red Avispa, el espionaje cubano continuó.

La expulsión de Machín

En el 2002, cuatro diplomáticos cubanos fueron expulsados por actividades consideradas perjudiciales para Estados Unidos. Uno de ellos era Gustavo Machín Gómez, quien luego se unió al equipo de negociación cubano para el restablecimiento de relaciones y fue recibido en el Departamento de Estado en febrero del 2015, de acuerdo con la carta de los legisladores estadounidenses.

En el 2003, otros 14 diplomáticos cubanos fueron expulsados incluyendo a José Anselmo López Perera, esposo de Josefina Vidal, quien encabezó el equipo cubano que llevó a la restauración de relaciones.

En el 2006, los profesores de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) Carlos y Elsa Alvarez fueron detenidos y más tarde se declararon culpables en relación con un caso de espionaje. En el 2007, Carlos fue condenado a cinco años de prisión, y Elsa a tres.

El último caso importante surgió en el 2009, cuando agentes federales revelaron que el joven que en 1978 había sido reclutando como agente durante un viaje a Cuba, se había convertido en uno de los espías que había penetrado los niveles más altos del gobierno federal, llegando a ser analista de inteligencia dentro del Departamento de Estado. Los fiscales anunciaron que él y su esposa habían participado en espionaje a favor de Cuba por décadas. En el 2010, Walter Myers –que entonces tenía 73 años de edad– fue condenado a cadena perpetua mientras que su esposa, Gwendolyn, que entonces tenía 72 años de edad, a 81 meses en la penitenciaría.

El reestablecimiento de las relaciones probablemente no puso fin a las guerras de espionaje. Varios agentes cubanos que han sido identificados nunca han sido procesados y otros que no han sido identificados, aun pudieran estar operando dentro del gobierno y entre la comunidad de exiliados.

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