Cuba

Aplausos y entusiasmo, familia cubana mira discurso de Obama en su casa

María Lastres toma una foto con el teléfono a su esposo, Jesús Magán, mientras ven el discurso del presidente Obama desde su apartamento en La Habana.
María Lastres toma una foto con el teléfono a su esposo, Jesús Magán, mientras ven el discurso del presidente Obama desde su apartamento en La Habana. The Miami Herald

María Lastres estaba sentada, nerviosa, a penas podía contener su entusiasmo. Su esposo, Jesús Magán, estaba por el estilo. El presidente Barack Obama estaba en la televisión, a pocos kilómetros de su modesto apartamento en La Habana, cantándole verdades al gobierno cubano, en su propia tierra.

La intensa atención quedaba interrumpida de vez en cuando por la exclamación favorita de los cubanos —“¡Ño!”—, los aplausos espontáneos, todo en medio de un asombro enorme.

“Quién iba a pensar que veríamos esto”, dijo Magán, sin poder salir de su asombro. “A nosotros nos entrenaron para pelear con los americanos”.

Los cubanos que planeaban no perderse ni una de las palabras de Obama el martes sólo podían hacerlo desde casa. El gobierno no colocó ninguna pantalla afuera del teatro donde habló, como ocurre con otros eventos de importancia, y en La Habana hay pocos lugares —en su mayoría para los turistas extranjeros— donde se pueda ver televisión en público.

Quién iba a pensar que veríamos esto. A nosotros nos entrenaron para pelear con los americanos

Jesús Magán, residente de La Habana

Lastres cargó a la mascota de la familia, Loli, y subió el volumen cuando Obama tomó la palabra. Cada vez que el presidente decía algo en español, mostraba su alegría.

Aplaudió cuando Obama habló del fin simbólico de la Guerra Fría (“¡Al fin!”) Cuando mencionó al rapero miamense Pitbull, se rió bajito —los cubanos lo adoran”, dijo, y su hija, que está en séptimo grado, tiene sueños de ser como Selena Gómez o Katy Perry (o ser diplomática). Cuando Obama mencionó a los boxeadores Muhammad Ali, de Estados Unidos, y Teófilo Stevenson, de Cuba, Magán lamentó que “la pelea del siglo nunca se hubiera hecho realidad”.

En cierto momento, después que Obama dijo “creo en el pueblo cubano”, Magán agarró su iPhone y le pidió a Lastres que le tomara una foto junto al televisor.

“Esta es la mejor foto de mi vida”, dijo en inglés (Magán trabaja de traductor y artista).

“¡Déjame ver!”, le decía su esposa.

Los dos son, innegablemente, fanáticos de Estados Unidos. En el balcón del apartamento estuvo colgada una bandera estadounidense varios días —algo que todavía es poco común en La Habana— y Lastres la desplegó con orgullo después del discurso de Obama.

Pero los dos también alabaron la forma en que Raúl Castro ha manejado la situación después de la enfermedad de su hermano Fidel. Pero ninguno de los dos pensó que Obama llegara a decir lo que dijo.

“¡Ahí va! ¡Ahí va! Ahora viene lo importante”, dijo Lastres cuando Obama comenzó a hablar de la democracia y los derechos humanos.

“Agárrate”, le dijo Magán.

“Dios mío”, expresó Magán sin creer lo que escuchaba cuando Obama ahondó en el tema de la liberta de expresión. “Ayayay”.

Y escucharon con actitud pensativa cuando el Presidente habló de los exiliados cubanos.

“Habla como un cura”, dijo Magán cuando Obama terminó de hablar.

Más tarde, los comentaristas en la televisión estatal cubana se dedicaron a criticar el discurso de Obama. Se burlaron de la referencia a los senadores cubanoamericanos Ted Cruz y Marco Rubio, a quienes calificaron de “no ser particularmente buenos amigos de Cuba”.

Llamaron “un grupito” a los cubanoamericanos, alegando que no representan a los cubanos de verdad. Desestimaron la democracia estadounidense, aseverando que en la práctica es un sistema unipartidista dirigido por “el partido del dinero” con dos facciones, republicanos y demócratas.

“La mitad de la gente no vota”, dijo Ernesto García Iturbe. “No es una democracia que representa a la mayoría del pueblo”.

Pero Lastres y Magán no les hicieron mucho caso.

Cuando Obama terminó su alocución con “¡Sí se puede!”, Magán gritó “¡Wepa!”

“Esa es la consigna de Raúl”, dijo. “¡Que le den al hombre el carné del Partido Comunista!”

  Comentarios