Cuba

El Congreso de los inmovilistas en Cuba

Luego de cuatro días de sesiones y meses de expectativas, el congreso del Partido Comunista de Cuba realizó escasos cambios e hizo serias advertencias contra las intenciones de la nueva política de Estados Unidos hacia Cuba.
Luego de cuatro días de sesiones y meses de expectativas, el congreso del Partido Comunista de Cuba realizó escasos cambios e hizo serias advertencias contra las intenciones de la nueva política de Estados Unidos hacia Cuba. AP

El séptimo congreso del Partido Comunista de Cuba quebró expectativas y despejó dudas sobre el escenario que el gobierno de Raúl Castro prevé para los próximos años.

Sin las máscaras que impone la diplomacia, el gobierno de Castro dejó ver la ansiedad que la política de acercamiento promovida por el presidente Barack Obama genera entre sus miembros más conservadores.

El canciller Bruno Rodríguez declaró a los cerca de mil militantes reunidos en el Palacio de las Convenciones el fin de semana pasado que “con la visita de Obama se produjo un ataque a fondo a nuestra concepción política, a nuestra historia, a nuestra cultura y a nuestros símbolos”.

Para el director político de la organización #CubaNow, que ha promovido este acercamiento, fue la popularidad de Obama y su mensaje a los cubanos en la isla, lo que catalizó esta postura.


“'No hay manera razonable de interpretar la visita de Obama a la isla como un ataque a los valores cubanos”, declaró David Gómez en un comunicado. “Pero la cálida recepción que recibió de la población cubana ha asustado previsiblemente a los elementos más intransigentes dentro del partido, y el retroceso en este congreso se debe en gran parte a la necesidad de aplacar esos temores”, agregó.

En opinión de Peter Schechter, director del Centro Latinoamericano Adrienne Arsht del Atlantic Council, los ataques a Obama “sólo comprueban lo efectivo que fue en Cuba. Mientras más lloriquean, más convencido estoy de que Obama fue eficaz”.

“Toda esta apertura pone muy nervioso a un gobierno autoritario”, agregó.

De cara a la prensa, la Administración no ha reaccionado a los comentarios realizados por el propio Castro, sus funcionarios e incluso algunos de los espías de la red Avispa que fueron liberados en diciembre por un acuerdo entre ambos gobiernos. “Flautista de Hamelin”, “falsos amiguitos” y otros epítetos utilizaron para advertir del “peligro” del cambio de política estadounidense.


Pese a tres intentos de un periodista, el vocero del Departamento de Estado, John Kirby, rehusó comentar directamente sobre el Congreso del PCC durante una conferencia de prensa ofrecida el miércoles. Kirby se limitó en cada ocasión a asegurar que Estados Unidos no se había “fijado ninguna expectativa” en relación al evento y que continuaría trabajando con el gobierno cubano para la normalización de las relaciones.

Para los disidentes, la inflamada retórica sobre el “enemigo del Norte” –en palabras del canciller Bruno Rodríguez– así como los resultados del Congreso, que ratificó a Castro en la cúpula del Partido Comunista, es más de lo mismo.

“Nosotros anticipamos el resultado de este Congreso del Partido Comunista. Todo lo que se veía venir fue lo que ocurrió. No creo que haya un cubano cuerdo que se haya hecho ilusiones de que ellos estarían dispuestos a empezar reformas políticas”, comentó José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba.

Aunque el gobernante cubano prometió una reforma a la Constitución, “él defiende que el partido debe seguir siendo la fuerza rectora sociedad cubana; por lo tanto quieren seguir siendo los dueños del país”, opinó.


El Foro por los Derechos y las Libertades, coordinado por Berta Soler, Antonio Rodiles y Jorge Luis García Pérez “Antúnez” también emitió una severa declaración sobre los resultados del Congreso.

“Los derechos y libertades de los cubanos seguirán confiscados en todos los ámbitos. Las tan cacareadas reformas económicas no son más que una falacia. Garantizar la transferencia de poder en esta dinastía tropical es el único y principal objetivo. Quienes han fantaseado con posibles reformas tendrán que asumir una clara realidad: el régimen no cederá en nuestras libertades si no es confrontado y retado por el pueblo cubano y condenado y presionado por la comunidad internacional”, indica un comunicado de esa organización.

Schechter esperaba que del Congreso surgiera un plan más claro de la sucesión en en Cuba, pero Pedro Freyre, abogado de Ackerman Senterfitt que ha guiado a varias compañías estadounidenses en sus intentos de negociar con el gobierno de la isla, considera que aquí Castro no sorprendió.

“La estrategia me lució clásica de Raúl Castro: precaución y cautela”, dijo.


Castro reiteró que dejará la presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros en el 2018 pero al mantenerse como Primer Secretario del Partido, continuará supervisando la vida política del país. Al mismo tiempo, propuso límites de edad para los principales cargos en el Partido y el gobierno pero no hizo cambios inmediatos. El segundo Secretario, José Machado Ventura, mantuvo su posición con 85 años.

“El mensaje de este último congreso fue que no va haber cambios sustanciales inmediatos en el liderazgo histórico del gobierno cubano y que queda pendiente entonces el tema de la sucesión”, evaluó Jorge Duany, director del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de la Florida. “El resultado principal es que se ha reforzado el mismo grupo dirigente en el poder con algunos cambios menores en la composición del Comité Central y el Buró Político”, acotó.

Freyre añade que aún si se cumple lo que Castro ha anunciado y “en un par años empieza la transición gubernamental”, lo que queda claro es que “a esa generación se le acabó el tiempo”, subrayó.

Quienes esperaban que Castro al menos impulsara la relación económica con las compañías estadounidenses, recibieron también un jarro de agua fría.


Freyre y Schechter dijeron estar más sorprendidos por la ausencia de anuncios significativos en la esfera económica mientras Ferrer aseguró que el Congreso había decepcionado a los cuentapropistas.

Desde el punto de vista oficial norteamericano, comenta Freyre, el Congreso ofrecía una oportunidad para conocer la reacción oficial de Cuba a la nueva política de normalización, sobre todo para “ver si se anunciaban otros lineamientos y cómo podían encajar con las iniciativas diplomáticas de Estados Unidos”.

El mensaje, señala, el abogado, ha sido “ambivalente”, pues aunque hubo un reconocimiento de la necesidad de continuar las reformas, Castro advirtió que no toleraría la “acumulación de riquezas”.

Ferrer teme que los resultados del Congreso solo contribuyan a aumentar la emigración de los cubanos, que ya están abandonando la isla en grandes números. “Estamos oyendo a mucha gente diciendo que aquí no queda otra opción que irse, que con esta gente no se puede, pues lo quieren todo para ellos. Esto es una triste realidad”, subrayó.


Desde Cuba, varios artículos hicieron notar la indiferencia con la que la mayoría de la población tomó el Congreso de los comunistas.

En un recién creado blog, el joven periodista Abraham Jiménez Enoa escribió un artículo titulado Congreso del Partido: la vida sigue igual para comentar sobre la “desidia” y el “silencio” con que los cubanos han reaccionado al evento oficial.

Por su parte, Eliécer Ávila, un joven ingeniero que dirige ahora el grupo opositor Somos Más, cuestionó la significación del evento debido al divorcio de “la cúpula dirigente” con “las necesidades y aspiraciones reales de la gente”.

Ávila cree que quienes quieran tomarle el pulso a los cambios en la isla deben mirar a otra parte.

“Para entender a la Cuba de hoy, y sobre todo para mejorarla, se debe saber que el Partido Comunista va por un lado y el resto de los cubanos va por otro”, escribió en 14ymedio.

Nora Gámez Torres: @ngameztorres

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