Cuba

Nostalgia y aventura atraen a los viajeros estadounidenses a Cuba

Algunas personas reunidas en el Muelle Real, en el puerto de Cienfuegos, donde el crucero estadounidense Adonia atracó el jueves.
Algunas personas reunidas en el Muelle Real, en el puerto de Cienfuegos, donde el crucero estadounidense Adonia atracó el jueves. Cortesía

Algunos vinieron por la aventura o el caché de ser parte de la historia, otros reservaron en el primer crucero de la línea Fathom a Cuba porque eran de los que colgaban afiches del Che Guevara en la pared de sus dormitorios cuando estaban en la universidad.


Otros más dijeron que que querían ver el país antes que se convierta en otra isla caribeña con demasiados restaurantes de cadenas.

Un hombre con una bandera de Estados Unidos fue arrestado en el puerto de La Habana cuando esperaba al crucero Adonia, procedente de Miami. Aparentemente, el hombre comenzó a gritar consignas contra el gobierno y fue confrontado por simpatizantes

Pero para Irma Martínez Krollpfeiffer, de Fort Lauderdale, la única razón de su viaje fue la nostalgia por el lugar que visitó una vez a mediados de los años 1950, cuando tenía 7 años.

Krollpfeiffer –quien creció en Ybor City, hija de padres cubanos– tiene recuerdos poco claros de ese viaje, pero algunas cosas no se le han olvidado.


Recuerda, por ejemplo, que fueron en un ferry llamado TNT que salía de Cayo Hueso.

“Recuerdo también el Capitolio, y ver ese diamante enorme en el centro. Me sorprendí cuando nos bajamos del barco, todo el mundo hablaba español”, dijo la retirada. “Vi la isla con ojos de niña. Ahora, como adulta, estoy ansiosa por formarme una idea del lugar”.

Cuando Carol Neumann, de 72 años, y su hermana Margie Rissler eran niñas, a la familia le gustaba irse de viaje en las vacaciones. Planeaban ir a Cuba en 1959.

Cientos de pasajeros abordaron el Adonia el domingo en Miami para hacer un viaje histórico a La Habana: el primer crucero de EEUU en zarpar a Cuba en medio siglo. (inglés)

La revolución triunfó el 1º de enero del 1959 y nunca hicieron el viaje.

“Siempre pensamos que era algo que había quedado por hacer”, dijo Rissler, quien vive en Rochester, Nueva York. En cuanto se enteró del crucero, hicieron las reservaciones. “He estado tan entusiasmada que no me podía contener”, dijo Rissler.


Maritza Guerra, de Pembroke Pines, tenía 8 años cuando su familia abandonó Cuba en 1963. Guerra había regresado una vez, en el 2001. Dijo que encontró una isla llena de edificios derruidos, “totalmente destruida”.

Sin embargo, cuando su hermana Terry, empleada de Carnival, le pidió que la acompañara en el crucero, dudó un poco pero al final aceptó. “Regresé por la experiencia”, afirmó. “Quería hacer historia con mi hermana”.

Ramón Saúl Sánchez, presidente del Movimiento Democracia con sede en Miami, celebró que zarpara el primero crucero de Estados Unidos hacia Cuba en medio siglo, aunque también pronunció algunas exigencias para el gobierno de Raúl Castro.

Ahora dice que Cuba parece comenzar a salir lentamente del estancamiento del pasado, con edificios recién pintados y reparados.

“Es un gran cambio”, dijo Guerra después de pasar dos días en La Habana en la primera escala del crucero.


Norman Wilson, un pastor religioso de Orlando, también se sintió atraído por el significado de ser parte del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos. “Cuando escuché que era el primer crucero en 50 años, me dije que tenía que ir. Me encanta ser una parte de la historia y Cuba es un lugar que siempre quise visitar”.

Uno de los grandes atractivos de viaje para Wilson es la cantidad de autos clásicos estadounidenses en las calles.

“Me encantan los carros, y esto es un paraíso para gente como yo”, dijo. “Voy a tomar muchas fotos de carros viejos. Si me dejaran, me compraría uno”.

Decenas de cubanoamericanos protestaron ante la sede de la compañía Carnival en Doral por el anunció de una nueva línea de cruceros a Cuba en la que no podrán viajar los nacidos en la isla.

Sandep Rao, de 37 años y médico de El Paso, y su esposa Swathi, de 31, son viajeros experimentados, pero dijeron que no le atraen mucho los cruceros.

“Me gusta explorar por mi cuenta, no me gustan los itinerarios programados”, dijo. “Cuba es uno de los pocos lugares que no había visitado”.


Pero al mismo tiempo, dijo Rao, estaba un poco abrumado por las regulaciones estadounidenses de viajes, había escuchado que los hoteles están a plena capacidad y temía que él y su esposa, que son vegetarianos, no iban a encontrar en Cuba los alimentos que preferían.

Para su primer viaje a la isla, un crucero parecía la mejor opción.

“Queríamos que alguien se encargara de coordinarlo todo. También pensé que sería un crucero diferente con más interacción con la gente”, agregó.

Los dos dijeron que se sintieron desilusionados en la primera caminata por La Habana Vieja, porque no hubo tiempo de detenerse a hablar con nadie, pero les gustó el segundo día cuando hablaron con un empleado de un restaurante privado y con vecinos que habían transformado una cuadra cerca del mar en varios restaurantes privados.


Rao agregó que un club de jazz que habían descubierto por su cuenta en La Habana era “asombroso” y que no habían tenido ningún problema con su dieta vegetariana en el barco. La pareja dijo que estaban aprovechando las actividades diarias en el crucero, como las clases de salsa, y la proyección de películas de tema cubano.

A Rissler tampoco le gustó el primer día de actividades de programa.

“Casi me matan de tanto caminar”, dijo. Los guías, explicó Rissler, parecían más interesados en mantener el cronograma que en dejar que los viajeros hicieran una pausa y conversaran con la gente.


“Los primeros dos días no pudimos hablar con nadie, excepto cuando queríamos comprar algo”, dijo Neumann, su hermana.

Las dos esperaban que, armadas con algunas lecciones de español tomadas en el barco y el dominio de unas cuantas frases clave, podrían sacarle más provecho a los contactos pueblo a pueblo en Cienfuegos y Santiago, las últimas dos escalas del crucero.

Tara Russell, presidenta de Fathom, la línea de cruceros de Carnival especializada en temas sociales, dijo que el programa del crucero en Cuba no se ha definido completamente. En los cruceros de la línea a República Dominicana, dijo, Fathom ha tenido muchos meses para afinar los programas de impacto social con sus aliados dominicanos, y Carnival tiene un largo historial de operaciones en el país.


Debido a que la autorización del gobierno cubano al crucero se concretó en marzo, dijo Russell, sólo ha tenido pocas semanas para trabajar en los programas con su aliado cubano, Havanatur. Fathom está “desarrollando intensamente” cruceros más especializados a Cuba, explicó.

Frances Zeigler, agente de viajes de Washington DC, dijo que decidió ir en el crucero después que escuchó a Peter Greenberg, autoridad reconocida en materia de viajes, decir en una convención que los cruceros son en este momento una de las mejores opciones de viaje a Cuba.

“Creo que la gente se siente más cómoda sabiendo en qué medio viajará y qué comerá”, dijo Zeigler. “Y me gusta ir a varios sin tener que desempacar”.

Pero agregó que le dirá a sus clientes que se trata de cruceros muy diferentes a los demás, en los que hay casinos en los barcos, hay viajes a la playa y mucho tiempo libre.

“Para mi, esto es un viaje de investigación más que cualquier otra cosa”, dijo. Y si soluciona algunas de las fallas que ha habido en este primer viaje, Zeigler dijo que está pensando en programar un grupo para que viaje a la isla en octubre del 2017.

Rick y Susan Meares, empresarios de Jupiter, Florida, tenían mucho interés en el contacto pueblo a pueblo, de manera que salieron a caminar por su cuenta después de quedar desilusionados con sus guías.

“Yo pensé que iba a haber muchos más contactos personales, que iríamos a visitar casas”, dijo.

Incluso llevaron juguetes para regalar a los niños que esperaban conocer. Así las cosas, terminaron jugando con varios niños en un parque y quedaron encantados cuando les entregaron los juguetes. La pareja también tuvo una larga conversación con el portero de un restaurante privado y montaron en un Ford convertible de 1939, además de hacer una parada para tomarse un trago con el dueño del carro y conocer sobre su vida.

“No resultó ser algo de pueblo a pueblo, pero si decides no relacionarte con la gente, entonces así es”, agregó.

“Queríamos venir antes de que las cosas cambien”, dijo Susan Meares. “La gente ha sido fantástica”.

Su esposo, un viajero veterano que incluso ha navegado el Amazonas dos veces, dijo que estaba buscando un destino “aventurero”.

“Claramente, es una oportunidad de participar en un viaje histórico”, “y yo estaba muy interesado en escuchar cómo le fue a la gente durante el experimento comunista”.

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