Cuba

Activista católico siembra semillas de democracia en Cuba

Dagoberto Valdés da una charla en una iglesia en Cuba, en enero de 2015.
Dagoberto Valdés da una charla en una iglesia en Cuba, en enero de 2015. © El Nuevo Herald

En esta tierra fértil de azúcar y tabaco al oeste de La Habana, el intelectual católico Dagoberto Valdés está sembrando las semillas de la democracia a solo unos pasos —media cuadra— de la estación policial. Aquí en la iglesia de San Hilarión, rodeado de fieles que llenan uno de los salones parroquiales en una noche de enero, Valdés les dice que esta nueva era les pertenece a ellos, al cubano de a pie, al pueblo —y no a los gobiernos de Cuba o de Estados Unidos.

El encuentro abierto al público celebrado en este pueblo de obreros a 36 millas de la capital hace un par de semanas es el quinto organizado en diferentes poblados del occidente de la isla por Valdés. El líder laico pinareño se ha empeñado en informar a la comunidad en la isla sobre los criterios expuestos por los gobiernos de Cuba y Estados Unidos para negociar el restablecimiento de las relaciones entre ambos países, rotas desde 1961.

“Ahora ya no tenemos al ‘enemigo’ externo que era el causante de todos nuestros males”, enfatiza Valdés a unas 75 personas que llenan el salón. “Ahora las cosas se resolverán cuando los cubanos nos pongamos a resolverlas”.

Agrega que “es la hora de los cubanos” de asumir un liderazgo para convivir democráticamente, sin repudiar a quien exprese una posición discrepante. “Los cubanos debemos tolerarnos, debemos cesar de llevarnos presos unos a otros, de arrastrar a las Damas de Blanco que son también cubanas”, dice Valdés. “Los cubanos no podemos seguir dándonos palo en la calle, eso no puede volver a pasar en Cuba”.

Valdés, de 59 años, asegura que su interés en promover la formación cívica y religiosa en Cuba empezó hace más de dos décadas. Su fe en Dios y la democracia le ha costado caro a este padre de tres hijos. Cuando se gradúo de la secundaria en 1974 quería estudiar Sociología pero el gobierno comunista se lo prohibió ya que era católico, y en esa época a los religiosos se les cerraban las puertas a ciertas carreras. Se gradúo entonces como ingeniero agrónomo y trabajaba en la Empresa de Tabaco de Pinar del Río como ingeniero de control de la calidad. Pero en 1996 fue expulsado del trabajo por dirigir la revista Vitral, una publicación laica que fundó en 1994 y que cuestionaba al gobierno cubano. Lo pusieron a trabajar en el campo, donde pasó 10 años.

Acusado de “mercenario contrarrevolucionario” por la prensa oficialista de Cuba, Valdés siguió sembrando esperanza entre los pinareños, y creando conciencia internacional sobre los derechos humanos en Cuba. Alabado por los ex presidentes Václav Havel de la República Checa y Lech Walesa de Polonia, Valdés es un hombre humilde que habla con datos sembrados en la realidad, no con retórica.

En el 2007 Vitral cerró bajo acusaciones de que el entonces nuevo obispo de Pinar del Río, Jorge Serpa, no quería problemas con el régimen —una alegación que el obispo ha negado en los medios internacionales. La tensión era palpable. En el 2006 el gobierno cubano le había informado al pueblo cubano que Fidel Castro estaba enfermo. Meses después varios talleres laicos para ayudar a crear una sociedad civil también fueron cancelados en Pinar del Río y otras partes de la isla.

Después del cierre de Vitral, Walesa escribió: “Quisiera aprovechar esta oportunidad para transmitirles mi profunda consideración y respeto por su labor y coraje que realizan en la defensa de los derechos humanos en su país. Tengo gran confianza en que pronto llegará el día en que voy a poder estrecharles la mano personalmente en una Cuba libre”.

LOS DETALLES DEL ACUERDO

Valdés es ahora el director de la publicación independiente Convivencia y hoy la Iglesia cubana está en transición, enfrentando a una generación desilusionada que busca una nueva dirección y la esperada jubilación de varios obispos en edad de retirarse.

Durante su presentación con un moderno equipo de proyección, Valdés enumera las nuevas concesiones estadounidenses, entre ellas, la flexibilización de las restricciones sobre comercio, inversiones y viajes a Cuba. Aunque el turismo sigue prohibido, Valdés precisa a los asistentes que los estadounidenses autorizados a viajar a Cuba ya no necesitarán permisos especiales.

Incluso, agrega Valdés, los estadounidenses podrán usar sus tarjetas de crédito en la isla y llevar a Estados Unidos pequeñas cantidades de habanos después de medio siglo de prohibición.

Además las compañías estadounidenses podrán exportar tecnologías telefónicas, informáticas y de internet. Por su parte, añade, el gobierno de Cuba liberó a 53 presos políticos.

“¿Cómo es posible que la gente pueda hacer un análisis sin formación cívica y política?”, pregunta Valdés. “Esa ha sido nuestra labor durante años”.

Parte importante de la presentación de Valdés se enfoca en que el diálogo entre ambos gobiernos ha provocado la pérdida del “enemigo histórico” con el cual se justificaba la gran mayoría de los problemas que enfrenta la isla. A su vez, agrega, Estados Unidos tiene el interés de renovar su liderazgo continental ya que “se había quedado solo” frente a una Latinoamérica donde varios gobiernos cuestionan el embargo contra Cuba.

Valdés detalla que en Cuba han coexistido dos tipos de “bloqueo”, el de Estados Unidos y otro interno que frena el despegue de la iniciativa ciudadana.

De acuerdo con Valdés, una persona en Cuba tiene que cuidarse de progresar si es que no está registrado en una determinada lista de “oficios medievales”.

“Todos los seres humanos tienen derecho a la prosperidad en su propio proyecto de vida”, afirma Valdés. “Entonces, ¿por qué un agente de turismo va a tener más derecho que un abogado? ¿O por qué los barberos sí tienen más facilidades y los ingenieros y arquitectos no? Aquí en Cuba hay todo tipo de talento, la riqueza intelectual la estamos exportando. Pero deseamos que todo mejore con o sin Estados Unidos, porque ese es un problema nuestro”.

EL ROL DE LA IGLESIA

En medio de los aplausos de los asistentes, hacia las 10 de la noche, Valdés resalta el rol de la Iglesia en las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos.

El 17 de diciembre, poco después de que Barack Obama y Raúl Castro anunciaran el inicio del diálogo entre sus gobiernos, Valdés saludó la iniciativa a través de su revista Convivencia, pero también pidió que ese mismo clima de diálogo sea replicado entre el gobierno cubano y la sociedad civil independiente.

“Ya se están resolviendo las relaciones con Estados Unidos, pero cuándo vamos a resolver el tema entre nosotros los cubanos”, insiste Valdés. “En la casa de Oswaldo Payá [disidente fallecido en un extraño accidente vehicular], decía: en un país sitiado la disidencia es traición. Pero ahora ya no somos un país sitiado. La disidencia es colaboración para construir un país entre todos, en la diferencia y la discrepancia”.

Durante su presentación, Valdés también destacó el papel del papa Francisco en el proceso de restablecimiento de las relaciones entre ambos gobiernos e instó a que la Iglesia siga facilitando mecanismos de negociación en la búsqueda de un diálogo entre el gobierno cubano y la sociedad civil independiente en la isla.

“Si [la Iglesia] ha hecho eso que es tan difícil con el enemigo histórico cómo no lo va a hacer entre un militante del Partido Comunista y un disidente para que se sienten a dialogar”, dice Valdés. “Espero que la Iglesia pueda seguir brindando ese servicio, no como actor político, sino como facilitador del diálogo […] Lo más importante para nosotros es la inclusión y el ejercicio de una democracia cada vez más participativa”.

Al cierre de la conferencia nocturna, los asistentes compartieron té con buñuelos, comentando, sin ofrecer sus nombres, que crece la esperanza de empezar una nueva etapa en la isla. Unos días después, Valdés llegó a Miami para participar en una convención, sembrando granitos de tolerancia en el camino a un mejor futuro.

Los artículos de esta serie no tienen firma y las fotografías no tienen crédito porque el gobierno cubano se negó a emitir visas para los reporteros de el Nuevo Herald. Además, algunas de las personas citadas en las historias sólo se identifican con su primer nombre para evitar represalias de las autoridades.

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