Venezuela

Fiscalía de EEUU pierde a un testigo esencial en caso de sobrinos de Maduro

Los sobrinos de Cilia Flores, Francisco Flores, primero desde la izquierda, y Efraín Campo, tercero desde la derecha, en una sesión del juicio en su contra en Manhattan.
Los sobrinos de Cilia Flores, Francisco Flores, primero desde la izquierda, y Efraín Campo, tercero desde la derecha, en una sesión del juicio en su contra en Manhattan. AP

Sin dudas, fue un día difícil en corte para el gobierno norteamericano durante el caso por narcotráfico que se le sigue a dos sobrinos de la primera dama de Venezuela.

Los fiscales federales tuvieron que contemplar cómo el abogado defensor Randall Jackson desmantelaba lentamente la credibilidad de un testigo clave, José Santos Peña, al presentar grabaciones suyas donde presuntamente llevaba a cabo sus propios negocios de droga desde la cárcel.

Santos Peña es parte crucial del caso que tiene la Fiscalía contra Efraín Campo y Francisco Flores, acusados de conspirar para entrar 800 kilogramos de cocaína en Estados Unidos. Fue Santos Peña quien ayudó a orquestar el negocio y el primero que mencionó la idea de entrar la droga en EEUU.


Lo ocurrido fue un giro sorprendente en el caso de alto perfil con amplias implicaciones internacionales. Los fiscales federales abandonaron esencialmente a su testigo estrella tras decirle a Santos Peña delante del jurado que no recibiría ningún tratamiento especial por haber cooperado con la Fiscalía. La única respuesta de Santos Peña fue jadear.

Campo, de 30 años, y Flores, de 31, aseguran que fueron tentados al supuesto negocio de drogas por informantes pagados corruptos, como Santos Peña, que vio un enorme dividendo financiero si ayudaban a la Agencia de Lucha Antidrogas de EEUU a atrapar a un miembro cercano de la familia del presidente venezolano Nicolás Maduro y de la primera Dama Cilia Flores.


“Esta es una gran victoria para el equipo de la defensa en lo que se refiere a desacreditar a este testigo”, dijo David Weinstein, ex fiscal federal que supervisó la división de narcóticos de la Fiscalía Estatal en Miami. “Es algo que va a dañar al gobierno”.

Era el tercer día que Santos Peña, ex miembro importante del cartel de Sinaloa, México, testificaba en el juicio federal en la Corte de Distrito en Manhattan. En la actualidad, Santos Peña está en espera de ser sentenciado luego de declararse culpable de mentirle a agentes federales y realizar actividades no autorizadas de narcotráfico cuando trabajaba para la DEA como informante.

Santos Peña y su hijo, quien también es un informante pagado, han recibido más de $1.2 millones del gobierno de EEUU por su trabajo encubierto. Santos Peña enfrenta una pena de por lo menos 10 años de cárcel por los cargos, pero esperaba salir en libertad antes por cooperar en el caso con la Fiscalía Federal.


Jackson le dijo al jurado que no se podía confiar en Santos Peña. Para ilustrar su afirmación, el abogado defensor presentó grabaciones de llamadas telefónicas hechas por Santos Peña y lo acusó de traficar con narcóticos mientras estaba en la prisión.

El jurado pudo escuchar la voz de Santos Peña en las grabaciones, conectado a través de una tercera persona, hablando con sus contactos en Sinaloa, México. Discutieron temas sobre píldoras y la entrega de dinero a otro de sus hijos.

“Tienes que tener mucho cuidado”, se escucha decir a Santos Peña en una de las grabaciones. “No queremos sorpresas ahora que estamos en esta difícil posición”.


Santos Peña sonrió de forma incómoda durante el interrogatorio. Tomaba agua de una botella y se tocaba sin parar la barba. En un momento determinado, trató de explicarle cosas al intérprete cuando Jackson no le permitió explicar con más detalles lo que se decía en las grabaciones.

Los fiscales federales reconocieron la severidad del testimonio. En ocasiones, un fiscal busca rehabilitar a su testigo frente a los ojos del jurado con preguntas que buscan la compasión. Sin embargo, el fiscal Brendan F. Quigley, asistente de la Fiscalía no hizo el menor esfuerzo por reparar el daño.

Por el contrario, lo que Quigley hizo fue hacerle a Santos Peña cuatro sencillas preguntas.


Quigley le preguntó a Santos Peña si sabía que que su acuerdo con los fiscales se anularía si volvía a mentir. Santos Peña le dijo: “Sí, señor”. Después, Quigley le preguntó a Santos Peña si sabía que el acuerdo se había anulado, y Santos Peña le respondió: “No, señor”.

Más tarde, Quigley le preguntó a Santos Peña si sabía que no recibiría una carta especial de parte de los fiscales por su cooperación si mentía. Santos le dijo: “Sí, señor”. Luego le preguntó si sabía que no iría a recibir la carta especial que podría reducirle su sentencia y Santos Peña le dijo: “No, señor”.

“Debería saberlo”, dijo Quigley. Y agregó: “No tengo más preguntas”.

Los hombros de Santos Peña temblaron cuando dejó escapar un fuerte suspiro antes de ser sacado de la sala por un guardia.

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