Venezuela

Muere en Miami el empresario Thor Halvorssen

Thor Halvorssen Hellum falleció el domingo 20 de julio a los 71 años a causa de un traumatismo craneoencefálico luego de que cayera y se golpeara la cabeza en su casa ubicada en North Miami.

El padre de Halvorssen fue un empresario y diplomático noruego que alcanzó prominencia en la década de 1950 como representante de varias empresas escandinavas en Venezuela. Luego de estudiar en la Universidad de Pennsylvania, Thor Halvorssen retornó a Caracas y, desde muy joven, se convirtió en una figura importante e inesperada en la vida política y económica de Venezuela.

A los 34 años ya era uno de los presidentes de empresa más jóvenes de Venezuela, a la cabeza del monopolio telefónico CANTV. El cargo de presidente de CANTV era considerado el nombramiento político de mayor prestigio en el sector económico del país, después del de presidente de PDVSA. A los 36 años, Halvorssen dejó ese cargo gubernamental para pasar a la presidencia del Dividendo Voluntario Para La Comunidad, que en la época era la más importante fundación filantrópica de Venezuela (fundada por el empresario Eugenio Mendoza Goiticoa). Halvorssen, junto a su sucesor, Marcel Granier, fueron los presidentes que más tiempo ejercieron la presidencia del Dividendo.

Las actividades comerciales de Halvorssen fueron muchas e incluyeron la propiedad de la compañía de seguros de Venezuela Axxa, y la representación en Venezuela de conglomerados corporativos internacionales como Dunlop, Ericsson, British Cellophane, y otros. Halvorssen fue también desarrollador de bienes raíces y, como tal, construyó el hotel Meliá Caribe de 350 habitaciones. Las participaciones inmobiliarias de Halvorssen en Venezuela incluían vastas propiedades en el estado de Guárico, las cuales fueron finalmente expropiadas e “invadidas“ por el gobierno de Chávez en 2006.

El éxito comercial de Halvorssen en la década de 1980 le dio la oportunidad de inscribirse en la causa impopular de expresar su apoyo a las víctimas de violaciones de derechos humanos en Centroamérica que habían sido ignoradas durante las guerras por proxy entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, durante la Guerra Fría. Específicamente, Halvorssen cofundó la Fundación de derechos humanos Rómulo Gallegos, con sede en Caracas, desde donde tomó las causas de los indios miskitos de Nicaragua y se centró en las violaciones de derechos humanos por parte de guerrilleros marxistas en Centroamérica y Colombia.

La devoción de Halvorssen por los derechos humanos en Nicaragua lo puso en conflicto con los secuaces de Fidel Castro, quienes comenzaron a darle el adjetivo de “agente de la CIA”, para descalificar injustamente a Halvorssen como algo más que un defensor de los derechos humanos. Halvorssen participó en la creación y la financiación de los “foros de derechos humanos alternativos” que se iniciaron en Ginebra a finales de los años 80 a fin de equilibrar la discusión internacional sobre derechos humanos, incluyendo también los crímenes del comunismo. Halvorssen sirvió en el directorio del Instituto Andrei Sakharov y encabezó el comité panamericano de la Sociedad Internacional para los Derechos Humanos, con sede en Alemania.

En 1989, con la reelección de Carlos Andrés Pérez a la presidencia de Venezuela, Halvorssen fue designado al alto cargo diplomático de comisionado presidencial para Asuntos Antinarcóticos, con rango de Embajador. El viraje de Halvorssen de cuestiones de derechos humanos de la guerra fría a la lucha contra el narcotráfico acabó siendo la decisión más polémica y peligrosa de su vida. Desde esa función, el lavado de dinero a cargo de los aliados venezolanos del capo del Cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, fue el principal objetivo del trabajo de Halvorssen. Escobar había visitado con frecuencia Venezuela y tenía amistades tanto en la banca del país como en la élite empresarial.

La cruzada de Halvorssen se tornó quijotesca cuando comenzó a investigar y presionar a toda la banca venezolana sin un presupuesto suficiente y sin un respaldo estructural por parte del gobierno de Venezuela. Al ver su trabajo en Venezuela frustrado por un sistema judicial corrupto, Halvorssen comenzó a colaborar con las autoridades judiciales estadounidenses.

En octubre de 1993, en el apogeo de sus investigaciones sobre el Banco Latino y el Grupo Progreso, Halvorssen fue arrestado y falsamente acusado de haber colocado un carro bomba en Caracas con la risible finalidad de manipular el mercado de valores y como parte de un complot para derrocar al gobierno.

Halvorssen estuvo detenido durante 74 días sin que se le presenten cargos y bajo una orden de detención que jamás estuvo respaldada por pruebas. Una campaña mediática bien financiada para destruir su reputación logró contaminar la evidencia que Halvorssen había proporcionado a las autoridades judiciales estadounidenses como principal testigo en un caso contra numerosos banqueros, ya que de la noche a la mañana había pasado de ser un funcionario de gobierno de reputación intachable, a un acusado de terrorismo.

El caso contra Halvorssen se desmoronó cuando su causa fue adoptada por Amnistía Internacional, la Sociedad Internacional para los Derechos Humanos y por Comités Helsinki en varios países.

Pocas semanas después de la liberación de Halvorssen, el Banco Latino se derrumbó en medio del escándalo provocado por la malversación de mas de mil millones de dólares. Otros banqueros investigados por Halvorssen, como el asociado de Pablo Escobar, Orlando Castro Llanes, fueron posteriormente juzgados, condenados, y encarcelados por fraude en Nueva York, una revancha agridulce para Halvorssen dado que tanto sus negocios como su reputación habían quedado irreversiblemente dañadas.

Con el ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, Halvorssen se mantuvo activo organizando con entusiasmo debates entre exiliados en Miami y escribiendo con frecuencia sobre la naturaleza autoritaria del chavismo. La ironía de este desenlace tiene que haber sido muy dramática para Halvorssen: veinte años después de haber dedicado sus recursos y su tiempo a la causa de la libertad de personas fueras de Venezuela que enfrentaban la opresión de las dictadura, se encontraba él en el exilio de su propio país, que ahora enfrentaba su propia tiranía. Pero a pesar de esta terrible situación, el optimismo y la alegría de Halvorssen continuaron siendo igual de contagiosos.

Tal vez una buena medida de su influencia y el miedo que inspiraba en el gobierno chavista sea el número de veces que Halvorssen fue falsamente acusado de estar detrás de algún “complot” para derrocar al gobierno o de cometer “magnicidio” contra Hugo Chávez. En no menos de seis ocasiones el gobierno venezolano nombró a Halvorssen como “autor intelectual” de conspiración tras conspiración. Fieles al estilo histriónico que caracteriza a las dictaduras más chabacanas, las acusaciones contra Halvorssen fueron siempre extravagantes, absurdas y la mayoría de las veces cómicas.

La súbita muerte de Thor Halvorssen es un duro golpe para los venezolanos y latinoamericanos amantes de la justicia y la libertad.

A Halvorssen lo sobreviven su esposa Nelly, sus hijos Eduardo, Thor, Randi Margarita, Karena, y Vilhelm, y sus hermanos Erik y Olaf.

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