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La revancha de Bernadette Chirac

Bernadette Chirac. Archivo-AP
Bernadette Chirac. Archivo-AP

Superviviente de innumerables escaramuzas políticas (y sentimentales), la esposa del ex presidente francés Jacques Chirac, Bernadette, se disputa con Carla Bruni el título de musa oficial del “sarkozismo” mientras su marido vive retirado de la escena pública.

Es un hecho, los franceses adoran a Bernadette. Afianzada en el podio de las personalidades más populares, su respaldo a Nicolas Sarkozy sólo se resiente en casa, donde su marido y la menor de sus hijas, Claude, alientan a su gran rival en la carrera por el Elíseo, el ex primer ministro y alcalde de Burdeos, Alain Juppé.

Es el culebrón familiar de la política de Francia o, mejor, el culebrón político de la “familia de Francia”, porque el clan Chirac siempre fue una de las sagas predilectas en el panteón doméstico del Hexágono.

“Su relación es tan cómplice como tumultuosa, pero Bernadette, al contrario que su marido, continúa en primera línea y se está tomando su revancha”, comenta el historiador Jean-Luc Barré, amigo personal y biógrafo de Chirac.

La trama no es nueva. En la tormenta electoral de 2011, y ante la sonrisa incómoda de un François Hollande entonces candidato, Chirac aseguró que votaría al socialista si Juppé no se presentaba.

Ahora, mientras Juppé lidera los sondeos y Chirac le confirma como “el mejor de todos nosotros”, Bernadette prosigue con la misma apuesta: Sarkozy.

“Siempre ha detestado a los favoritos de su marido, es un modo pasional de reivindicarse”, sentencia el biógrafo. Y es que -lo uno lleva a lo otro- a la ex primera dama no le gusta Juppé.

“Es muy frío, no mira a los ojos cuando tiende la mano, no atrae a la gente”, declaró el pasado octubre en una entrevista radiofónica.

En “Sarko” adivina Bernadette a “un general que, como Bonaparte, necesita soldados”. “Y yo formo parte de los suyos”, aseguró a la emisora “Europe 1” hace unos meses.

Cuando el hoy presidente de la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP) formalizó su retorno en París ante las bases del partido, apuntó con el índice a la ex primera dama, escoltada por Carla Bruni. “La suya es una vida consagrada a Francia”, dijo Sarzozy. Bernadette sonreía.

Reverso histórico de Bruni, “Bernie”, como la apodan los medios franceses, forjó su carrera en el discreto segundo plano que la época atribuía a una primera dama. Pero ya no lo es. Ni discreta -observa Barré-, ni primera dama.

Nacida hace 81 años en el aburguesado distrito 16 de París, Bernadette Chodron de Courcel recibió una educación estricta, muy católica, en el seno de una familia de la aristocracia instalada en el exclusivo bulevar Raspail.

Su padre, militar de carrera y héroe de la Resistencia francesa, le garantizó una formación privilegiada que desembocó donde desembocan los privilegios en Francia, la prestigiosa y elitista Sciences Po, en Saint-Germain-des-Prés.

Fue allí donde, tras compartir aulas, se conocieron Bernadette Chodron de Courcel y Jacques Chirac.

La unión se formalizó en 1953 pese a las reticencias de la familia de ella, reacia a integrar a un tipo sin fortuna, con fama de arrogante y poco religioso.

“Proceden de entornos diferentes y ella siempre ha sido más conservadora que él”, reconoce Barré.

Entonces despegaba la carrera de alto funcionario de Chirac que, bajo el paraguas de Pompidou, Giscard d'Estaing o Mitterrand, le llevaría a la alcaldía de París, primero, y finalmente al Elíseo. Bernadette, entretanto, no se resignaba al rol secundario que le reservó su marido.

“(Él) consideraba que las mujeres casadas deben servir a sus esposos”, reveló Bernadette en octubre, al explicar que completó una licenciatura de Arqueología en la Sorbona en la década de los años setenta, pese al enfado del presidente.

En aquellos años, las sonadas infidelidades de Chirac -“un consumado seductor”, agrega Barré- le llevaron a sopesar un divorcio que sus consejeros, pendientes de un eventual asalto a la Presidencia de la República, descartaron rápidamente.

En el Elíseo, contaba la prensa, Chirac tuteaba a todas las secretarias pero a Bernadette la trataba de usted.

Hoy ha pasado el tiempo, el deteriorado expresidente -que cumplió 82 años hace unas semanas- está retirado y Bernadette, concejala electa del municipio de Chanonat, se vuelca en el regreso de un Sarkozy que, según los sondeos, no logra convencer a los franceses.

Pero a ella no le importa, quién sabe si en memoria del consejo que le dio una vez su padre: “Nunca cedas las riendas, sea cual sea tu vida”. Y a Barré no le cabe ninguna duda: “Es su manera de ser”.

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