Séptimo Día

EEUU e Irán, aliados insólitos en batalla por Irak

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Un médico voluntario examina a niños en las afueras de Amerli, Irak.
Un médico voluntario examina a niños en las afueras de Amerli, Irak. AFP/Getty Images

Con las bombas estadounidenses que caían del cielo como lluvia, los combatientes de las milicias chiitas, alineados con Irán, combatían a los extremistas sunitas el fin de semana, golpeando sus defensas para romper el sitio de Amerli, un conjunto de aldeas agrícolas, cuyos habitantes chiitas se enfrentaban a una posible masacre, y ya duraba toda la semana.

La lucha en el norte de Irak parecía ser la primera vez en la que los aviones de guerra estadounidenses y las milicias apoyadas por Irán habían trabajado con un objetivo común en un campo de batalla en contra de extremistas del Estado Islámico, aun cuando el gobierno de Obama dijo que no hubo una coordinación directa con las milicias.

De continuar tales acciones militares, podrían marcar un cambio drástico para Estados Unidos e Irán, que, de tiempo atrás, se han disputado el control de Irak. También podrían alinear los intereses de los estadounidenses con sus antiguos enemigos jurados en las milicias chiitas, cuyos combatientes mataron a muchos soldados estadounidenses durante la prolongada ocupación de Irak.

De acuerdo con la BBC de Londres, el ayatolá Ali Khamenei aprobó una alianza militar con EEUU para detener el avance de las fuerzas del Estado Islámico en el norte de Irak. La noticia, propalada por la BBC, fue revelada a ese medio por “fuentes de Teherán

Según esta versión, Khamenei —cuya cuenta de Twitter no ha hecho referencia alguna al tema— “ha autorizado a su comandante en jefe a coordinar operaciones militares con Estados Unidos, Irak y las fuerzas kurdas”.

Mientras, la expansión más reciente de las operaciones militares estadounidenses refleja cuán gravemente se ha deteriorado el país desde el retiro de las fuerzas de Estados Unidos en el 2011. Sin embargo, cualquier decisión de apoyar a las milicias chiitas, que han demostrado ser más aptas que el ejército iraquí entrenado por estadounidenses, conllevaría su propio conjunto de retos.

Los extremistas del Estado Islámico pudieron irrumpir en Irak en los últimos meses, en parte, porque los sunitas se sintieron mal representados en el gobierno, liderado por chiitas, del primer ministro Nuri al Maliki. Si se ve que Estados Unidos está fortaleciendo al puñado de milicias que aterrorizó a los sunitas durante la guerra sectaria del 2006 y el 2007, la minoría sunita podría negarse a participar en su objetivo de largo plazo de establecer un gobierno de unidad.

O, en el peor de los casos, más sunitas podrían alinearse con los combatientes del Estado Islámico.

David Petraeus, el ex alto comandante militar estadounidense en Irak que lideró el aumento de tropas en el 2007, advertía, hace ya algún tiempo, en contra de tales posibilidades, en tanto que el gobierno de Obama —que todavía no se recupera de la impresión de la caída de Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak— sopesaba la acción militar en contra del Estado Islámico.

“Esto no puede ser que Estados Unidos sea la fuerza aérea de las milicias chiitas ni una lucha entre árabes chiitas y sunitas”, dijo durante una conferencia sobre seguridad realizada en Londres, en junio. “Tiene que ser una lucha de todo Irak contra los extremistas, que resulta que son árabes sunitas”.

El domingo, Estados Unidos tuvo cuidado en destacar que está trabajando con sus aliados en relación con Amerli: unidades del ejército regular iraquí y fuerzas de seguridad kurdas, a las que ha estado apoyando con potencia desde el aire desde que Obama autorizó los ataques aéreos hace varias semanas.

“Nosotros no realizamos ninguna coordinación con las milicias chiitas; lo habrían hecho las FSI”, dijo un alto funcionario gubernamental esta semana, al referirse a las Fuerzas de Seguridad Iraquíes. Sin embargo, es bien sabido que las milicias chiitas han estado peleando junto al ejército en los últimos meses a medida que ha quedado clara la amenaza del Estado Islámico.

Entre tanto, un segundo funcionario gubernamental dijo que EEUU no está trabajando directamente con Teherán.

“Estamos trabajando con el gobierno iraquí y con los peshmergas kurdos en Irak”, destacaron los funcionarios. “Eso es todo”.

Funcionarios de seguridad dijeron hace unos días que Amerli, ciudad unas 105 millas al norte de Bagdad cuyos aproximadamente 15,000 habitantes son en su mayoría turcos chiitas a quienes el Estado Islámico considera infieles, no fue liberada completamente, pero que las fuerzas combinadas habían expulsado a los extremistas de varias aldeas.

El año pasado explotó el caos de la guerra civil siria para tomar el control de grandes franjas de territorio ahí, antes de irrumpir en Irak, su lugar de origen, como una fuerza mayor y borrar la frontera entre ambos países. Su explosión hacia una región turbulenta ha amenazado con dividir a Irak y obligado a un Obama renuente a volver a participar en forma más completa en el Cercano Oriente.

Para un Irán abrumadoramente chiita, el ascenso de Estado Islámico —y su objetivo de crear un califato sunita en la región— fue alarmante debido a la posible amenaza de mayor desestabilización en los dos países —Irak y Siria— que han estado cerca de Teherán y lo han ayudado a extender su poder en la región.

En una reflexión de la política cada vez más enredada de la región, el gobierno de Obama está considerando llevar la pelea contra el Estado Islámico a Siria.

Estados Unidos e Irán tienen objetivos opuestos ahí: Irán ha sido un importante partidario del presidente Bashar Assad, mientras que Estados Unidos ha buscado derrocarlo apoyando a los rebeldes moderados. Sin embargo, cualquier acción militar estadounidense en contra del Estado Islámico en Siria podría terminar fortaleciendo a Assad y haciendo que avance la agenda regional de Irán.

En un momento, el presidente iraní Hassan Ruhani llegó tan lejos como para indicar que Estados Unidos e Irán podrían trabajar juntos para frenar el caos en Irak, pero el supremo dirigente del país pareció poco entusiasta sobre la idea y el sábado, Ruhani dijo que no sería posible cooperar en la lucha contra las organizaciones terroristas regionales. No quedó claro si su inesperadamente dura crítica a EEUU el sábado fue un signo de un cambio en la actitud o una maniobra política para tranquilizar a los críticos internos o para darle a Teherán más espacio para maniobrar en las negociaciones próximas sobre el programa nuclear de Irán.

Cuando Obama autorizó los primeros ataques aéreos en Irán hace varias semanas, la justificación fue proteger a los civiles estadounidenses en Irbil, la capital kurda, a la que amenazaban combatientes del Estado Islámico, y para apoyar los lanzamientos de ayuda humanitaria en el monte Sinyar, donde habían buscado refugio del avance de los extremistas miles de yazidis, los integrantes de una antigua secta minoritaria.

Más recientemente, la presión había aumentado para que se ayudara a los habitantes sitiados en Amerli, ya que a los funcionarios les preocupaba que el Estado Islámico llevara a cabo una masacre de civiles. Además de los ataques aéreos, Estados Unidos también ayudó a lanzar alimentos y agua desde aviones a miles de civiles sitiados ahí.

El gobierno de Obama ha tratado de evitar que se crea que toma partido en una guerra sectaria porque los sunitas de Irak temen especialmente a las milicias chiitas.

El Estado Islámico ha pasado arrasando por todo Irak, decapitando prisioneros, masacrando a los chiitas y expulsando a cientos de miles de habitantes. Se ha acusado a las milicias chiitas de algunos de los recientes abusos contra sunitas, pero, hasta ahora, han evitado los asesinatos por venganza a gran escala.

Entre las milicias que combaten en Amerli está Asaib Ahl al Haq, considerada la más aterradora entre las organizaciones chiitas en Irak, y una organización vinculada al clérigo chiita Muqtada al Sadr, uno de los enemigos más inflexibles de Estados Unidos durante la ocupación. Ambas reciben apoyo de Irán.

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