Séptimo Día

Colombianos prestos a elegir oficiales del gremio cafetero

Un campesino durante la recogida del café en una plantación en la Hacienda Villa Martha ubicada en la municipalidad de La Gloria, departamento de Risaralda, Colombia.
Un campesino durante la recogida del café en una plantación en la Hacienda Villa Martha ubicada en la municipalidad de La Gloria, departamento de Risaralda, Colombia. AFP/Getty Images

Cuando los norteamericanos se disponen, en pocas semanas, a participar en un proceso electoral para elegir un nuevo Congreso, Colombia se prepara, también, para otro evento democrático de enormes dimensiones: las elecciones de los representantes del gremio cafetero, que tendrán lugar el 6 y 7 de septiembre.

Desde hace décadas la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), una organización que representa a más de 500,000 familias caficultoras, realiza cada cuatro años elecciones cafeteras para elegir representantes de los productores que aspiran a formar parte de los Comités Municipales y Departamentales. Ellos son los voceros legítimos de las necesidades e intereses de los caficultores. Conforman el sistema democrático de la Federación, del cual resulta el Congreso Nacional Cafetero, su máxima autoridad deliberativa.

La representatividad en los procesos de decisiones en los sistemas democráticos ha sido cuestionada y por ello las diversas formas de participación ciudadana ganan un espacio significativo. Hay una crisis de gobernabilidad que recorre el mundo y tiene manifestaciones muy diversas. Por ello se hacen intentos para reforzar los mecanismos de representatividad y se complementan con diversas formas de participación social. La legitimidad del sistema democrático está íntimamente ligada a estos procesos. Lo que algún teórico político denominó “el milagro del asentimiento” resulta de la autenticidad de las instituciones representativas. Cuando hay un déficit de representación, o sea, de democracia, la gobernabilidad se ve afectada. Y, en consecuencia, la capacidad de liderar procesos de formulación de políticas públicas se debilita.

La tradición electoral del gremio de los cafeteros colombianos le ha dado una fortaleza enorme a la Federación que congrega esas 500,000 familias, en 17 departamentos y 566 municipios. Sin duda, es la agremiación más respetada en Colombia. Históricamente, ha ejercido una constructiva influencia que ha hecho de los departamentos cafeteros un modelo de cohesión social y bienestar. Cuando en los países emergentes se busca con ansiedad cómo cerrar la brecha entre pobres y ricos, cómo lograr mayor equidad, el ejemplo de los departamentos cafeteros en Colombia es un punto de referencia ineludible. Y el proceso electoral que sirve para legitimar las decisiones de esta agremiación es, en buena parte, responsable por los altos niveles de bienestar que caracterizan estos departamentos y estos municipios.

Es curioso que la ciencia política no se haya interesado mayormente en estudiar casos como el de la Federación de Cafeteros, que han sido tan determinantes para el fortalecimiento de la democracia en Colombia y para obtener niveles notables de estabilidad social, económica y política.

La gobernabilidad democrática se fortalece en la medida en que va acompañada de una participación real de las personas que están vinculadas a un sector productivo de tanta significación. Si así ocurriera en los demás sectores, si cada gremio contara con procedimientos democráticos similares para construir su sistema de deliberación y de formulación de políticas, la nuestra sería una democracia vibrante, ejemplar. Es que los productores del sector cafetero participan en las decisiones que tienen que ver con los programas de renovación de los árboles de café, su adaptación al cambio climático, los centros de investigación científica, el desarrollo de la infraestructura rural, etc. La Federación tiene una legitimidad que le permite construir alianzas con gobiernos del orden nacional o local, influir en procesos de decisión en el nivel global, cooperar con ONGs y empresas internacionales.

Las elecciones cafeteras colombianas merecen ser analizadas y evaluadas, porque constituyen un modelo que puede ser replicado por otros sectores productivos en Colombia y, sin duda, en otros países. Se trata del proceso electoral más grande de una entidad no gubernamental en toda América Latina; cubre más municipios que las elecciones generales de países como Venezuela, Bolivia o Ecuador y es posible que sea el proceso electoral gremial más grande del mundo. En estas elecciones participan cerca de 374,000 caficultores. Hay 15,782 cultivadores que aspiran a formar parte de los 370 Comités Municipales y de los 15 Comités Departamentales. La tasa de participación (64 por ciento) ha sido superior a la que caracteriza las elecciones nacionales y es superior a la de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y en otros países.

No deja de ser muy meritorio que ahora se esté realizando un esfuerzo para perfeccionar un proceso que ya tiene muchos años. Una tradición muy respetable, poco conocida, que busca mayores niveles de participación, de transparencia y, en consecuencia, de legitimidad.

Se recuerda que Alexis de Tocqueville, en su libro Democracia en América, le asignaba vital importancia al papel de las asociaciones intermedias en el funcionamiento de la democracia de los Estados Unidos. Ese espíritu de acción colectiva se busca con insistencia en todas las democracias, porque es uno de los mecanismos más eficaces para lograr “el milagro del asentimiento”. Difícil concebir una gobernabilidad democrática eficaz y transparente sin el ejercicio de una ciudadanía gremial activa, como la de los cafeteros colombianos.

Ex ministro de Gobierno y Comunicaciones de Colombia, Ex embajador y profesor de Ciencia Política.

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