Séptimo Día

Nepal: Un país devoto y rico en historia

La cosecha de arroz en Bakhtapur.
La cosecha de arroz en Bakhtapur. Cristian Lazzari

Viajar a Nepal es retroceder en el tiempo. Así lo comprobé en un viaje que hice en noviembre del año pasado con el principal objetivo de tomar fotografías. Se siente al caminar por el antiguo barrio de Thamel, en Katmandú, un intrincado caserío medieval, de callecitas estrechas, de construcciones de ladrillo y barro, donde se mezclan vendedores de coloridas telas y exóticas especias. A la vuelta de cualquier esquina se encuentra un pequeño templo o altar de dioses hinduistas o budistas, en el que los caminantes se detienen a hacer sus oraciones y ofrendas y luego continúan su camino.

En la Stupa de Boudhanath, la más grande y antigua de Nepal, miles de peregrinos dan vueltas durante horas mientras oran, encienden velas e incienso y cantan mantras. En los alrededores hay decenas de monasterios budistas, donde se inician los monjes –algunos aun niños– y van vestidos con túnicas púrpuras y llevan la cabeza rapada.

Esa sensación de viajar en el tiempo también se consigue cuando se camina por senderos en lugares montañosos. Niños y mujeres llevan vasijas para recoger el agua de las fuentes, y este panorama recuerda la difícil situación de un país que no cuenta con agua corriente en la mayoría de su territorio. En las laderas se ven las terrazas sembradas de arroz, que se cosecha en septiembre y octubre.

Pero si hay algo que impacta al viajero, es visitar el templo hinduista de Pashupatinath, donde se realizan las cremaciones de los muertos, luego de una ceremonia de purificacion en el río sagrado Bagmati, que hoy está saturado debido a la gran cantidad de muertos por el terremoto del 25 de abril.

En el valle de Katmandú hay cientos de pequeñas aldeas para visitar, pero destacan Patan y Bakhtapur, en las que algunos de sus monumentos lamentablemente quedaron destruidos por el terremoto. Los pueblos de Dulikhel, Panauti y Godawari también tienen gran valor arqueológico.

La belleza de los paisajes de Nepal impacta de una manera sorprendente. Desde las colinas de Sarangot, al norte de Pokhara, se pueden ver los primeros rayos del sol brillando en el monte sagrado de Machhapuchhre, el Dhawlagiri y el Annapurna. Desde las terrazas de Nagarkot hay unas vistas panorámicas del Himalaya que invitan a sumergirse en un trekking hasta la base del Everest.

El valle de Langtang era uno de los más visitados durante los meses de octubre a marzo por turistas de todo el mundo para realizar este tipo de expediciones.

Nepal, más pequeño que el estado de la Florida, tiene 30 millones de habitantes, y es uno de los países más pobres del planeta, con un ingreso anual per cápita de un poco mas de $1,000. Pero es también un país de grandes contrastes y en el que, a pesar de la pobreza y la falta de infraestructura, no deja de llamar poderosamente la atención la alegría de la gente, su amabilidad, respeto y devoción.

Cristian Lazzari es fotografo del Miami Dade College

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