Séptimo Día

María Luisa Gómez Mena: la mecenas olvidada del arte cubano

Retrato por José Moreno Villa
Retrato por José Moreno Villa José Ramón Alonso Lorea

A pesar de la escasa información que se puede compilar –por estar atomizada y en archivos de difícil acceso–, resulta trabajoso sintetizar en 900 palabras la extensa labor de mecenazgo cultural que realizó María Luisa Gómez Mena (1907-1959). No me detendré en la confusión que todavía malos textos siguen generando entre esta, la sobrina, y su tía, María Luisa Gómez-Mena y Villa, la Condesa de Revilla de Camargo.

María Luisa Gómez Mena (MLGM) nace en la isla de Cuba, en el seno de una familia bastante conocida en el entorno insular por ser propietaria de numerosos ingenios azucareros y de importantes bienes inmuebles de dentro y fuera de Cuba. Poco sabemos de su primera formación. Hay noticia de que en esta primera etapa el pintor Romañach le hizo un retrato. En 1926, con apenas 19 años, debe marchar a España para casarse con el militar español Francisco Vives. De este matrimonio tiene su único hijo, con el cual regresa a La Habana poco antes de que estallara la Guerra Civil española, en 1936.

Nada sabemos de estos años españoles de Gómez Mena, excepto que parece que se desenvolvió en ciertos ambientes culturales de Segovia. Hay referencia a un dibujo en colores de Federico García Lorca con el nombre de María Luisa, pero se desconoce cuándo y dónde ella y el poeta coincidieron.

Tres fueron los principales patrocinios de Gómez Mena a partir de su regreso a La Habana. Uno es el que le brinda a intelectuales españoles llegados a la isla en calidad de refugiados; otro, el ofrecido a los pintores modernos cubanos; y un tercer momento, en México y Cuba, y que se corresponde con sus últimos 10 años de vida, el que le dedica a la producción cinematográfica en compañía del poeta español Manuel Altolaguirre. Dicho de otra manera, financió y participó personalmente en proyectos literarios y editoriales, artísticos y cinematográficos.

Ya en La Habana, tan pronto como 1937, el poeta Ramón Guirao (1908 - 1949) le dedica su antología Órbita de la poesía afrocubana. Algunos suponen el mecenazgo de MLGM sobre esta publicación. También costeó la segunda edición del poemario Sabor eterno de Emilio Ballagas. En 1939 ayuda a Concha Méndez y Manuel Altolaguirre a establecerse en La Habana, y les ofrece un donativo que les permite continuar su labor editorial al fundar La Verónica, y publicar más de 180 títulos de autores cubanos y extranjeros. Ese mismo año ofrece su ayuda financiera a José Rubia Barcia y a Raúl Roa para fundar la Escuela Libre de La Habana y la Academia de Artes Dramáticas de esta misma Escuela, que contó con la colaboración de importantes intelectuales españoles y cubanos.

LA GALERIA DEL PRADO

En octubre de 1942, junto a Mario Carreño y José Gómez Sicre, funda en La Habana la Galería del Prado (ubicada en el número 72 del Paseo del Prado). Con carácter comercial, fue una exposición permanente de pintura y escultura modernas cubanas. Allí editó algunos impresos, siendo la monografía Carreño, de 1943, una de las más trascendentales publicaciones. Entre 1942 y 1944 esta Galería fue el centro gravitatorio de la vanguardia plástica cubana. Los directivos del Museum of Modern Art de Nueva York fueron receptivos a este movimiento pictórico, y fue precisamente en esta Galería donde MLGM y Gómez Sicre organizaron, junto a Alfred Barr, la muestra colectiva “Modern Cuban Painters” para dicho museo neoyorquino.

Esta muestra estuvo acompañada de una monografía de arte sin precedente en Cuba, Pintura Cubana de hoy / Cuban Painting of today, financiada por MLGM. El proyecto dio a conocer internacionalmente a los pintores cubanos y legitimó en el terreno del arte frases como “arte cubano” y “escuela de la Habana”. Desde entonces, la pintura cubana ocupa un lugar importante entre las galerías de vanguardia y los museos que atesoran arte latinoamericano.

A partir de mediados de 1944, MLGM inicia ese tortuoso periplo de sus últimos 15 años al lado de Altolaguirre. En las cartas del poeta, en un juego romántico de palabras y retruécanos literarios de intención galante y recuperación amorosa, Altolaguirre le dedica toda su obra literaria. Elevada a la categoría de numen, se convirtió entonces en la inspiración del poeta.

En 1945 y en México, ella financia la creación de la editorial Isla, que tenía, en un taller grande y moderno, su propia imprenta y un equipo de obreros tipográficos, y con tienda de distribución en la Habana. En la Venezuela de 1948 la encontramos, junto a Gómez Sicre y Alejo Carpentier, entre las personas que estimularon la creación de un Taller Libre de Arte que se convirtió en el detonante para la búsqueda de una renovación artística en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas.

UNA MUERTE TRAGICA

En 1950 MLGM crea Producciones Isla, una productora cinematográfica que comparte con el poeta español. Uno de sus filmes, Subida al cielo, de 1952 y dirigido por Luís Buñuel, se presentó en el Festival de Cannes y obtuvo en París el Premio de la Crítica a la mejor película de vanguardia de aquel año. En julio de 1959, y con la redacción de una segunda versión de El cantar de los cantares, ellos se presentaron en el Festival de Cine de San Sebastián para proyectar, fuera de concurso, la primera versión de este filme de 1958.

El propósito de ambos era conseguir financiación para la filmación de esta segunda versión. Después de presentar la película, y de vuelta a Madrid, cerca de Burgos, el 23 de julio de 1959 el coche en el que viajaban se volcó, muriendo María Luisa en el acto, tres días después Altolaguirre.

José Ramón Alonso Lorea, historiador del arte cubano. Fue investigador, curador y especialista de la Colección Pintura Cubana de los años 1940 del Museo Nacional de Bellas Artes de la Habana. Es autor, coordinador y editor del proyecto digital EstudiosCulturales2003.es

Relaciones con los artistas

Seguir la historia sentimental de MLGM es compleja, por la falta de documentación. Hay referencias a su relación con varios intelectuales. Algunos hasta aseguran un corto vínculo sentimental con Alejo Carpentier, quien realmente sí colaboró con ella en dos importantes publicaciones de arte realizadas desde Galería del Prado. Estuvo casada con el pintor cubano Mario Carreño desde 1941 hasta 1944, y luego tuvo una larga relación –hasta la muerte de ambos– con el poeta español de la Generación del 27 Manuel Altolaguirre. Pero oficialmente, al no existir legalmente el divorcio en España, estuvo casada desde 1936 con un militar español, el padre de su único hijo.

Una persona vilipendiada, borrada, escamoteada, suplantada... como objeto y sujeto

De MLGM hay publicadas muy pocas cartas y documentos fotográficos a veces mal identificados. Y la historia oficial cubana (entiéndase publicaciones, cursos universitarios de arte cubano, facultades de arte, museos nacionales...) la han tenido totalmente borrada. Sólo en los últimos años se ha ido despertando cierto interés por recuperarla. Estas notas e ilustraciones que ahora se publican, intentan fijar la imagen de María Luisa Gómez Mena (la sobrina, mecenas y coleccionista de arte naif y moderno) que prácticamente todo el mundo sigue confundiendo con su tía (la acaudalada Condesa, coleccionista de objetos generalmente premodernos, y propietaria del edificio hoy sede del Museo de Artes Decorativas de La Habana). De alguna manera, creo que esa lectura "crítica" que se ha hecho de la tía, siempre con los calificativos de "condesa", "multimillonaria", y otros francamente despreciativos e injuriosos, ha arrastrado a la sobrina al mismo pozo de descalificación y anonimato, hasta hace muy pocos años.

La imagen de MLGM es tan desconocida hasta por los propios entendidos que, incluso, cuando reproducen fotos o reproducciones de pinturas que la han "retratado", le borran los dos emblemáticos lunares que tiene en su cara (uno en el medio de la frente y el otro en su mejilla derecha) pues consideran que deben ser manchas originadas en el documento fotográfico. De modo que, de esta confusa apreciación visual del retratado se genera otra incertidumbre facial: son aparentes nimiedades que constituyen la parte (des)conocida del iceber histórico: una persona que se le ha vilipendiada, borrada, escamoteada, suplantada... como objeto y sujeto, incluyendo su aporte en varios aspectos de la cultura nacional cubana.

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