Séptimo Día

MAURICE FERRÉ: Las soluciones para Cuba y Puerto Rico: plebiscitos

Una estatua de San Juan Bautista mira hacia la entrada del Capitolio de Puerto Rico. En 62 años de autogobernación, Puerto Rico se ha endeudado externamente por $73 mil millones, más que el producto bruto (PBI) anual de la isla
Una estatua de San Juan Bautista mira hacia la entrada del Capitolio de Puerto Rico. En 62 años de autogobernación, Puerto Rico se ha endeudado externamente por $73 mil millones, más que el producto bruto (PBI) anual de la isla AP

Aunque ambos eran botín de guerra, los resultados para Cuba y Puerto Rico fueron diferente en el Tratado de París (1898), al concluir la Guerra Hispano Americana.

En el 1903 se estableció la República de Cuba. Como república, Cuba prosperó por 37 años. Con la Constitución del 1940, eliminando la despreciable Enmienda Platt, Cuba adelantó. Pero para el 1959 Cuba ya era un país corrupto. Después de 55 años de castrocomunismo, Cuba pasó de ser uno de los países más prósperos de América Latina a situarse entre los más pobres en la actualidad.

A Puerto Rico le fue mejor. Washington cultivó Puerto Rico como base militar, guardando el Canal de Panamá. En el 1917, el congreso de Estados Unidos le dio unilateralmente la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños. En el 1922 el Presidente del Tribunal Supremo de EEUU, William Howard Taft (antes presidente de Estado Unidos) dictó el fallo mayoritario en el último Caso Insular (sobre la relación entre EEUU y Puerto Rico), Balzac v. Porto Rico, concluyendo que aunque los puertorriqueños eran ciudadanos estadounidenses no tenían en la isla todas las garantías de la Constitución de EEUU. Puerto Rico continuaba “perteneciente a Estados Unidos, pero no parte de Estado Unidos”. Esta infamia del Tribunal Supremo de Estados Unidos del 1922 aún sigue vigente en el 2015.

En el 1952 el congreso norteamericano le concedió a Puerto Rico autonomía en asuntos locales, creando el Estado Libre Asociado (ELA). En 62 años de autogobernación con mal juicio de sus gobernantes y consejeros financieros comprometidos y con contratos lucrativos a los amigos del gobierno de turno, Puerto Rico se ha endeudado externamente por $73 mil millones, más que el producto bruto (PBI) anual de la isla. El 1ro de este agosto, la isla, por vez primera, no cumplió con pagar una deuda a un banco de Wall Street. En consecuencia de la situación financiera precaria los bonos “chatarra” de Puerto Rico los han comprado los Hedge Funds de Wall Street y los inversionistas buitres. Puerto Rico cayó en manos de los “capitalistas salvajes” que tanto ha criticado el Papa Francisco.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que insiste en la apertura con Cuba, ignora la condición funesta de Puerto Rico. El Congreso norteamericano, actualmente en manos de los republicanos, insiste que el sistema político cubano se modifique a uno que establezca el consentimiento de los gobernados, pero ignora que en un plebiscito interno en el 2012, Puerto Rico, con 78 por ciento de participación, 54 por ciento de los votantes no consintieron al sistema de gobierno actualmente vigente en la isla , el ELA.

En la Cuba disidente, Rosa María Payá, hija del mártir caído Oswaldo Payá-Sardiñas, ha creado una nueva entidad de oposición llamada “Cuba Decide”, que cuenta con numerosos seguidores en la isla. Payá, con su grupo, asistió en San Juan a una importante reunión de la disidencia cubana: Primer Encuentro Nacional Cubano, que se reunió el 11, 12 y 13 de agosto.

Cuba Decide presentará en Puerto Rico una continuación de la visión patriota de Oswaldo Payá: un plebiscito para Cuba. Las preguntas, aun no finalizadas, irónicamente son similares a las preguntas vigentes en Puerto Rico: consentimiento de los gobernados y la forma de gobierno preferido en la isla.

Cuba es una nación soberana en donde sus ciudadanos internamente no tienen libertades individuales.

Por su parte, Puerto Rico no goza de soberanía, pues es un territorio no incorporado de Estados Unidos, cuyos ciudadanos están gobernados bajo los poderes plenarios del Congreso norteamericano bajo su cláusula territorial. Pero los puertorriqueños que residen en la isla sí gozan de libertades individuales.

Para resolver estas incongruencias con la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la Constitución de EEUU, en el caso de Puerto Rico, se deberían celebrar plebiscitos separados. Ambos plebiscitos deberían conllevar condiciones de cumplimiento, antes acordadas por los respectivos gobiernos.

En el caso de Puerto Rico, el presidente Obama ha recomendado y el Congreso norteamericano ha aceptado $2.5 millones apropiados para “educar” a los votantes sobre las condiciones de las alternativas del plebiscito. Debido a los resultados del plebiscito insular del 2012, en el que el 61 por ciento seleccionó estadidad federada para estatus político, la pregunta del nuevo plebiscito debería ser simplemente: Estadidad, ¿sí o no?

Las preguntas y el proceso cubano son tan complejos porque requieren la aceptación por el gobierno de un plebiscito futuro en Cuba, sin la presencia de los Castro.

El exilio cubano y la disidencia en la isla, algunos de los cuales se reunieron esta semana en San Juan, deberían estudiar cuidadosamente la ponencia de Rosa María Payá y con persistencia exigir al gobierno cubano un plebiscito que determine el consentimiento del pueblo cubano. Luego los ciudadanos cubanos decidirán si quieren un gobierno socialista o una república democrática, pluralista y de mercado libre.

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