Séptimo Día

Crimen y castigo el abismo racial en Estados Unidos

Un manifestante es arrestado en la estación del tren subterráneo de Barclays Center, en Nueva York, durante una protesta el 8 de diciembre por la muerte de Eric Garner a manos de la policía, el pasado julio.
Un manifestante es arrestado en la estación del tren subterráneo de Barclays Center, en Nueva York, durante una protesta el 8 de diciembre por la muerte de Eric Garner a manos de la policía, el pasado julio. Getty Images

Una cosa que la decisión del gran jurado en Ferguson, Missouri, hizo que volviera a salir a la superficie es exactamente la dificultad de sostener discusiones interraciales sobre crimen y castigo en Estados Unidos. Ello se debe, en gran medida, a que, en la percepción y en la práctica, vivimos en mundos muy diferentes, mundos en los cuales frases como “malas decisiones”, “responsabilidad personal” y “cultura” deben luchar por la primacía con “desigualdad estructural”, “prejuicios sistémicos” y “la cultura de la opresión”.

Empecemos a analizar esto señalando lo que los datos dicen sobre nuestras distorsiones de la percepción cuando se trata del crimen.

Un informe de septiembre del Sentencing Project señala que “los estadounidenses blancos exageran la proporción de los delitos que cometen los negros, y los asocian con la criminalidad”. En el caso de algunos delitos, la sobreestimación fue de “20 a 30 por ciento”.

Esto es particularmente significativo a la luz del hecho de que los estadounidenses, en general, exageran la presencia del crimen. Como indica un reciente informe de Gallup: “Durante más de una década, Gallup ha encontrado que la mayoría de los estadounidenses creen que el crimen va en aumento, aun cuando las estadísticas reales sobre los delitos han mostrado, en gran parte, que el índice delictivo sigue bajando con respecto a los altos niveles de la década de 1990 y antes”.

Si seguimos pensando que el crimen va en aumento (olvídense de los datos) y asociamos a los negros con el crimen, claro que se verán afectados nuestros conceptos de culpa, inocencia, veracidad y compasión en los encuentros entre policías y afroamericanos.

Esto no quiere decir que las estadísticas no nos indiquen que los índices delictivos son desproporcionadamente altos en los barrios de las minorías, pero en lugar de atribuir eso a alguna patología racial –y, de entrada, atribuirlo ya es racista–, debemos considerar la intersección de la raza y la pobreza concentrada, las que van acompañadas por muchos factores, desde escuelas de pésimo desempeño hasta menos oportunidades de empleo.

Y estas zonas de pobreza concentrada están creciendo, según un informe de julio de Brookings: “A medida que la pobreza aumentó y se propagó en la década del 2000, la cantidad de barrios que sufren penuria económica en Estados Unidos –definidos como secciones del Censo con índices de pobreza de 40 por ciento o más– aumentó en casi tres cuartos”.

Continúa el informe: “La población que vive en esos barrios creció en márgenes similares (76 por ciento o cinco millones de habitantes) para llegar a los 11.6 millones entre el 2008 y el 2012”.

¿Acaso los afroamericanos simplemente están decidiendo vivir en barrios de gran pobreza y altos índices delictivos, o se han visto obligados a residir en esas zonas por la discriminación en la vivienda y el empleo durante varias generaciones, problemas exacerbados con la reciente gran recesión, que fue desproporcionadamente brutal para los afroamericanos?

Por ejemplo, como se señala en el informe del Centro de Créditos Responsables del 2011: “Los prestatarios afroamericanos y latinos tienen casi el doble de probabilidades de haber sufrido el impacto de la crisis. Aproximadamente una cuarta parte de todos los prestatarios latinos y afroamericanos han perdido su casa debido a las ejecuciones hipotecarias o han caído en mora, en comparación con menos de 12 por ciento solamente de los prestatarios blancos”.

Cuando se involucran los sistemas policiales y de justicia, se introducen más prejuicios. Primero que nada, como reportó The Washington Post, “más de tres cuartas partes de las ciudades en las que la Oficina del Censo ha recopilado datos tienen una presencia policial desproporcionadamente blanca, en relación con la población local”. Esta es la situación, aun cuando el 46 por ciento de los blancos y el 56 por ciento de los negros respondieron a una encuesta del New York Times y CBS News, realizada en agosto, que “la composición racial del departamento de policía de una comunidad debería ser similar a la composición racial de esa comunidad en su conjunto”.

Esto continúa, en parte, debido a un ciclo de desconfianza y abuso de poder. Como lo expresó el International Business Times en agosto: “Por lo tanto, es frecuente que los organismos del orden público se vean presionados a buscar solicitantes de empleo que sean negros.

“Los reclutadores quieren llenar sus filas con policías con todo tipo de antecedentes, dicen expertos, pero los prejuicios culturales los colocan en desventaja”.

¿Usted se integraría a una fuerza a la que percibe como opresiva y discriminatoria hacia su comunidad? Para algunos, la respuesta podría ser sí, con el objetivo de cambiar las cosas o solo porque tienen una gran vocación por la profesión. Sin embargo, es obvio que para muchos la respuesta es no.

En la encuesta del Times y CBS, se encontró que el 45 por ciento de los afroamericanos, en comparación con solo siete por ciento de blancos, señaló que había experimentado un caso específico de discriminación por parte de la policía debido a su raza. El 31 por ciento de los blancos reconoce, incluso, que en la mayoría de los barrios es más probable que la policía use fuerza letal contra una persona de la raza negra.

Esto no es infundado. Es significativamente más probable que la policía arreste a jóvenes negros por cosas como uso de drogas que a blancos, aun cuando ambos grupos las usan en una proporción casi igual.

Esta conversación es difícil porque estamos gritando de una orilla a otra de un abismo de disparidad. Quizá lo primero que haya que hacer sea esforzarnos en rellenar ese abismo y emparejar el terreno; eso ayudará a eliminar las diferencias.

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