Sur de la Florida

Balseros recién llegados recomiendan a cubanos: ‘No se tiren al mar’

Balseros recién llegados recomiendan a cubanos: ‘No se tiren al mar’

Un grupo de 27 cubanos, 22 hombres y cinco mujeres, que lograron tocar tierra firme el viernes por la noche. Los balseros que estaban siendo asistidos por la organización Church World Service (CWS) en Doral.
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Un grupo de 27 cubanos, 22 hombres y cinco mujeres, que lograron tocar tierra firme el viernes por la noche. Los balseros que estaban siendo asistidos por la organización Church World Service (CWS) en Doral.

Motivados por la incertidumbre sobre un posible cambio en la política migratoria de Estados Unidos hacia Cuba, los isleños siguen participando del mortal juego de azar que significa intentar llegar a las costas de Florida en balsa.


Los últimos en salir victoriosos de esta ruleta rusa en altamar son un grupo de 27 cubanos, 22 hombres y cinco mujeres, que lograron tocar tierra firme el viernes por la noche.

Pero, según contaron, la travesía no terminó cuando lograron secarse los pies.

“Si difícil fue la travesía, más difícil fue salir del cayo para acá, andábamos en un lugar que no nos podían localizar, le prendimos candela a la embarcación, le gritábamos a todos, y nada”, dijo el lunes Lázaro Delgado, de 58 años, uno de los balseros que estaban siendo asistidos por la organización Church World Service (CWS) en Doral. “Y encima teníamos un herido arriba de dos tablas con poliespuma”.

Un grupo de 27 cubanos, 22 hombres y cinco mujeres, que lograron tocar tierra firme el viernes por la noche. Los balseros que estaban siendo asistidos por la organización Church World Service (CWS) en Doral.

Fue una odisea corta pero intensa, de tan solo 25 horas en el mar, que incluyó tiburones, un herido cuya vida corría peligro, y quedarse varados en una remota isla estadounidense.

Parte del grupo que todavía se encontraba en la sede de la agencia CWS, encargada de ayudar a refugiados cubanos en el sur de la Florida, dijo que de volver a tener que experimentar lo que pasaron, algunos no lo harían otra vez.


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“No se lo aconsejo a nadie porque esos viajes son peligrosos y uno no sabe lo mal que lo pasa hasta que no se tira en una embarcación de esas”, dijo Yohan Hernández, un balsero de 28 años. “Fueron las 25 horas más malas de mi vida. A mi me han dicho ‘no te tires porque es peligroso’, pero uno nunca sabe hasta que lo hace, pero si uno quiere proponerse una vida hay que hacerlo”.

El viaje comenzó el jueves alrededor de las 10 p.m. en Bahía Honda, Pinar del Río. Luego de semanas de planificación, los 27 balseros, todos amigos y familiares de la municipalidad La Lisa, en La Habana, zarparon en la oscuridad de la noche en una embarcación rústica de madera de unos 20 pies de largo por siete de ancho, con tuberías de aluminio para mantenerse a flote y un motor de automóvil Isuzu.

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“Ya nosotros nos hemos tirado tres o cuatro veces, teníamos unas cuantas multas de 3,000 pesos cada uno y como gastamos dinero haciendo la lancha ya nosotros no teníamos para pagar las multas, y decidimos hacer esta última”, contó Eloy Jáuregui, náufrago de 22 años.

Durante el trayecto, Miguel, el hermano de Yohan Hernández, se accidentó con el motor de la balsa y sufrió un profundo corte en el empeine de su pie izquierdo.

Cuando llegaron a tierra la noche del viernes, los cubanos pensaron que sería cuestión de horas para que en la mañana del sábado alguien los avistara y fueran recogidos por las autoridades —lo que no sabían es que habían arribado a Cayos Marquesas, una serie de pequeñas islas ubicadas a unas 30 millas al oeste de Cayo Hueso.


Intentaron hacerle señales de auxilio a las avionetas que pasaban y hasta prendieron fuego su embarcación para ver si la humareda atraía a algún curioso. Nada.

Mientras tanto, Miguel seguía perdiendo sangre. Pasado el mediodía lograron divisar a un barco pesquero, que se encontraba mar adentro a una milla de la costa, según dijeron.

“El cayo estaba rodeado de tiburones, y había que nadar para buscar ayuda”, dijo Yohan Hernández, quién se tiró al mar y logró llamar la atención de los tripulantes del barco.

Un grupo de ocho balseros cubanos llegó el martes por la mañana a las costas de la ciudad de Bal Harbour, al norte de Miami Beach, en una embarcación rústica.

Su hermano ahora se encuentra recuperándose en un hospital de Cayo Hueso.

Los balseros contaron que “el 90%” de sus conocidos quieren salir de la isla debido a las dificultades económicas que viven.

“El cubano no pide mucho, pero la comida, la ropa y los zapatos es una cosa necesaria para las personas, y allá sinceramente se complica para todo”, dijo Yohan, que se desempeñaba como albañil.

“Allá tú trabajas y trabajas y no ves nada, la comida vale más que cualquier cosa, la comida vale más que tú”, agregó Jáuregui. “Uno viene para trabajar, para comer, para vivir un poco mejor”.


Bajo la política actual de pies secos/pies mojados, los cubanos sin visa que logran tocar territorio estadounidense son autorizados a quedarse en el país con un documento conocido como parole, que les permite solicitar residencia bajo la Ley de Ajuste Cubano a un año y un día de su llegada.

Desde el 1 de octubre de 2015, al menos 6,550 cubanos han intentado emigrar a Estados Unidos por mar, comparado con los 4,473 contabilizados en todo el pasado año fiscal.

Mark Gordon, jefe del distrito séptimo de la Guardia Costera, dijo la semana pasada que el trayecto es demasiado peligroso y que sólo un porcentaje mínimo de quienes se lanzan al mar logran alcanzar territorio estadounidense.

“Hacemos un llamado a cualquiera que se eche al mar para llegar a territorio estadounidense a que no lo haga, ya que arriesga su vida y tiene muy pocas probabilidades de éxito”, dijo Gordon en un comunicado. “La navegación por aguas del Estrecho de Florida puede ser extremadamente peligrosa para los viajes ilegales y, a menudo, conduce a una tragedia en la que hay muertos o heridos”.

Sin embargo, los cubanos continúan llegando.

Junto a los miembros del grupo de 27 balseros, otros cubanos que formaban parte de un grupo de 14 que llegaron a Marathon el viernes contaban que pasaron seis días en altamar.

“Se nos acabó la batería del motor y gracias a Dios vino otra embarcación, tuvieron problemas ellos, se entregaron y nos dejaron la batería. El barco de ellos se les desbarató contra unos arrecifes [en Cayo Anguila, Bahamas] y no pudieron seguir”, contó. Olga Fernández, de 23 años y la única balsera de ese grupo. “Muchas veces perdimos la esperanza, ya estábamos sin comida, sin agua, pero en Cuba la estábamos pasando fatal”.

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