Sur de la Florida

Pueden casarse... ¿pero encontrar una casa? Otra batalla por ganar para la comunidad LGBT

Alliance of GLBTQ Youth, que aboga por la igualdad de derechos de los jóvenes independientemente de su orientación sexual, marcha en Miami Beach Gay Pride, en abril.
Alliance of GLBTQ Youth, que aboga por la igualdad de derechos de los jóvenes independientemente de su orientación sexual, marcha en Miami Beach Gay Pride, en abril. AP

¿Cómo se sentiría la gente si en lugar de utilizarse el marketing para vender una

vivienda en los mejores barrios de la ciudad con frases como “¡Ideal para los niños!”, “¡Suite para El/Ella!” o “¡Gran vecindario católico!”, se usaran otros términos, también discriminatorios, como “¡No es para los niños!” “¡Apartamentos perfectos para parejas de hombres o de mujeres!” o “¡Zona libre de la religiones!”, por ejemplo?


Más de un año después de la aprobación legal del matrimonio entre parejas del mismo sexo en EEUU, siguen las quejas por discriminación hacia las parejas LGBT a la hora de adquirir una vivienda, según un informe del Instituto Williams, adscrito a la Facultad de Derecho de la Universidad de California, en Los Ángeles, y dedicado a llevar a cabo y difundir rigurosas e independientes investigaciones sobre la ley de orientación sexual e identidad de género y políticas públicas.

“Hay que tener en cuenta que los barrios más agradables, donde las personas quieren estar, son los que pueden discriminar”, reclama Matt Parker, agente inmobiliario y autor de tres libros: Real Estate Smart: The New Home Buying Guide, The Real Estate Agent Talks y The Real Estate Sales Secret.

El informe del Instituto Williams se titula La evidencia de discriminación en la vivienda por motivos de orientación sexual e identidad de género: un análisis de las quejas presentadas ante agencias de aplicación estatales, 2008 2014 (Evidence of Housing Discrimination Based on Sexual Orientation and Gender Identity: An Analysis of Complaints Filed with State Enforcement Agencies, 2008 - 2014). Este examina las quejas basadas en la orientación sexual, identidad de género, raza y sexo, las que se ajustaron por el número de adultos con más probabilidades de experimentar cada tipo de discriminación, personas LGBT, afroamericanos y mujeres.


Muchos especialistas piensan que la aprobación legal del matrimonio de LGBT está afectando la industria de bienes raíces en todo el país.

“Impactó a gran escala, y desde el punto de vista institucional y a largo plazo ayudó a promover que los miembros de la comunidad LGBT son normales, aceptables y ciudadanos de primera clase, al igual que todos los demás”, asegura el experto en esta industria Matt Parker, quien destacó en su mercado durante el colapso inmobiliario de 2008, antes de cumplir los 30 años.


Dirigido por Christy Mallory, abogada principal del Instituto, y Brad Sears, director ejecutivo, este reciente informe concluye que las personas LGBT usan las leyes de no discriminación de vivienda por su orientación sexual e identidad de género con la misma frecuencia con la que afroamericanos y mujeres utilizan las leyes no discriminatorias contra la raza y el sexo. Este nuevo análisis está basado en las quejas presentadas ante las agencias que hacen cumplir la ley del estado.


“Las personas que no forman parte de la comunidad LGBT podrían no haber entendido lo que hizo la discriminación en el matrimonio, y cómo hace sentir a las personas que son, por ejemplo, homosexuales. Decir no al matrimonio como una ley principal de nuestro gran país, en una palabra, hace a ciertas personas sentirse como ciudadanos de segunda clase”, explica Parker.

Cada 100,000 adultos de la comunidad LGBT se presenta un promedio de tres quejas discriminatorias por orientación sexual e identidad de género cada año a nivel nacional a la hora de buscar una vivienda. El número de quejas por discriminación de raza son muy similares, pero ligeramente más elevado. Cinco quejas por cada 100,00 afromericanos anualmente.

 
 

“Debido a que la población LGBT es relativamente pequeña, de cualquier modo es bajo el número de quejas presentadas sobre orientación sexual e identidad de género”, dice Mallory. “Por lo tanto, aprobar leyes no discriminatorias que protejan a los adultos LGBT no abrumaría con quejas a los organismos estatales de la ley y tribunales”.

Respecto a las quejas por discriminación de sexo, el informe del Instituto indica que son ligeramente inferiores, una denuncia por cada 100,000 mujeres al año. Investigaciones anteriores encontraron que las quejas por discriminación de empleo eran con frecuencia similares a las presentadas por el colectivo de LGBT, afroamericanos y mujeres.


El colectivo LGBT representa casi nueve millones de habitantes en Estados Unidos, según los últimos datos del Instituto Williams. “Y este mercado [inmobiliario] está creciendo y no se puede ignorar este hecho”, advierte el profesional en bienes raíces.

Las personas LGBT acumulan casi $840,000 millones en poder adquisitivo en todo el país. Se estima que el poder adquisitivo de la comunidad LGBT en Miami es de $8,000 millones, según el Miami-Dade Gay and Lesbian Chamber of Commerce, la mayor organización sin fines de lucro de empresas de homosexuales y lesbianas en el condado. Además, el impacto económico estimado de los matrimonios del mismo sexo en Florida durante tres años es de $182,000 millones, según el Instituto Williams.

Solo 22 estados disponen de leyes a nivel estatal que prohíben la discriminación basada en la orientación sexual o la identidad de género.

Según la prestigiosa organización nacional ACLU, que ha trabajado durante casi 100 años defendiendo y preservando los derechos y las libertades individuales garantizados por la Constitución y las leyes de EEUU, las protecciones contra la discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género y expresión varían de estado a estado. ACLU sigue luchando por la protección de pleno derecho en los 50 estados y el gobierno federal.

El estado de la Florida no cuenta con una ley de este tipo. Si bien es ilegal discriminar en el empleo, la vivienda y alojamiento público basado en la raza, color, religión, sexo, origen nacional, edad, discapacidad o estado civil, la comunidad LGBT está actualmente fuera de la protección contra la discriminación en todo el estado, según explica Equality Florida, una organización que ha abogado por la legislación pro LGBT y derrotado cada propuesta de legislación anti LGBT presentada en Tallahassee durante 16 años seguidos.

“Generalizando, los miembros de la comunidad LGBT se sienten ‘extraños’ en una sociedad ‘normal’. No importa lo que digan, todos queremos sentirnos ‘normales’ y ‘aceptados’. El lenguaje de promoción de las familias [con niños] y heterosexuales no se percibe como peligroso”, opina Parker.

No matter what anyone says, we all want to feel “normal” and “accepted.” Family (with children) and heterosexual promoting language doesn’t feel dangerous at all to families or heterosexuals, by enlarge.

Parker se pregunta qué sucedería si cambiara ese rumbo. “¿Qué pasaría si el lenguaje de marketing, por ejemplo, alentara a la comunidad LGBT a la propiedad con privilegios de la vivienda? Por ejemplo, quien deseara comprar ciertos hogares, especialmente los mejores lugares… Entonces, las familias, y las personas heterosexuales, por supuesto, estarían muy furiosas, y con razón. ¿Qué pasaría si porque tienen niños no fueran bienvenidos en vecindarios limpios y seguros?”.

Discriminación a la inversa

La discriminación inversa sobre la comunidad de LGBT (reverse discrimination) se da cuando los miembros de la comunidad LGBT pueden tener preferencia frente a otros compradores.

En ocasiones los vendedores pueden utilizar el prejuicio en beneficio de los compradores del colectivo de LGBT, utilizando frases como “Ellos [LGBT] son limpios, tranquilos, ricos, y ¡no tienen ningún ruido de niños!”, puntualiza Parker. “Por supuesto, eso puede ser o no ser verdad. Lo importante es que los miembros de la comunidad LGBT y sus agentes no deben promover su grupo a expensas de los demás”.

Respecto a los hispanos, razona que “una vez más a las poblaciones de hispanos podría tocarle la peor parte de este tipo de discriminación. De los latinos podría decir que tienen familias grandes, hacen muchas fiestas y conducen autos sucios”.

El autor del libro Real Estate Smart considera que “la discriminación existe probablemente en un mayor número de hispanos que entre los miembros de la comunidad LGBT”.

Donde más se ve esta diferencia entre agentes y vendedores es “en la preferencia para elegir los contratos de venta con nombres similares a los suyos: una inclinación por vendedores ‘blancos’ para elegir los nombres de ‘blancos’, en comparación con, por ejemplo, nombres hispanos, rusos o vietnamitas”.

No es tan fácil como algunos dicen o piensan tomar medidas para avanzar hacia una sociedad igualitaria, pero “todos debemos esforzarnos en considerar nuestras decisiones de negocio basadas en los dispositivos funcionales de cada oportunidad [precio, términos, fecha de cierre] frente a la preferencia de un apellido”, recalca.

“Como mi apellido es Parker ¿tengo una preferencia subconsciente para que los ‘Smith” compren mi condo contra los “Hernández?” Espero que no, pero las personas tienen que admitir que es algo en lo que hay que trabajar para hacer que sean iguales en su cabeza. Individualmente, tenemos que hacernos un llamamiento a nosotros mismos con nuestros más altos principios”, reflexiona.

Lo más importante para acabar con la discriminación en cualquier sentido, incluida la discriminación inversa es “que debemos dirigirnos, y tratar, a todos los compradores, vendedores y sus agentes de la misma manera. Y punto. Hay que hablar sobre las viviendas y las ofertas y no sobre las personas que viven en la casa o hacen las ofertas”, concluye.

Twitter: @IsabelOlmos

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