Sur de la Florida

Ola de muertes por sobredosis, un descuartizamiento y balaceras marcaron el 2016 en Miami-Dade

Un equipo del SWAT, del FBI, se reúne después de una redada en un lugar que se sospecha existe un laboratorio de carfentanil en el sur de Miami-Dade, el 2 de diciembre.
Un equipo del SWAT, del FBI, se reúne después de una redada en un lugar que se sospecha existe un laboratorio de carfentanil en el sur de Miami-Dade, el 2 de diciembre. cmguerrero@elnuevoherald.com

Miami-Dade encaró en este 2016 una ola de violencia con asesinatos a mano armada, incluso con macabros casos de descuartizamiento, sumándose una creciente tendencia de cuadros de sobredosis de consumo de drogas que dejó numerosas víctimas.

Uno de esos casos fue descubierto en julio, en Hialeah, cuando la policía de esa ciudad arrestó a William Martínez, acusado de asesinar y descuartizar a José Manuel Díaz Guerra, de 60 años.


Tras matar a Díaz Guerra, Martínez descuartizó el cadáver y ocultó los restos en un horno parrillero y en el tanque de basura ubicados en la parte posterior del apartamento que el asesino ocupaba en Hialeah, según las pesquizas policiales.

Luego, los restos fueron lanzados en bolsas plásticas a lo largo de las vías del ferrocarril, a la altura de la avenida Palm y la calle 21. Sin embargo, la policía logró identificar a Martínez gracias a videos de seguridad de la zona.

Para la policía de Miami-Dade una tendencia alarmante es la ola de muerte por cuadros de sobredosis de drogas como la heroína y el carfentanil, un potente opioide sintético conocido por su uso como tranquilizador de elefantes.

El carfentanil se ha detectado en los cadáveres de por lo menos 107 personas, que se sospecha murieron por sobredosis este año, de acuerdo a información de la Oficina de Medicina Forense de Miami-Dade.


Varios agentes antinarcóticos han dicho a el Nuevo Herald que el consumo de heroína y carfentanil se ha convertido en una epidemia que ha cobrado la vida de cientos de adictos en Estados Unidos.

De ahí que en los últimos meses equipos especiales de la policía, fuertemente armados, vienen realizando arrestos y allanamientos de puntos de venta de estas drogas en diferentes áreas de Miami-Dade.

Otro de los casos que más ha llamado la atención de las autoridades policiales es el de la desaparición de la colombiana Liliana Moreno, de 43 años, y de su hija Daniela, de 9 años, quienes fueron vistas por última vez el 30 de mayo.


Una persona de interés en el caso es Gustavo Castaño, padre de la niña, y quien mantuvo una relación sentimental con Moreno.

Castaño les dijo a las autoridades que estuvo en la casa de Moreno aquel lunes 30 de mayo alrededor de las 11 a.m. De ahí los tres se fueron en su vehículo al Home Depot de Hialeah Gardens. Castaño dijo que mientras manejaba, Moreno y él protagonzaron una fuerte discusión y Moreno lo rasguñó en el brazo derecho.

De acuerdo con Castaño, Moreno quiso salir del vehículo y entonces él las dejó a las dos a un lado de la carretera. Luego, se dirigió a la bodega donde trabajaba en Medley, y permaneció ahí durante un corto tiempo. Cuando regresó al lugar donde las había dejado, ya no las encontró, según el testimonio de Castaño.


Desde entonces no se ha sabido nada de ellas. Los hermanos de Liliana llegaron desde Colombia y junto con numerosos residentes y activistas locales organizaron jornadas para intentar localizarlas, pero sin éxito.

El caso captó aún más los reflectores públicos cuando Castaño intentó suicidarse acuchillándose la garganta mientras se encontraba en el interior de una camioneta.

Fue en ese momento que agentes de la Policía de Miami-Dade sostuvieron una confrontación con Castaño, en la que recibió en la cara una descarga de una pistola eléctrica Taser por parte de un agente policial. Poco después, Castaño fue trasladado de emergencia al Hospital Kendall Regional. El caso sigue bajo investigación.


Y ante las rachas de balaceras y muertes de niños en Miami-Dade, las autoridades lanzaron en septiembre Together for Children (Unidos en pro de los niños), una campaña de largo aliento impulsada por una docena de organizaciones públicas y privadas aliadas para reducir la violencia que viene enlutando el condado.

La campaña surgió poco después de que, en diciembre del 2015, muriera Amiere Castro, un niño de siete años que fue baleado en la cabeza cuando se encontraba de visita en la casa de sus primos, al sur de Kendall, celebrando las fiestas navideñas.

Como coincidieron el alcalde condal, Carlos Giménez, el superintendente de las Escuelas Públicas, Alberto Carvalho, y la fiscal estatal, Katherine Fernández Rundle, la iniciativa busca coordinar el trabajo de múltiples agencias a fin de dar el paso decisivo para combatir las causas que originan la violencia juvenil en el condado.


El superintendente dijo que la iniciativa identificó a los niños y jóvenes más vulnerables en la comunidad y contempla fortalecer la consejería a estos en las escuelas intermedias con factores de riesgo que se asocian comúnmente con los delitos juveniles graves, la pobre asistencia a clases, el bajo rendimiento académico y el comportamiento agresivo.

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