Sur de la Florida

Su padre murió y ahora la joven lucha sola contra el lupus

Milagros Campos, de 20 años, tiene lupus. Necesita dinero para pagar la gasolina para los viajes al hospital, tarjetas de regalo y una MacBook.
Milagros Campos, de 20 años, tiene lupus. Necesita dinero para pagar la gasolina para los viajes al hospital, tarjetas de regalo y una MacBook. aharris@miamiherald.com

La primera vez que Milagros Campos fue a la diálisis sin su papá, se sintió rara.

Para cuando llegó a los 19 años, se había sometido a diálisis, procedimiento que le limpia la sangre de impurezas y que dura unas cuatro horas, tres veces a la semana durante cuatro años. Durante casi 3,000 horas se sentó en una butaca en el Nicklaus Children’s Hospital cerca de South Miami, se envolvía en una cobija gris suave y sacaba su libro de colorear más reciente.

Su padre, Miguel, se sentaba junto a ella y miraba peleas de boxeo en el teléfono mientras la máquina le extraía la sangre, la limpiaba de impurezas, y la volvía a sus arterias, haciendo el trabajo de unos riñones sanos.

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Pero esa mañana de septiembre estaba sola, y su único familiar estaba a punto de fallecer en una cama de hospital a varias millas de distancia.

Su madre está en Honduras, donde vive desde que comenzó a escuchar voces y adonde Miguel la envió, temiendo por la seguridad de su hija de entonces 2 años. Miguel crió solo a “su princesa”.

El padre iba a todos los tratamientos, todas las consultas médicas, todas las visitas a la sala de emergencia. La llevó al hospital cuando tenía 13 años, donde los médicos le dijeron que el dolor que sentía en las articulaciones, la erupción en la cara, la pérdida de cabello y las úlceras en la boca eran síntomas de una enfermedad incurable: lupus.

El lupus es una enfermedad inflamatoria en que el sistema inmunológico del cuerpo ataca a los órganos. En el caso de Campos, la víctima fueron los riñones.

Para cuando tenía 18 años su salud estaba en lo fundamental controlada. Se esforzaba por reducir los anticuerpos lo suficiente para hacerse un trasplante de riñón, perfeccionaba su técnica de maquillaje con clases en YouTube y se graduó de la secundaria Hialeah Gardens High School. Pensaba que su próximo paso sería asistir al Miami Dade College para estudiar técnico de ultrasonido o Psicología.

Entonces a su padre le diagnosticaron que el cáncer de pulmón que padeció había reaparecido y le había hecho metástasis en el cerebro. Aunque la última vez le habían extirpado la mitad de un pulmón, se había sometido a quimioterapia y dejó de fumar antes que Milagros, su única hija, naciera.

“Creo que le pasó la cuenta”, dijo ella.

El año pasado fue testigo de cómo el cáncer acabó con su padre. Una mañana de principios de septiembre, ya no pudo levantarse de la cama. Estaba tan avergonzado de admitir el dolor a su hija que llamó a un primo de 46 años que vivía cerca.

Una llamada telefónica la despertó esa mañana. Encontró a su padre, de 73 años, presa de un fuerte dolor, así que llamó a una ambulancia.

En el hospital trató de consolar a su padre a medida que la enfermedad se agravaba. Los médicos le prometieron que lo que colocaron a través de la garganta sería algo temporal. No fue así. Miguel dejó de mover las manos, abrir los ojos y dejó de hablar.

“Me dijeron que no había esperanza”.

Los médicos entonces le preguntaron a Milagros, de 19 años, que tomara una decisión sobre el destino de su padre. El primo no le ofreció consejo alguno. Sus enfermeras en el Nicklaus, a quienes les dice “mamá” con afecto, le dijeron que era su decisión.

Entonces le administraron morfina para que no tuviera dolor, dijo ella, pero después que los médicos le retiraron el respirador, se fue en pocos minutos.

“Le tomé la mano y le dije que todo iba a estar bien, que no se preocupara por mí”, dijo. “Creo que era lo único que temía, que yo no estuviera bien”.

Campos dijo que las emociones no la golpearon con fuerza hasta varios días después, cuando empezó a sacar las cosas de su apartamento alquilado para mudarse a la casa de su primo. Donó la ropa de su padre a Goodwill en donde él trabajaba de voluntario, y todo lo demás lo puso junto a la puerta.

Milagros tiene ahora 20 años, alquila una habitación en casa de su primo y se prepara para tomar clases a tiempo parcial en el MDC. Y se está acostumbrando a hacérselo todo, no sólo la diálisis.

A Milagros le vendría bien recibir un dinero para pagar la gasolina para los viajes al hospital, tarjetas de regalo de IKEA para amueblar su habitación, una MacBook para la escuela, una tarjeta de regalo de H&M para comprar ropa y dinero para arreglar su teléfono.

“Una vez que tenga mi riñón, esté en la escuela y tenga un empleo...”, dice con una sonrisa, pensando en su futuro. Se imagina un apartamento cómodo, una carrera gratificante y un cerdo de mascota, a quien planea llamar Penny.

Su primo, a diferencia de Campos, es Testigo de Jehová, de manera que pasó la Navidad con la familia de su mejor amiga.

¿Qué hay en su lista de deseos?

“Cualquier cosa de Sephora”, dijo con una sonrisa.

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