Sur de la Florida

Abuela defrauda al Medicare y huye, probablemente a Cuba

De arriba e izquierda en dirección de las agujas del reloj: Jorge Luis Portillo, Dora Robaina, Joel Fuentes, Ariel Nunez Finalet, Mario Saul Lay, y Pedro Torres.
De arriba e izquierda en dirección de las agujas del reloj: Jorge Luis Portillo, Dora Robaina, Joel Fuentes, Ariel Nunez Finalet, Mario Saul Lay, y Pedro Torres.

El currículo de Dora Robaina mostraba una amplia experiencia trabajando en los lucrativos negocios de fraude de Medicare de Miami.

Había cumplido dos años de cárcel una década antes por fraude y enfrentaba nuevos cargos por sospecha de servir de reclutadora de pacientes en otra pandilla, que según la fiscalía, estafó millones al programa gubernamental. Y antes de que empezara el proceso de ese caso, Robaina fue sentenciada a pasar tres años tras las rejas por haberle avisado al cabecilla del grupo, de modo que él pudo evadir a los agentes del FBI que fueron a arrestarlo a la consulta dental de Hialeah donde él trabajaba.


Pero Robaina, de 49 años, estaba también a punto de ser abuela. De modo que, en la primavera del año pasado, un juez federal aprobó su solicitud de posponer su entrada a la cárcel para que pudiera estar presente en el nacimiento de su nieto. Se suponía que ella se entregaría en junio.

En lugar de eso, abuelita se dio a la fuga, probablemente a Cuba. Ese país ha sido por mucho tiempo una popular ruta de escape para los fugitivos de fraude al Medicare. Durante la última década, docenas de acusados han buscado refugio en la isla comunista al encarar cargos criminales en Miami.

“Ella tenía una cita conmigo, pero nunca se presentó”, dijo su abogado defensor David T. Alvarez, quien obtuvo su fianza y su posposición de entrada a la cárcel con el apoyo de la fiscalía federal. “Pero no creo que ella haya huido. No tiene ningún sentido, porque ella había jugado un papel de poca importancia en el caso principal”.


No obstante, agentes del FBI que siguen la pista a este tipo de fugitivos sospechan que Robaina huyó a Cuba siguiendo los pasos del líder de una red de farmacias de Miami-Dade, Pedro Torres, y tres de sus socios. Se sospecha que esos cuatro acusados huyeron a Cuba antes de enfrentar un encausamiento de fraude al Medicare por valor de casi $17 millones en abril del año pasado.

La oficina de campo del FBI en Miami estima que hay alrededor de 160 acusados fugitivos de la justicia de casos activos de fraude al Medicare en el sur de la Florida. En conjunto, se acusa a los fugitivos de robar cientos de millones de dólares al programa de Medicare para personas ancianas y discapacitadas, financiado por los contribuyentes, por medio de presentar reclamaciones falsas por toda una variedad de servicios fraudulentos que incluyen suministros médicos, fisioterapia y fármacos por prescripción facultativa.

Casi todos los fugitivos son inmigrantes nacidos en Cuba que huyen a Cuba, México, República Dominicana y otros países de habla hispana para evadir juicios federales. Con excepción de Cuba, varios países que tienen tratados de extradición con Estados Unidos han colaborado con las autoridades federales en la captura y devolución de fugitivos por fraude al Medicare. Pero la mayoría de las veces el FBI simplemente tiene un golpe de suerte cuando los fugitivos tratan de regresar a Estados Unidos.


Durante la última década, el FBI ha capturado a más de 60 fugitivos por fraude al Medicare, la mayoría de los cuales fueron detenidos en el Aeropuerto Internacional de Miami cuando trataban de entrar de nuevo al país. Desde finales del 2013, la cifra de arrestos de fugitivos ha subido drásticamente en alrededor de 25, de acuerdo con los archivos del FBI.

“Una de dos: ellos vienen voluntariamente sabiendo que van a ser arrestados, o vienen sin saber que los están buscando porque han sido acusados en un encausamiento bajo sello”, dijo el agente especial del FBI Bryan Piper, veterano del equipo de fraude al sistema de salud en el sur de la Florida.

Efectivamente, una estrategia clave para impedir que delincuentes de fraude al Medicare se den a la fuga es presentar encausamientos bajo sello, de modo que los que están siendo blanco de las investigaciones no descubran que los están buscando antes de escapar del sur de la Florida.

Pero, aun cuando escapan, los fugitivos pueden ser detenidos cuando viajan en barco de Cuba a los Cayos de la Florida, como en el caso de Jorge L. Portillo, quien fuera detenido en marzo del año pasado tras haber estado fugitivo de la justicia desde el 2009. O cuando trataban de cruzar de México a Texas en la frontera del suroeste, como sucedió con Joel Fuentes, quien resultó arrestado en septiembre tras haberse dado a la fuga en el 2008.


Portillo, de 40 años, fue sentenciado en agosto a dos años de cárcel luego de declararse culpable de conspiración para estafar al Medicare como “propietario nominal” de una compañía de equipos médicos duraderos de Miami que presentó reclamaciones falsas por valor de $2 millones y cobró $927,000 en pagos hace una década.

Fuentes, de 51 años, se declaró culpable en diciembre del mismo delito de fraude al Medicare como operador de una clínica terapéutica de Miami que presentó reclamaciones fraudulentas por valor de $3.5 millones por transfusión de fármacos a través de una compañía de atención médica asistida, y recibió $2.3 millones hace una década. El que fuera socio de negocios de Fuentes, Julio C. Martín, de 42 años, está fugitivo y se cree que se oculta en Cuba.

Robaina, la abuela, y otros cuatro acusados en su pandilla de fraude farmacéutico en Miami-Dade son los fugitivos más recientes que se cree han escapado a Cuba.

Robaina, quien ya había cumplido dos años en un caso anterior de fraude al Medicare del 2005, regresó a las pandillas de fraude de atención médica de Miami como reclutadora de pacientes. En el 2011, estuvo entre un grupo de reclutadores que suministraban beneficiarios de Medicare a una cadena de 10 farmacias de Miami-Dade controladas por Pedro Torres, quien pagó sobornos a partir de sus ganancias de $16.7 millones en pagos de Medicare por fármacos por prescripción facultativa que no fueron suministrados a paciente alguno, de acuerdo con un encausamiento.


En septiembre del 2015, tres agentes del FBI, entre ellos Piper, recibieron una denuncia de que Torres estaba en una consulta dental de Hialeah y se presentaron allí para arrestarlo. Pero Torres consiguió escapar cuando una empleada de la consulta, Robaina, creó una distracción. Ella gritó que el sospechoso había salido corriendo por el pasillo y había salido a la calle.

Los agentes nunca consiguieron encontrar a Torres, de 44 años, ni tampoco a tres de sus asociados en la pandilla farmacéutica: Mario Saúl Lay y Ariel Núñez Finalet, ambos de 51 años, así como Antonio Hevia, de 53, quien había sido declarado culpable de fraude al Medicare en el 2005. Estos cuatro sospechosos consiguieron escapar antes de que el encausamiento –donde se mencionaba un total de 18 acusados, incluyendo a Robaina– fuera presentado en abril del año pasado.

Robaina, quien compartía con Torres una vivienda en North Bay Village, desapareció en algún momento de la primavera pasada – luego que su abogado le consiguiera una posposición de su entrada a la cárcel por un juez federal por su condena por complicidad en el incidente de la consulta dental. Robaina, a quien se le había ordenado entrar a la cárcel el 10 de mayo del 2016, solicitó una extensión ya que el nacimiento de su nieto estaba planificado para 10 días más tarde. El juez de distrito federal Donald Middlebrooks la autorizó a entregarse el 10 de junio.


La extensión concedida por Middlebrooks — así como una baja fianza que Robaina había recibido de parte de otro juez por su papel como reclutadora de pacientes en el caso principal de las farmacias — fue algo inusual teniendo en cuenta la severidad con que los jueces y fiscales federales tratan en el sur de la Florida a los delincuentes de Medicare, en particular aquellos que tienen lazos con Cuba y podrían escapar fácilmente.

Y, como ha pasado anteriormente en algunos casos, Robaina desapareció.

Su abogado, Alvarez, dijo que él se había puesto en contacto con el hijo de Robaina, quien le dijo que ella no estaba en casa. “El me dijo que el pitbull de ella había sido llevado a una perrera”, dijo Álvarez. “Eso fue lo último que supe de ella”.

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