Sur de la Florida

Niegan acusaciones de David Rivera contra fiscal federal

El ex representante federal David Rivera habla con periodistas en una foto de archivo del 2012.
El ex representante federal David Rivera habla con periodistas en una foto de archivo del 2012.

El ex representante federal David Rivera se escribió un memorándum a sí mismo el año pasado que presentaba la prolongada investigación criminal en su contra como una cacería de brujas política, y describía al fiscal principal como un abogado ambicioso que ponía su carrera por delante de su ética.

Pero el contenido del memo parece ser en gran medida ficticio, por lo menos en lo que se refiere a las alegaciones de Rivera en contra del veterano fiscal federal Thomas J. Mulvihill. Dos hombres cuyos nombres aparecen en el explosivo memo declararon al Miami Herald que lo que se dice en él sobre que ellos hablaron con Rivera y Mulvihill hace algunos años para planear la trayectoria futura del abogado con objeto de convertirse en fiscal federal en el sur de la Florida es una invención.

“Puedo garantizarles que ese tema nunca salió a colación”, dijo uno de los hombres, Félix Rodríguez, ex agente de la CIA y presidente de la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos.

“David se equivocó de carrera”, dijo el otro, Sergio Pereira, cabildero de mucho tiempo que fuera administrador del Condado Miami-Dade. El lo comparó con un célebre autor entre cuyas obras de ficción se cuenta una novela sobre Miami: “El es todo un Tom Wolfe”.

El memo alega que Mulvihill, mientras investigaba a Rivera por sospechas de evasión de impuestos en el 2012, quería que el representante hablara bien de él a un amigo de Rivera, el senador republicano Marco Rubio, quien tiene el poder de recomendar candidatos para el puesto de fiscal federal. Rivera nunca habló con Rubio de la petición de Mulvihill, de acuerdo con el memo.

La existencia del memo fue revelada por primera vez por la ex novia de Rivera, Ana Alliegro, en un artículo del Herald el mes pasado luego que Alliegro implicara a Rivera en un fraude de finanzas de campaña ante un gran jurado federal. Ella sugirió que Mulvihill estaba dando largas al encausamiento de Rivera porque el ex representante podría dar a conocer las turbias alegaciones expuestas en el memo. El Herald, que consiguió el memo en febrero, se lo enseñó a varias de las personas mencionadas en el mismo para ver su reacción ante él.

Aunque su investigación se ha prolongado por casi dos años y medio, la fiscalía federal todavía se propone encausar al republicano Rivera de financiar en secreto la campaña de un candidato sin renombre alguno a las primarias demócratas al Congreso del 2012 , según fuentes familiarizadas con el caso. Dichas fuentes afirman que la investigación ha avanzado a un paso glacial porque Mulvihill y agentes del FBI han tenido que corroborar cuidadosamente el testimonio de Alliegro, quien es vista como un testigo colaborador poco confiable debido a su historial de comportamiento errático.

Una señal de que el memo de Rivera no ha tenido un impacto significativo en la investigación, Mulvihill continúa al frente del caso de corrupción política a pesar de las dudas sugeridas por el memo sobre su ética personal. La fiscalía federal ha dicho que las alegaciones en contra de Mulvihill, de 63 años, oriundo de Chicago, son “completamente falsas”.

Pero, como en muchas de las historias que tienen que ver con Rivera, dilucidar la verdad puede resultar difícil.

Rivera, de 49 años, se negó a dar una entrevista oficial para esta historia. Mulvihill no respondió a varios mensajes dejados en su teléfono celular.

Rodríguez y Pereira niegan la veracidad de la parte del memo dedicada a Mulvihill. (Otra sección narra los tratos de Rivera con Alliegro y Justin Lamar Sternad, el candidato novato a las primarias demócratas del cual Alliegro afirma que Rivera le dio instrucciones de apoyarlo con donaciones secretas. Tanto Sternad como Alliegro se declararon culpables y pasaron tiempo en la cárcel.)

De acuerdo con el memo, Rivera y Mulvihill asistieron como invitados a una fiesta de cumpleaños celebrada en junio del 2011 por Camilo Padreda, antiguo agente del ex presidente cubano Fulgencio Batista y ex informante del FBI, quien fuera convicto de delitos de mayor cuantía. El memo afirma que Mulvihill, quien estaba investigando las finanzas de Rivera, dijo al representante durante la fiesta que se sentía “disgustado y decepcionado” de no haber sido nombrado fiscal federal durante la presidencia de George W. Bush.

“Antes de abandonar la fiesta, el señor Mulvihill estuvo en mi compañía con el señor Padreda mientras el señor Padreda abogaba a favor de que el señor Mulvihill fuera nombrado fiscal federal”, afirma el memo. “También estuvieron presentes en esta conversación los señores Félix [Rodríguez], Sergio Pereira y Pedro Peláez”.

Pereira dijo que él asistió a la fiesta. Pero aseguró al Herald que ninguna conversación de ese tipo sobre Mulvihill salió a colación en ningún momento. Tanto Rivera como Mulvihill asistieron a la fiesta, dijo Pereira, pero “no tengo recuerdo alguno de haber participado en una conversación que abogara porque Tom Mulvihill fuera propuesto [al puesto] de Fiscal federal”.

Agregó que el memorándum “no tiene pies ni cabeza”.

“¿Por qué Tom Mulvihill pediría a David Rivera que le hiciera un favor mientras lo estaba investigando?”, dijo Pereira, quien describió al fiscal como “un hombre franco y directo”.

Rodríguez admitió asimismo que él, Mulvihill y Rivera estuvieron presentes en la fiesta de Padreda. Pero negó que ninguna conversación sobre las ambiciones de Mulvihill hubiera tenido lugar.

Rodríguez negó además otra alegación hecha en el memo: que él y Padreda se encontraron con Rivera para almorzar en un Denny’s en Bird Road en el verano del 2012 para pedir al representante que concertara un encuentro de Mulvihill con Rubio.

“Nosotros almorzamos juntos, pero no hablamos nada sobre el señor Mulvihill”, dijo Rodríguez, y agregó que no podía recordar de qué hablaron. El mencionó el apoyo de Rivera para conseguir fondos para el museo de la Brigada 2506 en La Pequeña Habana, aunque esto sucedió antes de que Rivera entrara al Congreso.

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