Sur de la Florida

El anuncio de Trump sobre Cuba fue en el Teatro, pero el espectáculo fue a una cuadra

Partidarios del presidente Trump estuvieron en la calle Flagler el viernes durante el discurso.
Partidarios del presidente Trump estuvieron en la calle Flagler el viernes durante el discurso. sballestas@miamiherald.com

Para anunciar su nueva política hacia Cuba, el presidente de Estados Unidos Donald Trump eligió el Teatro Manuel Artime, en el icónico barrio de La Pequeña Habana, en Miami. Pero afuera, a una cuadra, fue donde se desarrolló el verdadero espectáculo, desde la mañana del viernes.

En una esquina de la calle Flagler y la avenida 9, se reunió un grupo de simpatizantes de Trump y de políticas más duras hacia la isla. Los de costumbre, como Vigilia Mambisa, llegaron temprano y colgaron una enorme bandera cubana. Algunas señoras iban ataviadas de pies a cabeza de color rojo y con la bandera de EEUU, otros llevaban gorras y camisetas con el eslogan de campaña de Trump: “Make America Great Again”.

En la otra esquina, detractores de Trump –desde demócratas hasta socialistas– se aglomeraron para gritar consignas por sus respectivas causas. “Enciérrenlo”, “Investíguenlo”, “Trump hijo de Putin”, decían algunos carteles, en alusión a la pesquisa sobre la presunta intervención de Rusia en las elecciones de EEUU.

Ambos grupos, parados detrás de barreras de metal, se gritaban consignas e insultos desde altoparlantes, y aunque cerca de una decena de agentes de la Policía de Miami trataba de evitarlo, de vez en cuando alguien del bando contrario corría a provocar al otro lado.


Para añadir drama a la batalla, la lluvia inundó los huecos en la calle Flagler, que está rota desde hace más de un año debido a las obras interminables que realiza el Departamento de Transporte de Florida. Las decenas de periodistas y camarógrafos que se reunieronen el humilde barrio, corrían entre la arena mojada y los conos anaranjados para transmitir los gritos de un lado y del otro.

Una reportera de televisión que casi se cae en un charco mientras corría en zapatos de tacones, declaró que aquello parecía una zona de desastres.

Un hombre canoso y de piel tostada, se paró en medio de los dos bandos, como intentando decidir a cual unirse. Era difícil determinar a qué grupo pertenecía: su camiseta roja tenía enfrente la frase “No todos los cubanos somos rubios”. Terminó uniéndose a los que no gustan de Trump.


Una señora alta, pelirroja, vestida de rojo y altísimos tacones, saltaba de charco en charco cantando con voz chillona el himno de Estados Unidos a los críticos del presidente.

“Yo amo a América, al que no quiero es a Trump”, le contestó en inglés un barbudo de mediana edad, cubierto con un impermeable azul, que cargaba un poster con las palabras “No al régimen fascista e ilegal Trump-Pence”.

Cuando las cámaras se acercaban, los del lado contrario a Trump empezaban a gritar “Not my president!” “No es mi presidente”. Una señora del bando contrario echó mano al altoparlante y, en inglés, respondió a sus contrincantes: “Si no es tu Presidente vete!” “Que hacen aquí? De todos modos no los queremos”, “Váyanse a Cuba, Venezuela”, “Ciudadanos malagradecidos”.

Un manifestante que abogaba a favor del Presidente porque “Lo que sea que vaya a anunciar, yo estoy de acuerdo”, dio en español un discurso homofóbico y racista, sugirió que el gobernante Raúl Castro es gay, y dijo que el ex presidente Barack Obama debe “padecer del mismo mal, también es afeminado”.

Poco después, en ingles, alguien del grupo dijo que sentía la necesidad de aclarar que “aquí somos tolerantes y no juzgamos a nadie por ser gay”, o por su color de piel.

Paró la lluvia y al grupo de los que no quieren a Trump se unieron cuatro personas con carteles alusivos al Movimiento 26 de Julio, una organización política y militar cubana creada por Fidel Castro.

Alex Suárez llegó con una camiseta roja con el rostro de Ernesto “Che” Guevara y una boina negra. Dijo que es peruano-americano, de 32 años de edad y socialista.

Álex Suárez, un hombre peruanoamericano de 32 años, protesta en contra del presidente Donald Trump en Miami, luciendo una camiseta con la imagen de Ernesto Guevara.

“Mi familia quiere ir a Cuba a vacacionar y ahora no podemos ir. Eso es una violación de nuestros derechos. Y peor, el bloqueo contra Cuba, eso no está bien ni para los americanos ni para los cubanos”, declaró Suárez a los medios. “La mayoría de los cubanos de Miami está en contra del bloqueo. [Trump] representa una minoría de extremistas de derecha”.

–Y, ¿qué piensa sobre las violaciones de derechos humanos en Cuba?

–Bueno–, titubeó Suarez. –Si vas a comparar con Arabia Saudita. Y Arabia Saudita ahora son amigos de Trump.

–Pero, sin compararlos… ¿qué crees de los derechos humanos en Cuba?

–Tendría que viajar yo allí, porque sería mi primera vez. Por lo que sé, están exagerando mucho los medios, allá y en Venezuela. Es importante mantener los derechos humanos. Tendría yo que confirmar, investigar y viajar allá.


“Pobre hombre, no sabe lo que está diciendo”, comentó Michelle Cooper, de 88 años de edad y quien dejó Cuba en su juventud, en el 1960. “Yo regresé [a Cuba] en los [19]80 a tratar de sacar un sobrino, y ahí fue donde yo vi lo que es el comunismo. Destruyeron el país”.

Parada en una esquina alejada de los gritos, Cooper dijo que confía en que Trump, como hombre de negocios, consiga un “mejor acuerdo” con Cuba, que obligue a la isla a “dar más de lo que pidió Obama, que no pidió nada”.

Dijo que le gustaría que en Cuba se libere a los presos políticos, que el dinero de inversiones privadas llegue a empresas privadas y no gubernamentales, y que se celebren “elecciones libres”.

Poco después el grupo a favor de Trump aplaudió y gritó eufórico, al escuchar, en transmisión radial, al vicepresidente Michael Pence decir “Viva Cuba libre”. Otra vez se escucharon gritos de apoyo y aplausos cuando Trump declaró que ama a Miami (aunque la temperatura “estuviera a 110 grados” en el Teatro Artime, según el presidente).

Pero poco se pudo escuchar del discurso en la esquina de la Flagler. Los del bando contrario prendieron sirenas e hicieron sonidos con altavoces para bloquear la voz de Trump.

Jorge Zaldívar, de 21 años, no está de acuerdo con el sistema político cubano. Pero tampoco favorece que Trump eche para atrás algunos de los cambios hacia el país implementados por Obama.

Trump anuncia cambio de política y lanza un duro mensaje al gobierno de Cuba.

Zaldívar emigró desde la isla a España, con sus padres, a la edad de 10 años. Cuando tenía 13 la familia viajó a México y desde allí cruzaron a pie la frontera hasta EEUU. La mayoría de sus familiares sigue en Cuba.

“Solo la apertura y la inversión del sector privado va a cambiar la realidad de Cuba”, opinó Zaldívar, quien está a favor del diálogo, no sólo entre gobiernos, sino también entre cubanos de opiniones divididas.

“Yo creo que cuando nos pintan a todos como comunistas de este lado, por cuatro o cinco personas que están aquí con carteles del Movimiento 26 de Julio, o como gusanos del otro lado por unos pocos que están gritando insultos, eso no ayuda a resolver el problema”, opinó Zaldívar. “Al final, de los dos lados queremos ayudar al cubano de a pie y cambios para Cuba”.

Detrás de Zaldívar, un hombre lideraba una consigna: “Cuba sí, bloqueo no!”. El joven ignoraba los gritos y se mantenía pendiente a su celular, siguiendo información del discurso de Trump.

“Ah, mira lo que anunció, que buscará mejorar el acceso a internet en Cuba”, dijo complacido. “Eso es bueno, porque los movimientos sociales como el Arab Spring demuestran que el internet ayuda a generar esos cambios”.

Se acercaba el final del discurso del presidente, y del otro lado sus simpatizantes aplaudían y gritaban a todo pulmón. Ya había salido el sol y la gente empezaba a alejarse del área, cuando una mujer rubia, vestida de negro y con la bandera de EEUU amarrada del cuello, se acercó al bando de los seguidores de Trump, con una lata de spray, y empezó a rociar desinfectante.

Con su retórica más dura para hablar de Cuba hasta la fecha, el presidente Donald Trump anunció el viernes lo que considera una “cancelación total del mal acuerdo con el régimen cubano”, ante una entusiasmada audiencia cubanoamericana reunida en e

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