Sur de la Florida

Rodiles tocará en concierto pro oposición cubana

El baterista y percusionista Guillermo García Rodiles, que suma una extensa carrera como acompañante de emblemáticas estrellas del rock, ofrece ahora su arte para ayudar a la oposición en la isla
El baterista y percusionista Guillermo García Rodiles, que suma una extensa carrera como acompañante de emblemáticas estrellas del rock, ofrece ahora su arte para ayudar a la oposición en la isla el Nuevo Herald

El baterista y percusionista Guillermo García Rodiles, un curioso residente de Coconut Grove que ha tocado con algunas de las leyendas más importantes del rock and roll, integra el trío Los Rodiles, junto a sus hijos: Mikel, pianista, guitarra, cantante y autor de casi todos temas, y Willian, el bajista de la banda.

Los Rodiles se presentan este domingo en el teatro Manuel Artime en un concierto, convocado por la Federación Internacional de Ex Presos Políticos Cubanos, que será un homenaje a Beny Moré. Eugenio Llamera, su presidente para la Florida, adelantó que están invitados Amaury Gutiérrez, Carlos Oliva y Omar Hernández. La recaudación será para la ayuda que la Federación brinda al movimiento opositor en Cuba.

García, quien grabó en la década de los 1960 con varias estrellas del rock, dijo que tocarán temas del disco My Life, el que incluye el sencillo Encontraré, a la venta actualmente en iTunes. Los otros temas son Make it Up, Change For Change, Make It Possible, Davi, Give Me Life y Tonight.

“Estamos tratando de hacer un crossover, pero al revés”, dijo al referirse al tema en español Encontraré, “que ha tenido una aceptación tremenda.”

A pesar de que dejó Cuba en 1968, fue parte de una leyenda urbana en su tierra natal, pero que resultó ser cierta: de niño estuvo en la Sierra Maestra con su familia como parte de la guerrilla de Castro. Más tarde, al venir a Estados Unidos tocó con el grupo Chicago, y su nombre aparece en los créditos de varios discos premiados.

“Mi niñez fue muy tenebrosa, no me dejaron ser niño. Mis primeros años transcurrieron entre operaciones clandestinas y transportando explosivos. No fue normal”, recuerda García Rodiles, que nació en Guantánamo, y aprendió a leer y escribir en una academia norteamericana, primero en inglés que en español. Su madre y su tías se unieron a la guerrilla de Raúl Castro y se lo llevaron con ellas. Antes de cumplir los 10 años ya le habían regalado un fusil M1.

“Pero tuve la suerte, agrega, de darme cuenta bien temprano de que la Revolución nos había engañado a todos. Cuando me convencí de que aquello era una farsa, y una mentira, empecé a rebelarme poco a poco. Estuve detenido varias veces”, cuenta el músico, cuyo primer desencanto del comunismo le vino por la prohibición del rock and roll. Elvis Presley y Bill Haley sus ídolos de la juventud estaban prohibidios. Para escuchar I Wanna Hold Your Hand, In My Life, Roll Over Bethoven o Help, de Los Beatles, tenía que esconderse.

De esa época recuerda que tuvo problemas en el servicio militar. Junto al hoy actor Orlando Casín se negaron a cavar unas trincheras, y los mandaron al calabozo. “Pero como no había calabozo y estábamos tan flacos, nos encerraron en unas cajas de proyectiles de 57 milímetros”, apunta.

“Cuando me di cuenta de que no podía irles de frente porque me iban a pasar por arriba, comencé a actuar, a aparentar que aquello me estaba gustando, me paseaba con libros de Marx y Lenin debajo del brazo, hasta que los convencí. Me dejaron entrar en la marina mercante, y en mi primer viaje a Canadá, me quedé”, recuerda sobre su punto de partida como exiliado.

En la actualidad, vive en una “finquita” en Coconot Grove, como llama a su pequeña propiedad. Pasó su juventud en uno de los mundos más intensos y creativos de la época de oro del rock and roll, pero asegura que no ha perdido su cubanía. En el patio de su casa crecen árboles de mangos, frutabombas, aguacates y una mata de moringa. “Se hace un té excelente, es muy bueno”, afirma.

Usa una argolla de oro en el lado izquierdo, espejuelos Ray Ban, camiseta sin mangas, un pantalón deportivo y sandalias Crocs. En las paredes de su pequeño estudio cuelgan las portadas de los discos más importantes, todos oro y platino, en los que participó como músico. Las imágenes de San Lázaro, la Virgen de la Caridad y un chequeré afrocubano alternan con una foto suya junto a Bill Wyman, baterista de los Rolling Stones, y otra en la que Gary Kellgren, propietario de los estudios Record Plant, aparece junto a Jimi Hendrix, probablemente en una sesión de mezcla del disco Electric Ladyland (1968).

“Con Bill Wyman grabé Monkey Grip (1974) y Stone Alone (1976), explica. Con el tiempo Gary se convertiría en mi gran amigo y en mi mentor. Gracias a esa relación conocí a Joe Walsh, el guitarrista de Eagles, quien me invitó para tocar las congas en su disco So What. También grabé con Stevie Wonder y con Ray Manzarek, el tecladista de The Doors. Stevie me pagó muy bien”, comenta sonriendo, “pero a Ray tuve que caerle atrás para que me pagara”.

Su entrada a las grandes ligas de la música llegó una noche cuando tocaba bateria con una banda local en una discoteca de Miami Beach. “Un cubano amigo mío me dijo que tenía un encargo para Stephen Stills, líder del grupo Manassas, e integrante de Crosby, Stills and Nash. Me pidió que lo acompañara al hotel. Yo al principio no quería ir, pero el insistió, y por ahí empezó todo.”

“Cuando llegamos Stephen estaba escribiendo una canción en español que se llamaba Pensamiento, dedicada a Véronique Sanson, su primera esposa. Agarré una guitarra, le di la vuelta y comencé a acompañarlo improvisando una conga. Le sugerí una letra que decia Oye mulato, la verdad es que las mujeres son más malas que los hombres…, algo así, y a él, que entendía un poco de español, aquello le encantó. Me invitó a que fuera al día siguiente a la grabación de su disco Manassas II, y allí conocí a Dallas Taylor, Joe Lala, Chris Hillman, Al Perkins, y Paul Harris. Estuve siete días metido en el estudio”, cuenta refiriéndose a una serie de músicos de rock.

“Yo no tenía familia”, recuerda, “así que andaba con ellos por Miami pa’ arriba y pa’ abajo. Cuando regresaron a Los Angeles, agarré un minivan viejo que tenía y salí disparado atrás. Allá me encontré de nuevo con Stephen [Stills], él me presenta al productor James William Guercio, que me contrató para tocar las congas y la percusión del álbum Chicago VII. ¿Tú te imaginas eso? ¡Por primera vez me sentía que estaba haciendo lo que había querido hacer en mi vida!

En su página de Facebook tiene una foto tomada en 1973 durante una gira. “Fuimos por Europa, Alemania, Inglaterra y Francia y terminamos en Estados Unidos. Luego en 1974, Robert Lamm, el tecladista de la banda, y autor de Beginning, Saturday in the Park, 25 or 6 to 4 y Dialogue, me invitó a grabar Skinny Boy, su primer álbum en solitario”.

Durante una sesión de grabación en los estudios Record Plant salió al pasillo en un descanso, se asomó al cristal de una cabina y pudo ver a John Lennon y a Ringo Starr adentro. “Los Beatles? Ahora sí!…Una asistente de los estudios que me vio respirando contra la puerta, me dijo: trae tus cosas y toca con ellos. Tú estás loca, yo no puedo meterme ahí, así”, le dije. Pero Ringo, que había salido, y estaba detrás de mí escuchando la conversación, me tocó por el hombro y me dijo: “Sí, dale, trae tus congas”.

Dice que que no sabe qué hicieron con las cintas de aquella sesión, pero siempre la recordará entre las experiencias más importantes de su carrera. Lennon, que tenía fama de tipo difícil en las grabaciones, se portó de maravilla. “Conmigo fue muy cordial, respetuoso, muy sencillo, como uno más allí. Y Ringo lo mismo, luego durante años me lo he encontrado en varios lugares, y siempre me saludó con mucho afecto y sencillez.”

En Record Plant también conoció al baterista Joe Vitale, a quien siempre tendrá como su maestro. “El me animó y me enseñó a tocar batería, y luego me invitó a participar en su álbum Roller Coaster Weekend.

El nombre de García Rodiles aparece en varias páginas y listas en internet especializadas en la música norteamericana, como www.allmusic.com. Sin embargo, en los últimos tres años se ha dedicado a grabar con sus hijos y a tocar en lugares céntricos y en esquinas del area de CocoWalk, algo que asegura está disfrutando ahora mucho más que cuando vivía metido en los estudios de Los Angeles, rodeado de leyendas.

Guillermo García y Los Rodiles, domingo 7, 3 p.m., en el teatro Manuel Artime, 900 SW 1 St., (305) 575-5057.

  Comentarios