Sur de la Florida

Un asesinato pone bajo escrutinio hogar para enfermos mentales

Dos hombres descansan en el patio de la nueva residencia Greenview II, del 2650 NW 15th Ave. en Allapattah al oeste de Wynwood, tiene a los vecinos preocupados.
Dos hombres descansan en el patio de la nueva residencia Greenview II, del 2650 NW 15th Ave. en Allapattah al oeste de Wynwood, tiene a los vecinos preocupados. Miami Herald

Eddy Campos era un pobre vendedor callejero de frutas en Miami.

Conocido como el Sordo, él vivía en una caseta del tamaño de una perrera en una calle pobre de Wynwood, a pocas cuadras pero a un mundo de distancia de los restaurantes de moda y las galerías de arte del barrio. El rústico cobertizo estaba ubicado en el patio trasero de New Greenview II, un centro de vida asistida (ALF) para personas con enfermedades mentales.

Campos murió allí el mes pasado, de una cuchillada en la garganta, que de acuerdo con la policía le propinó un vagabundo esquizofrénico ubicado en el centro por el sistema judicial de Miami-Dade. Su sangriento fin pone de manifiesto algo que los vecinos sabían hace mucho tiempo: Greenview es un lugar peligroso.

Los residentes del centro vagan cotidianamente por las calles, registrando los latones de basura, rompiendo las ventanas de los carros o discutiendo entre sí. Una adolescente se quejó hace poco de que un residente le enseñó los genitales. A pesar de que las leyes locales lo prohíben, dos delincuentes sexuales viven en el hogar, que queda a una cuadra de Pablo Duarte Park y dos escuelas primarias.

La policía de Miami ha sido llamada al hogar 99 veces sólo en los últimos dos años, según los archivos, para lidiar con todo tipo de cosas, desde trifulcas entre residentes a residentes fugados o con ataques de nervios.

La Agencia de Administración de la Atención Médica de la Florida (AHCA) ha ordenado ahora a Greenview que ponga sus asuntos en orden. Tras el acuchillamiento de Campos, la agencia concluyó que Greenview — con cerraduras defectuosas, mala tenencia de archivos y escasa supervisión — “no brindaba a sus residentes un ambiente con la protección adecuada”.

Su asesinato ha puesto, además; en tela de juicio si Greenview, un centro con licencia estatal que ha recibido penalidades por numerosas violaciones durante años, está haciendo lo suficiente para proteger también a sus vecinos.

El hermano del asesinado, Marcelo Campos, continúa indignado: “Ellos son pacientes de enfermedades mentales. No hay razón alguna para que tengan armas ahí”.

Pero el operador del hogar, Nelson Martin, defendió la supervisión que se da a los residentes y rechazó acusaciones de que el centro represente una amenaza a la comunidad.

“Él consiguió el cuchillo en la calle”, dijo Martin. “La cocina está bajo seguridad”.

El sospechoso del asesinato, Roberto Echevarría, de 58 años, tiene un largo historial de delitos menores y problemas mentales y está en la cárcel en espera de juicio. A principios de este mes, la fiscalía de Miami-Dade presentó cargos formales de homicidio de segundo grado en su contra.

Problemas en los ALFs de la Florida no son nada nuevo. El Miami Herald publicó en el 2011 una serie, “Abandonados a la muerte” (“Neglected to Death”), relatando innumerables casos de conducta impropia y malas condiciones de vida en centros de todo el estado. Hasta el momento, los legisladores no han aprobado varias reformas propuestas al sistema.

La práctica de albergar a criminales con enfermedades mentales en ALFs — para que no languidezcan en una cárcel — presenta retos únicos. Pero los asesinatos son raros, y el último tuvo lugar en el 2008 en North Miami-Dade.

Pero, incluso antes de la muerte de Campos, la policía de Miami visitaba el centro con regularidad. Desde el inicio del 2013, policías respondieron a 27 reportes de “disturbios” y 25 veces vinieron por “intervención en una crisis”, que significa encerrar a alguien en un centro psiquiátrico porque representan un peligro para sí mismos u otros.

Y 15 veces la policía ha respondido a reportes de que residentes del hogar han desaparecido. Eso incluye al delincuente sexual Martin Torres, quien según su expediente requiere fuertes medicinas. El fue encontrado dos días más tarde.

Greenview, ubicado en 1650 NW 15 Ave., tiene licencia estatal para albergar hasta 14 personas con enfermedades mentales. Según la ley, los residentes pueden salir y entrar libremente, pero el centro tiene que tener una idea “general” de su paradero.

El año pasado, una inspección estatal concluyó que Greenview “carecía de programa de actividades en curso” para sus residentes, y que los empleados ignoraban casi todo el tiempo a los residentes, quienes fueron “observados sentados por el edificio principal mirando televisión o afuera fumando cigarrillos”.

El centro asimismo “no tiene un ambiente seguro y limpio para la protección de los residentes”. Había latas de cerveza y colillas tiradas por todas partes. El inspector notó que la pintura se estaba descascarando, que había piezas rotas en el cielorraso y un enchufe eléctrico con los cables expuestos.

La inspección tuvo resultados similares a otra hecha en marzo del 2012, que presentó otra lista de problemas: ventanas rotas, moho en las habitaciones, cerraduras rotas, y comida podrida y echada a perder en el refrigerador y el congelador. En marzo del 2011, una inspección concluyó que el hogar no brindaba a los residentes camas apropiadas, no “aseguraba la exactitud” de las dosis de sus medicinas y llevaba los papeles de una forma muy deficiente. Un empleado compartía el cuarto con un paciente.

Después de cada visita, el hogar “rectificó” los problemas, según documentos de AHCA.

Ninguna inspección pareció notar que la caseta destartalada en el patio trasero — con la forma de una perrera — servía de dormitorio a Campos.

Frank Del Toro, un hombre que aparece como encargado del centro en numerosos reportes policiales, dijo al Miami Herald que no había nadie viviendo en la caseta. “Aquí no vive nadie aparte de los residentes”, dijo Del Toro, quien negó además ser empleado del centro.

El operador del mismo, Martin, también insistió: “Ese hombre no vivía aquí”.

Pero al menos seis vecinos — además del sospechoso de asesinato Echevarría, en su entrevista con la policía — dijeron que Campos sí vivía allí. La policía vio un colchón y pertenencias dentro de la estructura, la cual fue demolida más tarde.

Varios residentes dijeron asimismo a un investigador de AHCA que Campos vivía en la caseta y “cenaba con regularidad en el comedor del centro”.

“Él vivía allí”, dijo el vecino Alfredo Álvarez. “Pobre hombre”.

Campos dijo a los vecinos que él pagaba $250 al mes por vivir en la caseta. Él vino a Miami hace unos 16 años. Él trabajaba como mecánico pero acabó cayendo en las drogas, el alcohol y viviendo en la calle.

Su hermano Marcelo había tratado varias veces de llevárselo a Texas. Pero Campos no podía abandonar Wynwood, donde era bien conocido por vender frutas y vegetales a residentes y negocios.

“Él nunca le respondía de mala forma a nadie. Él nunca tuvo enemigos”, dijo Raúl Maura, dueño de Esquina La Mía, un restaurante cercano que Campos frecuentaba.

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