Sur de la Florida

Cómo el alcalde Regalado cambió de opinión sobre el cambio climático

Tomás Regalado, alcalde de Miami, recorre zonas inundadas durante una marea particularmente alta en la ciudad hace unos días.
Tomás Regalado, alcalde de Miami, recorre zonas inundadas durante una marea particularmente alta en la ciudad hace unos días. ctrainor@miamiherald.com

Tomás Regalado está con el agua salada a la rodilla cuando un camión de FedEx avanza por la Avenida 10 del noreste, haciendo olas y mojándole los pantalones, a pesar de que tiene botas altas de goma.

A su alrededor, la marea alta y las fuertes lluvias han convertido el extremo sureste de Shorecrest, un vecindario de gente trabajadora de Miami, en una extensión de Little River. Antes del mediodía ya había colgado en Twitter fotos de las inundaciones en el distrito financiero de la ciudad, anunciado que el agua de la bahía ha superado los malecones y comparado las inundaciones del jueves por la mañana con las provocadas por el huracán Irma.


Durante un verano de fenómenos meteorológicos extremos, esto parecería ser la nueva situación normal en Miami, y también para el alcalde de Miami.

“A final de cuentas la ciudad va a tener que hacer frente a esto”, dice Regalado mientras una mujer y un niño se suben a un Jeep tras cruzar la calle con bolsas plásticas en los pies para no mojarse los zapatos. “Y la única manera que la ciudad puede hacerlo es con la emisión de bonos de deuda”.

Durante más de dos décadas en cargos públicos, Regalado ha desarrollado una carrera alrededor de posturas populistas creadas intuitivamente para llegar a una base electoral pequeña pero fiel que, a pesar de la inclinación progresista, se le parece mucho: hispana, mayor de edad y republicana. Como alcalde, reducir la tasa tributaria ha sido el principal tema de Regalado. No así lo mismo con el cambio climático.

Sin embargo, en sus últimos días en el cargo, aquí lo vemos en medio de una calle inundada haciendo campaña a favor de un nuevo impuesto para facilitar que el gobierno invierta $400 millones, la mitad de lo cual debe ser para proteger a la ciudad del aumento del nivel del mar, un tema que Regalado reconoce que no entusiasma mucho a su base electoral ni a su partido.

“Hay áreas que se inundan mucho. Lo que no sé es si la gente tendrá el incentivo para votar a favor de los bonos pensando que eso los protegerá”, le dijo al Miami Herald. “Para mí, es una batalla cuesta arriba”.


Pero la experiencia personal de Regalado lo hace creer que hay probabilidades de lograrlo.

El alcalde, un ex periodista de 70 años que llegó a Miami en 1962 desde Cuba como parte de la Operación Pedro Pan, ganó la alcaldía en el 2009 con una campaña simple basada en la idea de que Miami —que estaba profundamente afectada por la recesión y la crisis financiera a pesar de un histórico auge de la construcción— es una ciudad de clase trabajadora y no una metrópolis. Su plataforma se basó en el rechazo al enfoque de su predecesor, Manny Díaz, un demócrata que en ese momento era jefe de la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos.

El cambio climático no era parte de sus temas cuando los votantes eligieron a Regalado a un segundo período de cuatro años en el 2013. Pero eso comenzó a cambiar cuando su hijo más joven regresó a Miami y compartió lo que había aprendido sobre el cambio climático tras recorrer el mundo como fotógrafo submarino.

“Regresé a casa y comencé a levantarme a las 4 o las 5 de la mañana, cuando mi papá se levantaba; ese era el único momento en que podía hablar con él durante una hora. Le hacía café cubano, le imprimía material sobre el cambio climático y, poco a poco, se lo iba explicando”, dijo José Regalado, de 32 años. “Lo hacía todos los días, como las mareas. Poco a poco”.


Entonces, en el 2015, dice el alcalde, un viaje a Montreal y conversaciones con líderes mundiales de otros país lo ayudaron a poner en claro el nivel de crisis existencial de Miami. Para el 2016, Regalado ya estaba haciendo olas, cuando pidió a candidatos republicanos a la presidencia durante un debate nacional televisado que le dijeran a Miami qué pensaban hacer para combatir el aumento del nivel del mar. El mes pasado, cuando el huracán Irma se acercaba al sur de la Florida, llamó al presidente Donald Trump para hablar del cambio climático, alentándolo a establecer una relación entre el aumento de la temperatura de la superficie del mar y los huracanes, algo que sus contrapartes demócratas parecían poco dispuestos a tocar.

“Les faltaba valentía política”, dice.

Pero a Regalado ya no le queda mucho tiempo para convencer a los electores de la misma manera que su hijo lo convenció a él. Y aunque su activismo de última hora sobre el cambio climático le ha ganado cobertura nacional este verano, no ha hecho mucho en sus predios, donde la falta de atención al aumento del nivel del mar durante su gobierno ha dejado a la ciudad en una postura incómoda.

Hace cinco años, Miami pidió a una firma de ingeniería un estudio sobre el sistema de drenaje de aguas de tormenta y presentara un plan para guiar las mejoras al sistema de prevención de inundaciones. El documento es ahora una especie de hoja de ruta temporal para las necesidades de la ciudad en este sentido, que se calculan tienen un costo de $1,000 millones.


El plan es temporal porque tenía una falla crítica: no tomó en cuenta las proyecciones del aumento del nivel del mar. Shorecrest no se identificó como un vecindario con necesidades apremiantes de mejoras a pesar de que ahora sufre semanas de inundaciones por marea alta todos los años. Los planes para crear sistemas que dependen en lo fundamental de la gravedad sacar las aguas de las calles no contemplaron proyecciones sobre el manto freático dentro de 20 o 30 años.

De manera que mientras Regalado hace campaña por el bono de deuda, el gobierno municipal estudia qué firmas pueden formular un nuevo plan que detalle proyectos específicos que la ciudad necesita y cuánto dinero necesitará para ello.

“La gente vacila en aprobar que se gaste más dinero, sin importar de dónde vienen los fondos, especialmente cuando no hay rendición de cuentas”, dice Denise Gálvez Turros, candidata a la Comisión de Miami por el distrito que Regalado representaba antes de ser elegido alcalde.

El sentir en vecindarios hispanos como La Pequeña Habana y Flagami probablemente resulte crucial para la campaña de Regalado. Aunque los electores demócratas inscritos son el doble de los republicanos en la ciudad, una mayoría de esos electores viven las comunidades costeras, donde el aumento del nivel del mar suena más, pero no hay una carrera cerrada por la alcaldía o la comisión que los lleve a votar.

Mientras tanto, los republicanos votan más que los demócratas en las elecciones locales de Miami. Los vecindarios del oeste de la ciudad, donde este año hay elecciones activas a la comisión, son en lo fundamental hispanos, republicanos y de personas de más de 50 años, quienes además no quieren aumentos de impuestos. En ningún distrito es esta tendencia más clara que en el antiguo distrito de Regalado en la comisión.


Eso es un problema para el alcalde, porque los bonos de deuda se garantizarían con un nuevo impuesto a la propiedad. La deuda tendría que reestructurarse de manera que asegure que la parte del impuesto a la propiedad en Miami relacionado con la deuda no sea más elevado que el de ahora, una promesa incluida en la redacción de la boleta.

“Es claramente un impuesto, pero es incluso peor porque es un impuesto sin un plan. Ellos no saben qué van a hacer con el dinero, o cómo gastarlo va a afectar las inundaciones en el futuro”, dijo Eric Zichella, un cabildero local que pertenece a la Comisión de Finanzas de Miami, que se pronunció contra la emisión del bono de deuda. “Creo que el alcalde debe tener cuidado al hacer campaña por este impuesto impopular, porque puede terminar haciendo daño a su hijo”, agregó refiriéndose a Tommy Regalado, quien se ha postulado por al Distrito 3 a la Comisión.

Pero Jane Gilbert, la funcionaria municipal encargada de coordinar la respuesta de la ciudad al aumento del nivel del mar y la temperatura del mar, dice que la clave de impulsar la emisión del bono de deuda es reconocer los retos que enfrenta la ciudad y confiar en que Miami trabaja en los detalles para presentar un buen plan. Gilbert hace hincapié en que una junta pública supervisaría el gasto del dinero recaudado con los bonos de deuda. Y como son $192 millones, el dinero que se pide a los electores que aprueben sería en lo esencial la base para dar a la ciudad los recursos necesarios para comenzar proyectos urgentes, y en entretanto se buscarían otros recursos.


“Tenemos necesidades inmediatas para abordar nuestros problemas de riesgos de inundación”, dijo Gilbert una tarde a principios de agosto junto a una estación de bombeo que se construía en Brickell, que quedó completamente inundado durante fuertes lluvias que cayeron el día anterior. “El nivel del manto freático es más elevado y cuando nos afectan las tormentas todo el río y los canales tienen un nivel mayor de agua, al igual que la bahía”.

Para ayudar a vender la idea del bono de deuda, Regalado confía en la ayuda de un grupo sin fines de lucro llamado Seawall Coalition, que promete gastar $200,000 en una campaña informativa y la semana pasada estuvo en Miami recopilando material. Pero Regalado, quien desde hace décadas ha convencido exitosamente a los electores de Miami de que apoyen ciertos proyectos, realiza su propia campaña.

“He estado en Holanda, un país donde la población ha tenido que hacer frente al mar durante cientos de años. La única diferencia es que ellos hacen cosas”, dijo. “Nosotros no hemos hecho nada todavía”.

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