Sur de la Florida

Hijo de ex capo del cartel de Cali acusa a Netflix de manchar su reputación

Hijo de ex capo del cartel de Cali acusa a Netflix de manchar su reputación

William Rodríguez Abadía, hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, el ex capo del poderoso cartel de Cali, asegura que nunca fue un sicario de su padre, sino su abogado, y que se dedicó a librar una guerra jurídica en contra de Estados Unidos, y que la
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William Rodríguez Abadía, hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, el ex capo del poderoso cartel de Cali, asegura que nunca fue un sicario de su padre, sino su abogado, y que se dedicó a librar una guerra jurídica en contra de Estados Unidos, y que la

William Rodríguez Abadía, hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, el ex capo del poderoso cartel de Cali, asegura que nunca fue un sicario de su padre, sino su abogado, y que se dedicó a librar una guerra jurídica en contra de Estados Unidos, y que la perdió.


“Yo era el abogado de mi papá. En esa época Estados Unidos quería implantar una cantidad de proyectos en contra del narcotráfico, como el lavado de activos, el enriquecimiento ilícito de terceros, la extinción de dominio y la extradición. Al final lo lograron todo”, dice.

En entrevista con el Nuevo Herald, el confeso narcotraficante reaparece públicamente para rechazar Narcos, la popular serie de Netflix sobre la vida de Pablo Escobar, el ex capo del cartel de Medellín, en la que no solo representan a Rodríguez Abadía como “sicario, asesino”, sino en la que se “glorifica el narcotráfico”.

“Yo no era el sicario de mi padre. No puedo aceptar que me pongan como un criminal, asesino despiadado y psicópata”, enfatiza.

Tras reconocer que dentro del cartel de Cali se encargó de una guerra jurídica, evitando durante décadas la figura de la extradición en Colombia, de hacer lobby para sobornar a políticos y de estar al mando de la organización entre 1995 y 1997, Rodríguez Abadía critica que Narcos esté convirtiendo en héroes a los ex capos de la droga: “¿Qué diferencia hay entre Netflix y nosotros?”, se pregunta.


El colombiano, quien estuvo cinco años en una prisión federal en Carolina del Sur y vive desde hace siete en Miami con un parole (libertad condicional), asevera que luego de que su abogado le enviara una comunicación a Netflix, le respondieron que él es una figura pública, que habían recogido la información de los documentos judiciales y que no violaron nada en su contra.

Rodríguez Abadía, de 53 años, considera la opción de demandar pero asegura que no tiene el “dinero” para enfrentarse a un “monstruo como Netflix”. Afirma que lo “más importante es aclarar todos estos malos entendidos” y las más de 10 mentiras de la tercera temporada de Narcos, cuya audiencia se estima supera los 3.2 millones de usuarios en todo el mundo.


“Yo no huyo y siempre he dado la cara frente a los errores que cometí, me entregué, acepté, pagué una condena, poca o mucha pero fue la que el juez decidió”, expresa.

Esta no es la primera vez que ex narcotraficantes o familiares de los capos se enfrentan al gigante tecnológico por Narcos. El primero en hacerlo fue Roberto Escobar Gaviria, hermano de Pablo Escobar, quien está pidiendo $1,000 millones a Netflix como compensación por el uso de la imagen del narcotraficante en la serie.


En una entrevista con The Hollywood Reporter, alias ‘Osito’, hoy de 71 años y quien maneja los derechos de imagen del temido ex capo, aseguró que si Netflix no les da el dinero, “cerrarán la serie”.

El otro en criticar Narcos fue Sebastián Marroquín, hijo de Escobar, quien aseguró al portal online Mirror que la serie está llena de “errores” e imprecisiones, como en el que se dice que su padre firmó un acuerdo de paz con el cartel de Cali: “Pablo nunca les dio una tregua”.

‘Los políticos fueron nuestros socios y siguen en el poder’

En declaraciones al Nuevo Herald, Rodríguez Abadía también se refirió a cómo el narcotráfico permeó la política colombiana y aseguró que los carteles llegaron a tener tanto poder gracias “al auxilio de la sociedad y el poder político”.

“Han pasado Pablo Escobar, los Rodríguez, los del Norte del Valle, los paramilitares, la guerrilla, y los que están en el poder son los mismos. Ellos fueron nuestros socios, nuestros aliados. Nosotros no fuimos los únicos malos de esta historia”, dice.


Y asegura que lo que le da temor de regresar a Colombia es la venganza “jurídica”, tras haber expuesto al escarnio público “a esta camada de delincuentes: (Ernesto) Samper y a (Horacio) Serpa”.

Rodríguez se refiere al escándalo del proceso 8,000, cuando el país conoció que el cartel de Cali financió la campaña a la Presidencia de Ernesto Samper en 1994. Diez años más tarde se supo que la cifra fue de $10 millones.

“Al final lo que queríamos era una ley de sometimiento, legalizar nuestro imperio económico, que mi papá y mi tío fueran a la cárcel y pudieran salir. Por eso fue ese acercamiento, que al final fue un desastre”, dice.

A pesar de revelar esos detalles del caso, asegura que se llevará a la tumba otros “nombres y secretos políticos” por la seguridad de su esposa y sus hijas, y de su familia en Colombia.

De otro lado, reconoce que en este momento la relación con su padre y su tío, dos de los grandes capos de Colombia en los 80 y 90 y que hoy pagan una condena a 30 años de cárcel en Estados Unidos, es nula.

La última vez que visitó a su padre, hoy preso en una cárcel federal en Carolina del Sur, fue hace cuatro años: “Fue difícil verlo después de más de 10 años. En ese entonces era un hombre fuerte, todavía se veía entero. Ahora se ve mayor y afectado”.


Reconoce que su padre está molesto por su libro Yo soy el hijo del cartel: “Él cree que hay que mantener el silencio, el bajo perfil. Lo que más le molestó es la autocrítica que hago con él, con su hermano, con los errores que cometimos”.

Rodríguez Abadía dice que el nombre del “Cartel de Cali” es una maldición para él y su familia que ha pagado con lágrimas, atentados (en 1996 sobrevivió a ocho impactos de bala), estar prófugo de la justicia durante cuatro años y pagar una condena en Estados Unidos.

“Yo creo que mi papá debe sufrir todos los días por el daño que le ha causado a su familia, verla destruida, presa, en procesos legales”, expresa este caleño que está a la espera de un posible visado especial que tardaría tres años más en definirse.

No se cambió su nombre, dice, por respeto a su esposa y sus hijas y concluye desafiante: “Yo soy William Rodríguez Abadía. Aquí estoy. Vivo en Miami y no le tengo miedo a eso”.

Siga a Catalina Ruiz Parra y a Sonia Osorio en Twitter: @catalinaruiz y @soniaosoriog

 

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