Sur de la Florida

Festival del acordeón en Miami rescata el acervo cultural y musical colombiano

Carlos Cabrera, de 12 años; Yesid Salazar, de 13; Juan José Pallares, de 6; Sebastián Rodríguez, de 13 (frente de izq. a der.), Andrés Janer, de 20 años; Jose Caraballo, de 10, e Isaiah Nader, de 18, durante el II Festival Internacional de Acordeones, en el Parque de las Artes, Doral, este domingo.
Carlos Cabrera, de 12 años; Yesid Salazar, de 13; Juan José Pallares, de 6; Sebastián Rodríguez, de 13 (frente de izq. a der.), Andrés Janer, de 20 años; Jose Caraballo, de 10, e Isaiah Nader, de 18, durante el II Festival Internacional de Acordeones, en el Parque de las Artes, Doral, este domingo. Especial para el Nuevo Herald

El penetrante sonido del acordeón le movió cuerpo y alma a Andrés Janer cuando, a los 6 años, su madre le dio un paseo musical por un repertorio de canciones con gran resonancia en la costa caribeña de Colombia y le dijo: “Hijo mío, esto se llama vallenato, música de nuestra tierra”.

“La música era diferente y los sonidos me cautivaron de inmediato”, recordó Janer, estudiante de Enfermería de 20 años. “No nací en Colombia, pero me siento muy colombiano”.

El joven músico aficionado se aprestaba el domingo para subir al escenario durante el Festival Internacional de Acordeones Juglares del Folclor, efectuado en Doral, un espectáculo, simposio y concurso infantil y profesional en el que los aspirantes se enfrentaron a punta de notas de acordeón, esmerándose por lucirse en la ejecución de los cuatro aires vallenatos: son, paseo, merengue y puya.

Ante los cambios que amenazan diluir la autenticidad del vallenato con la puesta en escena de música comercial mezclada con otros géneros como la bachata y el reguetón, el festival procura conservar y promover toda la magia del vallenato clásico, con sus ritmos tradicionales del acordeón diatónico, la guacharaca y la caja vallenata, y sus letras casi poéticas que describen las costumbres campesinas.

Juan David Payares, presidente de la Fundación Vallenata USA responsable del festival, considera que el evento sirve de plataforma cultural para las nuevas generaciones de colombianos en Estados Unidos. “Queremos darles un pedacito de lo que vivimos en Colombia, ya que aquí no crecen expuestos al folclor de manera directa”, señaló el ingeniero mecánico de 32 años.

Establecida hace dos años, la fundación organiza en el sur de la Florida conversatorios, talleres musicales, encuentros juveniles y parrandas vallenatas, sandungueras reuniones entre amigos en las que la música se intercala con joyas del folclor como chistes, anécdotas y relatos, a la vez que se convida a los invitados a un sancocho de chivo y otros platos típicos.

Con una tradición de más de dos siglos surgida de la fusión de expresiones como las canciones de los vaqueros y los ritmos de los pueblos indígenas, el vallenato fue declarado en el 2015 patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO, organismo que advirtió sobre su menor uso en espacios callejeros. En Miami, se escucha poco en los medios radiales, con excepción de los temas interpretados por Carlos Vives y Fonseca, aseveró José Víctor Escorcia, maestro de acordeón de los niños participantes en el evento, al que también asistieron representantes del Festival de La Leyenda Vallenata de Valledupar, así como famosos acordeoneros coronados en Colombia “Rey de Reyes”.

“Estos niños nacieron aquí y escucharon la música de sus papás; les gustó el sonido del acordeón y se dieron a la tarea de aprender”, subrayó Escorcia.

Yesid Salazar, alumno de octavo grado, aprendió a tocar el acordeón desde temprana edad, jugando con los botones del instrumento musical de su padre, un inmigrante barranquillero en el Condado Broward que trabaja en la industria portuaria. Al percibir su interés, los padres le compraron un acordeón de juguete y años después, pudiendo ya el pequeño abrir y cerrar el fuelle por sí mismo, uno de verdad.

Hoy, a los 13 años, Salazar se ha hecho conocido entre los entusiastas colombianos, que el domingo aplaudían frenéticos en el espectáculo, gente acostumbrada a bailar hasta las fronteras del amanecer.

“Cuando hay una fiesta, siempre me preguntan ‘¿Trajiste al niño?, ¿Va a tocar?’ “, relató el padre, llamado igual que el hijo. “A mí me enorgullece que se esmere, le guste, quiera participar y ganar”.

Siga al autor en redes sociales: @DanielShoerRoth.

  Comentarios