Sur de la Florida

Irma arrastró decenas de barcos a los patios de Coconut Grove, y ahora nadie sabe qué hacer con ellos

Irma arrastró su barco a una mansión en Coconut Grove (con él adentro)

Sezary Krupa vivía en su velero de 33 pies, amarrado en la Bahía de Biscayne, hasta que el huracán Irma lo arrastró a una mansión en Coconut Grove. Su bote no fue el único que fue arrastrado a la casa: hay cuatro barcos en total.
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Sezary Krupa vivía en su velero de 33 pies, amarrado en la Bahía de Biscayne, hasta que el huracán Irma lo arrastró a una mansión en Coconut Grove. Su bote no fue el único que fue arrastrado a la casa: hay cuatro barcos en total.

David Ivler nunca quiso tener una flotilla de barcos de vela, pero ahora tiene una. En su patio.

Ivler es el capitán, sin ganas ninguna de serlo, del Coup d’ Amour, un velero de 48 pies de eslora y dos mástiles, que parece un barco pirata, así como del Sava, el Moin y el Sailing the Wings of Destiny, cada uno de 35 pies. Los cuatro barcos están uno junto al otro en la pintoresca propiedad de Ivler en Coconut Grove, muy cerca de la piscina. Las naves le impiden disfrutar de la Bahía de Biscayne Bay y emanan un aroma desagradable de aguas negras, gasolina, alimentos podridos y agua salada pútrida, todo lo cual atrae a las ratas.

Ninguno de los barcos son suyos, sino parte de los numerosos veleros que se soltaron de sus amarras o anclas durante el huracán Irma y el viento llevó a la orilla, lanzados por la marea huracanadas como barquitos de papel en una bañera. La costa de Coconut Grove está repleta de embarcaciones de Dinner Key que la tormenta depositó en patios, estacionamientos, manglares, o que fueron a parar al campo de football de la escuela Ransom Everglades y el parque Barnacle.

La mayoría de las embarcaciones están dañadas o sumergidas, tienen la quilla rota, el casco perforado, las velas hechas jirones. Las compañías de salvamento y de grúas están pidiendo miles de dólares para sacarlas, pero muchos propietarios no tienen seguro, no se pueden dar el lujo de pagar o sencillamente las han abandonado, dejando a los dueños de terrenos de la zona con el equivalente a una ballena varada. Nadie sabe qué hacer con los barcos.

Sezary Krupa vivía en su velero de 33 pies, amarrado en la Bahía de Biscayne, hasta que el huracán Irma lo arrastró a una mansión en Coconut Grove. Su bote no fue el único que fue arrastrado a la casa: hay cuatro barcos en total.

Bernardo Fort-Brescia, vecino del Grove, no ha podido salir de dos veleros que se estrellaron contra su atracadero, destrozaron el equipo para sacar del agua su embarcación y la embarcación misma, para entonces quedar hundido allí mismo.

“Todavía está ahí, con unos de los mástiles de 50 pies asomando a la superficie”, dijo Fort-Brescia, cofundador de Arquitectonica, la icónica firma miamense de arquitectura. “Dicen que no tienen seguro. ¿Así que tenemos el deducible de nuestro seguro, pagar por la destrucción y entonces hacer una reclamación? Es algo escandaloso”.

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Cuatro botes de vela tiñen el césped de una mansión en Coconut Grove. Los barcos quedaron varados después de que los fuertes vientos y mareas de tormenta del huracán Irma los empujaron a tierra. Justin Azpiazu jazpiazu@miamiherald.com

Fort-Brescia describió la situación de algunos vecinos, uno de los cuales tenía una embarcación 60 pies adentro de su patio, junto a las ventanas de su casa.

“Se puede construir una casa a prueba de huracanes y calcular el impacto de un madero o de un coco impulsado por el aire, ¿pero cómo se calcula el impacto de un velero que entra por la ventana?”, se preguntó.

Ivler, quien vive en la zona de Camp Biscayne, ya no sabe qué hacer. Las compañías de salvamento le han dado estimados de entre $50,000 y $75,000 para sacar las cuatro embarcaciones, que también dañaron el histórico rompeolas de coral, el sistema de aspersores, las luces exteriores y el jardín. En la dársena de Ivler hubo un velero hundido hasta que el propietario lo sacó la semana pasada.


El propietario del Destiny llegó al lugar, evaluó los daños, recogió las pertenencias que tenía en la embarcación y le entregó la propiedad del barco a Jessica, la esposa de Ivler.

“Dijo: ‘No lo quiero, es suyo. Hasta luego’ ”, dijo Jessica. “Me dijo que se iba a mudar a las montañas de Carolina del Norte. Se machó así no más y ahora nosotros tenemos que ver qué hacemos”

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Jessica Ivler, vecina de Coconut Grove, junto a una de las embarcaciones que la tormenta Irma arrastró hasta dejarla en el patio de su propiedad. PEDRO PORTAL pportal@miamiherald.com

El dueño del Moin está en España y le gustaría sacar la embarcación del lugar, pero no está seguro de cómo hacerlo porque el Coup d’Amour está en el medio.

Los propietarios del Coup d’Amour son el capitán y el cocinero de un barco fletado que está ahora en el Caribe (quizás le den la vuelta al mundo) y hasta ahora no han cooperado mucho, dijo Ivler. Sus familiares fueron el otro día a recoger pertenencias y le dijeron a Ivler que no tocara la embarcación porque están tratando de que la FEMA le de algún dinero.

“Usted es el dueño de una embarcación de 80,000 libras de peso ¿y la abandona en la propiedad de otro?”, dijo Ivler. “Es absolutamente irresponsable y algo despreciable. No se puede demandar a estas personas. Probablemente no tienen activos, más allá de sus embarcaciones destrozadas.


“Somos las víctimas inocentes y ahora tenemos que hacer frente a este problema costoso y complicado”.

Los Ivler, haciéndose eco de la frustración de otros propietarios, han hablado con varias autoridades de gobierno y abogados, pero no han encontrado respuestas. La embarcaciones en sus terrenos tiene órdenes de retirada del Servicio Guardacostas y la Patrulla Marítima de la Policía de Miami, pero no ha pasado nada. Él también ha contactado a comisionados municipales, de la Marina Dinner Key, de la Comisión de Peces y Vida Salvaje de la Florida, la jefatura de Emergency Support Function y la FEMA.

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Chris Krupa junto a su velero, que fue a parar al patio de la casa de Jessica Ivler, en Coconut Grive, durante el huracán Irma. PEDRO PORTAL pportal@miamiherald.com

“He trabajado en bienes raíces comerciales en Miami durante 30 años, he tenido que lidiar con toda clase de personas y regulaciones, pero este es uno de los problemas más complicado que he enfrentado”, dijo. “Todos te mandan a ver a otro. Uno se la pasa dando vueltas. Nadie tiene una solución.

“Como ciudadanos, trabajamos duro, cumplimos las reglas, pagamos una cantidad enorme de impuestos, y cuando uno necesita que el gobierno municipal o federal haga algo, no lo hacen”.

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