Sur de la Florida

Menores viven limbo en centros de Inmigración

Las circunstancias que llevaron a María a viajar sola, con 15 años, de Honduras a Estados Unidos, son trágicas.

Sus padres fueron asesinados ante sus ojos en su propia casa. Luego fue a vivir con su abuela paterna, que no la consideraba parte de la familia y la maltrataba. A los 10 años la forzó a trabajar como criada.

Ya una adolescente, logró escapar de su abuela e intentó buscar a su familia materna en El Salvador, pero no tuvo suerte.

Entonces decidió ir a México para cruzar la frontera con Estados Unidos en busca de una tía que la acogiera.

"Algunas veces caminaba, otras viajaba en un camión'', recordó la muchacha, cuyo nombre fue cambiado para proteger su privacidad. "Pero cuando crucé el Río Grande, me agarró Inmigración''.

Mientras se resuelve su caso, la adolescente, que vive en un albergue en Miami, es una de los miles de menores de edad indocumentados que se enfrentan solos al complicado y confuso sistema inmigratorio de Estados Unidos.

Unos 9,000 niños están en esta situación anualmente, según la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR), la cual administra los 42 albergues del país donde viven estos niños en espera de una decisión para ser entregados a un familiar que se ocupe de ellos mientras se define definitivamente si se quedan o si son deportados.

Las razones por la que estos niños deciden venir a los Estados Unidos son poderosas para ellos: tratar de reu-nirse con parientes, escapar de abuso familiar, buscar trabajo que les permita mantener a sus familias en su país de origen.

Una vez que son detenidos por la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés), los menores tienen pocos recursos para defender sus casos, pues aunque todas las personas que encaran cargos formulados por Inmigración tienen derecho a tener un abogado, la ley no los provee.

En el 2007, la ICE arrestó a 1,733 menores indocumentados; en el 2008, hasta la fecha, ya han detenido a 1,106. Entre 250 y 300 de estos niños son detenidos en Miami-Dade.

Según Arthur Corrieri, el director del programa de ORR en la región este del país, se espera que este número aumente en los próximos meses, ya que más personas suelen cruzar la frontera durante el verano.

Los albergues de ORR alojan a unos 1,200 muchachos.

Los varones son el 70 por ciento, y la mayoría tienen edades entre 15 y 17 años, pero uno de cada cuatro es menor de 14.

Además de los dos albergues existentes en Miami, los únicos en la Florida, la mayor parte de ellos están en Texas y Arizona, pero existen instalaciones en California, Washington, Nueva York, Virginia e Illinois.

El mayor número de los niños detenidos viene de Centroamérica, aunque los albergues han recibido menores de Africa, Jamaica, Cuba y Haití, según Corrieri. Casi todos los menores mexicanos indocumentados detenidos por las autoridades en la frontera, resultan deportados de forma expedita.

Los menores que terminan en uno de los albergues de Miami, que tienen capacidad para 81 niños, pueden recibir ayuda del Centro de Defensa del Inmigrante en la Florida (FIAC, en inglés). Un equipo de dos abogadas y al menos cuatro asistentes legales se encargan anualmente de más de 400 casos de este tipo.

La directora del Proyecto de Legal para los Niños de FIAC, Deborah Lee, afirmó que es difícil trabajar con los niños.

"Los niños pueden tener muchos problemas emocionales, y tardan mucho tiempo en abrirse a nosotros'', señaló Lee. "Ellos no entienden que hay adultos que quieren ayudarlos''.

"Muchas veces los jóvenes vienen huyendo de violencia en sus casas y en su país, y durante el trayecto pueden sufrir más abusos'', señaló la abogada, quien con Michelle Abarca, otra letrada, representa a todos los niños que están en los dos albergues de Miami.

Corrieri afirmó que la incidencia de violaciones de muchachas indocumentadas va en aumento.

Además de tener que lidiar con los traumas emocionales de los niños, Lee y Abarca tienen que enfrentarse a obstáculos interpuestos por los tribunales de inmigración.

"A veces mudan a nuestros clientes sin avisarnos, y es muy difícil conseguir información sobre sus casos'', señaló Abarca.

El FIAC cuenta con $440,000 al año para este programa, los cuales provienen de fuentes públicas y priva-das como el Children's Trust de Miami-Dade, el Instituto de Justicia Vera, la Fundación de Abogados de la Flo-rida y el Departamento de Niños y Familias de la Florida.

En algunos casos, el niño entra acompañado al país pero las autoridades estadounidenses lo separan del adulto, como le pasó a Carlos, un niño cubano de 8 años. El entró por la frontera con México en compañía de su madre, pero ella fue detenida bajo cargos de tráfico humano y está esperando juicio en Texas.

Sin embargo, la historia de Carlos podría tener un final feliz. Por su nacionalidad, puede legalizar su estatus migratorio gracias a la Ley de Ajuste Cubano, y una amiga de la madre ha aceptado acogerlo. Mientras, juega, estudia y duerme en uno de los refugios de Miami-Dade, sin saber por qué está ahí.

Pero no todos los casos que lleva el FIAC son así de fáciles. María lleva casi un año en el albergue de Miami porque sus circunstancias no son fáciles.

El caso de María, ahora de 17 años, es complicado, admiten las abogadas de FIAC, porque que ella tiene una orden de deportación por no haberse presentado a una audiencia de inmigración. El FIAC está pidiendo que a la muchacha se le otorgue el estatus de Inmigrante Menor Especial debido al abuso y trauma que sufrió en su país. Si la corte lo concede, los abogados pedirán que se reabra el caso y que se retire la orden de deportación.

Aun si recibe este estatus, María encara grandes obstáculos, pues no tiene familia ni amigos que la apoyen en el país.

"Estos niños nunca han estudiado en colegios americanos, ni saben cómo buscar trabajo. Ni siquiera saben tomar un autobús'', señaló Abarca.

A pesar de todo, la muchacha quiere permanecer en Estados Unidos.

"No quiero volver a la situación en que estaba'', aseveró María. "En lo único lo que pienso es en salir y estudiar''. cf,gtd,8,8,7hpoleo@elnuevoherald.com

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