Sur de la Florida

Muchos inmigrantes optan por regresar a sus países

No fue un solo factor el que hizo que Héctor Salinas hiciera sus maletas y renunciara a seguir viviendo como un inmigrante ilegal en el sur de la Florida.

Las razones que enumera son similares a las que mencionan un número cada vez mayor de inmigrantes de América Latina, tanto legales como ilegales, que parecen tener dificultades para encontrar empleo y regresan a casa:

Fue el escaso dinero que hacía en su empleo en un restaurante, dijo Salinas, que apenas le alcanzaba para pagar la comida y el alquiler, y dejaba muy poco para enviarle a su familia en México, la razón principal por la que vino a Estados Unidos.

De igual modo, fue el miedo constante de ser detenido por las autoridades de inmigración, sobre todo des-pués de que el familiar con quien compartía una casa en West Kendall fue detenido cuando manejaba sin licencia de conducir. Después de eso, vendieron el automóvil y se movieron de un lado a otro en bicicleta, pasando mucho trabajo.

Y por último fue la soledad. Salinas no vino con su esposa y sus pequeños hijos, a quienes no ha visto en dos años y medio, por temor a exponerlos al riesgo de ser arrestados y detenidos.

"Nunca me faltó trabajo, pero tampoco nunca me sentí bien aquí'', dijo hace poco Salinas, de 43 años, la última tarde que pasó en Miami antes de abordar un avión rumbo a Ciudad de México.

‘‘Los patrones pagan sólo lo que quieren. Uno vive con muy poco, y además uno está solo, y siempre tiene el temor de llegar al trabajo y que la migra lo esté esperando allí''.

No existen cifras concretas, pero varios sondeos de opinión, estadísticas y anécdotas de los inmigrantes, sus defensores y funcionarios consulares en Miami sugieren que cada vez hay más latinoamericanos que vuelven voluntariamente a sus países.

En el sur de Miami-Dade, incluso antes de que la temporada de cosecha invernal llegue a su fin, muchos jornaleros de México y Centroamérica decidieron regresar a casa.

"No pueden encontrar empleo'', dijo Elvira Carvajal, quien trabaja como voluntaria en la Asociación de Jorna-leros de la Florida, en Florida City. "En la comunidad hay temor de que inmigración haga redadas. ¿Qué van a hacer? Mucha gente ha decidido volver''.

En el consulado de Nicaragua, en el oeste de Miami-Dade, el número de ciudadanos nicaragüenses que solici-tan exenciones de impuestos para irse con sus pertenencias caseras ha aumentado de forma notable, dijo el cónsul general Luis Martínez.

"Por lo menos en Nicaragua, pueden hallar algo para poder vivir sin miedo a ser detenidos'', dijo Martínez.

Un informe del Departamento de Seguridad Interna que se dio a conocer en el 2007 el número de residentes legales permanentes que entraron al país el año pasado desde América Central y América del Sur disminuyó en un 25 por ciento.

Los retornos son la prueba de que la decisión del gobierno del presidente Bush de hacer más severas las leyes está rindiendo sus frutos, dijeron quienes proponen leyes de inmigración más estrictas.

Después de las demandas públicas por una mayor severidad tras el desplome de la reforma de inmigración respaldada por Bush y que hubiera legalizado a millones de inmigrantes, funcionarios de Seguridad Interna aumentaron las redadas. Entre los blancos principales están los indocumentados con antecedentes penales, otros que han evadido órdenes de deportación y los que trabajan ilegalmente.

"De eso precisamente se trata la justicia, de hacerle la vida lo más difícil posible al indocumentado, de modo que no pueda esconderse'', dijo Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro de Estudios de Inmigración, un grupo de Washington que está a favor de hacer más duras las leyes migratorias.

Sin embargo, para algunos críticos, el principal éxito de imponer leyes más severas ha sido propagar el miedo entre los 12 millones de inmigrantes ilegales que se estima viven en el país sin resolver el problema.

Para algunos inmigrantes obligados por las circunstancias a regresar a sus países, la experiencia en EEUU les ha servido de algo. Para los que vuelven a sus casas con las habilidades aprendidas en el país, el futuro parece brillante.

Cairo Zamora, uno de los que regresaron recientemente, abrió un nuevo bar ecléctico en una calle tran-quila hace dos meses.

Zamora regresó en noviembre luego de que su esposa aceptó un retiro temprano en su empleo en un banco de San Francisco. En el 2003, Zamora había sido despedido como gerente de producción de una empresa.

"Estoy en mi país y soy respetado. Aquí soy alguien, me llaman doctor o señor'', dijo Zamora, de 59 años. "Y en Estados Unidos, ¿cuándo voy a tener un guardia, un chofer y una doméstica? No vuelvo de ninguna forma''.

aviglucci@MiamiHerald.com

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