Sur de la Florida

El ‘oro de sangre’ envenena a los trabajadores y las selvas. ¿Cómo se pueden cambiar las cosas?

Pandillas delincuenciales amenazan a los mineros en Colombia

Los mineros de oro de subsistencia en Colombia son acosados por todas partes: las pandillas criminales que les quitan dinero, las compañías multinacionales que dominan la industria y el gobierno, que dicen quiere abrumarlos con regulaciones.
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Los mineros de oro de subsistencia en Colombia son acosados por todas partes: las pandillas criminales que les quitan dinero, las compañías multinacionales que dominan la industria y el gobierno, que dicen quiere abrumarlos con regulaciones.

Las operaciones de oro ilegal con el que se fabrican anillos de matrimonio, cadenas y componentes de teléfonos inteligentes contaminan selvas con sustancias tóxicas y explotan a los trabajadores en América Latina.

Los mineros de oro han destrozado unos 415,000 acres de selvas tropicales, un área dos veces más grande que la Ciudad de Nueva York, según investigadores de la Universidad de Puerto Rico, y el ritmo de la deforestación sigue aumentando.

En Colombia, adolescentes nadan en piscinas de agua contaminada con mercurio mientras usan mangueras para recoger el oro, indicó una investigación de Verité, una organización sin fines de lucro de Massachusetts.

El papa Francisco echará mano a su autoridad moral sobre el tema cuando esta semana visite Madre de Dios, el epicentro de la minería ilegal de oro en Perú.

Las soluciones no son fáciles, pero existen.

“Hay maneras de sacar oro sin usar mercurio, sin una deforestación masiva, sin esclavizar niños”, dijo Douglas Farah, asesor en materia de seguridad nacional quien ha estudiado la minería ilegal de oro.

Para detener la constante devastación humana y ambiental, numerosos intereses que compiten entre sí tendrán que colaborar para extraer oro de una forma más humana, dicen defensores de los derechos de los trabajadores y expertos de esa industria. En medio de esta crisis están grandes empresas multinacionales que usan oro en sus productos, los consumidores estadounidenses, entidades judiciales de Estados Unidos y otros países, organizaciones no gubernamentales, refinerías de metales preciosos y los mineros mismos.

Para complicar aún más las cosas, narcotraficantes latinoamericanos han infiltrado la industria con el objetivo de lavar dinero.

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La minería ilegal de oro en el suroeste de Colombia ha convertido este tramo de un río en un lodazal. La Policía de Colombia trata de controlar esa industria ilegal, que las autoridades dicen que está alimentando de dinero a las pandillas criminales. Juan Manuel Barrero Bueno Especial para el Nuevo Herald

Expertos dicen que el tipo de cambios necesarios para cambiar la situación en la industria del oro han ocurrido antes. Un ejemplo son los “diamantes de sangre”.

Hoy, ninguna compañía quiere comprar o vender diamantes que contribuyan a conflictos violentos en África. Eso se debe a que los consumidores, grupos especiales y gobiernos del mundo despertaron ante los destrozos provocados por la extracción de esas piedras preciosas, y presionaron a las grandes compañías para que no los comercializaran más.

El Cartel de Sinaloa usó una pequeña empresa de oro de Miami para lavar casi $100 millones en dinero de la cocaína. Así lo hicieron.

Y funcionó. Desde el 2003, más de 75 países, Estados Unidos entre ellos, han firmado un acuerdo respaldado por las Naciones Unidas y llamado el Proceso de Kimberley, que certifica que los diamantes no han salido de zonas de conflicto, lo que significa que grupos rebeldes africanos no han beneficiado de su venta.

La campaña “llevó el asunto a la atención de la gente de maneras que personas como yo nunca pensamos que fuera posible”, dijo Farah. “Creo que es posible conseguir exactamente lo mismo con el oro”, si los consumidores exigen más transparencia.

Algunas soluciones

Sin mayores precauciones, los consumidores estadounidenses deben saber que “hay grandes probabilidades de que una parte del oro que contienen sus joyas y equipos electrónicos viene de minas ilegales de oro”, dijo Quinn Kepes, director de programas de Verité, que investiga abusos en la industria internacional del oro.

Las implicaciones son enormes: casi tres cuartas partes de las importaciones de oro de Estados Unidos vienen de América Latina.

En la vulnerable región Madre de Dios, en el sureste de Perú, los mineros ilegales han invadido selvas vírgenes y las han convertido en “desiertos tóxicos” donde la vida silvestre no puede desarrollarse, dijo Luis Fernández, ecologista especializado en zonas tropicales del Center for Amazonian Scientific Innovation en la Wake Forest University.

Las máquinas destrozan los árboles al cavar hasta una profundidad de 30 pies, para entonces cerner el material en busca de oro, y dejan atrás enormes montañas de tierra y piedras. Todo esto afecta el lecho de los ríos y envenena las aguas con el mercurio que se usa para separar el oro de las rocas.

“Eso destruye completamente la zona”, dijo Fernández. “No se espera que esas áreas reforesten en cien años. [La zona] se queda sin tierra. Lo que están haciendo es minería a cielo abierto a gran escala”.

Gran parte de los daños ocurren en parques nacionales y reservas ecológicas.

“Sería el equivalente de tener miles de acres de minas a cielo abierto en el Parque Nacional Yellowstone, y que el gobierno no pudiera impedirlo”, dijo Fernández.

Fernández y un equipo de investigadores lideran estudios sobre cómo reforestar esos ecosistemas devastados, como el uso de tierra enriquecida con carbón para hacer que la vegetación crezca de nuevo, y probar una combinación de 40 especies de plantas nativas para determinar su viabilidad.

“¿Cómo se reforesta algo así?”, preguntó Fernández. “Tenemos que determinar cómo hacer esto de manera eficiente y económica”.

Una de las consecuencias más terribles de la minería ilegal es el envenenamiento con mercurio.

Un estudio del 2013 estimó que los mineros de oro contaminaban ríos y lagos en toda la región del Amazonas con más de 30 toneladas de mercurio al año.

Pero el problema ha empeorado: nuevas investigaciones indican que solamente en Madre de Dios se vierten 90 toneladas anuales de mercurio, según Artisanal Gold Council, una organización con sede en Vancouver que defiende la mejora de las condiciones y prácticas de los mineros artesanales.

Los mineros artesanales usan mercurio desde hace siglos. Para ello, mezclan rocas que contienen oro con el mercurio para formar una amalgama. Entonces la calientan para quemar el mercurio —que les llega a los pulmones y contamina también el ambiente— y recuperar el oro.

Los mineros dejan enormes huecos llenos de agua contaminada con mercurio, y la gente de esos lugares a veces lo usan para criar peces, dijo Fernández. Sus investigaciones muestran que en la región de Madre de Dios —donde hay decenas de miles de mineros a pequeña escala— tres de cada cuatro personas sufren de niveles peligrosamente altos de mercurio. Las tribus indígenas son particularmente vulnerables, dijo. Esas personas tienen tres veces más probabilidades de sufrir de envenenamiento con mercurio que otros.

La exposición prolongada al mercurio puede afectar los sistemas nervioso, inmune y digestivo, provocar fallos respiratorios y renales, e incluso la muerte.

Usar mercurio es un proceso rápido, barato y produce oro casi de inmediato, lo que significa ganancias inmediatas, pero buena parte del metal precioso se pierde.

Muchos mineros apenas conocen los peligros de salud del mercurio, como ocurrió con los fumadores de generaciones anteriores, dijo Kevin Telmer, director ejecutivo del Artisanal Gold Council.

Telmer dijo que convencer a los mineros de no usar mercurio no es tan difícil de lo que parece.

“Hay que darles una solución”, dijo.

La minería sin el uso de mercurio genera más ganancias porque se recupera más oro, dice Telmer.

“Por lo general conseguimos recuperar un 30 por ciento más del oro”, dijo. “Si eso significa que van a ganar menos dinero, no les va a interesar”.

El Artisanal Gold Council ha lanzado tres proyectos piloto de minería, entre ellos uno en Perú, para mostrar métodos de extraer oro sin usar mercurio.

Esos métodos incluyen técnicas básicas de gravedad, como cernidores, mesas de vibración y centrífugas. Las grandes minas industriales, que están reguladas por el gobierno, dejaron de usar mercurio hace mucho tiempo porque no es eficiente.

Telmer dijo que el gobierno pudiera ayudar abandonando tácticas inefectivas como las usadas en la guerra contra las drogas, que incluyen ataques con helicópteros en la selva.

“Vuelan algunas excavadoras esta semana y la próxima están ahí de nuevo”, explicó.

Una alternativa es ofrecer recursos a los mineros artesanos.

Una organización que está haciendo eso es Global Environmental Facility, un grupo financiado por la ONU, bancos de fomento y organizaciones internacionales no gubernamentales. El grupo está entregando $45 millones para ayudar a los mineros artesanales de oro a eliminar el uso del mercurio en Perú, Colombia y otros seis países.

Perú y Colombia han firmado el Convenio de Minamata de la ONU, que tiene por fin eliminar por fases el uso del mercurio en la minería tradicional de oro para finales de este año.

“La única forma de solucionar este problema es traer [pequeños mineros] al sector formal y eso incluye financiamiento formal”, dijo Telmer.

El comercio de las drogas

Además de tener que defenderse de las duras tácticas de las fuerzas policiales sudamericanas, los mineros artesanales son vulnerables a la extorsión e incluso el control total de carteles de las drogas, que ven en el comercio del oro una forma de lavar las ganancias de las drogas. De hecho, los mineros están atrapados entre los gobiernos y los carteles.

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Una piedra que contiene oro antes de ser procesada en una tienda que compra el metal en el poblado aurífero de Segovia, departamento de Antioquia, Colombia. PEDRO PORTAL pportal@miamiherald.com

Aquí es donde las autoridades estadounidenses pueden jugar un papel crítico: atacando con fuerza el uso del oro por parte de los carteles para lavar sus ganancias de las drogas.

Sin embargo, durante décadas, Estados Unidos ha tenido un enfoque desordenado sobre la regulación del mercado internacional del oro.

Los delincuentes que manipulan el mercado del oro sabían que nadie “los estaba mirando”, dijo Lou Bock, agente retirado del Departamento de Seguridad Nacional, quien pidió hacer cumplir las leyes con más fuerza.

Un ejemplo es la FinCEN, una agencia del Departamento del Tesoro encargada de hacer cumplir las leyes contra el lavado de dinero. La FinCEN ha impuesto solamente una sanción civil contra una compañía estadounidense de metales preciosos, de $200,000 en el 2015 contra un distribuidor de Los Ángeles que no implementó un programa contra el lavado de dinero.

John Cassara, agente retirado del Departamento del Tesoro quien trabajó en el FinCEN, dijo que sus jefes le prohibieron hacer algo contra la industria después de los atentados del 11 de septiembre. Las autoridades querían que se concentrara en objetivos tradicionales como el lavado de dinero a través de los bancos.

“Fue literalmente una mordaza”, dijo Cassara.

Un portavoz de FinCEN no respondió a solicitudes de declaraciones.

En las selvas colombianas, las minas ilegales de oro están envenenando tanto a los trabajadores como el ambiente. La policía tiene que adentrarse en lo produndo de las selvas para destruir las máquinas pesadas con explosivos.

Pero hay señales de que el gobierno de Estados Unidos está tomando una postura más agresiva.

El año pasado, fiscales federales de Miami descubrieron una operación de lavado de dinero por valor de $3,600 millones liderada por empleados de NTR Metals, una importante compañía de metales preciosos con sede en Doral. Los tres corredores de NTR se declararon culpables de comprar oro sucio a narcotraficantes y otros delincuentes en América Latina.

“Estamos haciendo presión sobre la parte del lavado de dinero”, dijo John Tobon, agente especial a cargo de Investigaciones de Seguridad Nacional en el sur de la Florida, que junto con el FBI investigó el caso de NTR. “Las organizaciones criminales han infiltrado la industria de [metales preciosos] a un nivel que no conocíamos”.

Un reflejo de esto es el cambio en el énfasis: Hace casi un año, la Fiscalía Federal de Miami le cambió el nombre a su división antinarcóticos. Ahora se llama la Sección Internacional de Narcóticos y Lavado de Dinero.

Peter Quinter, ex abogado de la Aduana federal que ahora representa a los comerciantes de oro de Miami, dijo que sus clientes están dispuestos a ayudar a las autoridades federales.

“Ha habido un mayor escrutinio” desde el caso de NTR, como más decomisos de oro y mayor atención a los formularios de la Aduana, dijo Quinter.

Pero las consecuencias van más allá de los registros de la Aduana, y llega hasta los bancos que financian el mercado internacional de metales preciosos.

Scotiabank, la institución bancaria canadiense que presta servicios a Elemetal, la compañía matriz de NTR, está tratando de vender su división de préstamos al sector del oro, el más antiguo del mundo, según el Financial Times.

Y esto no es poca cosa.

Si los bancos se retiran del sector, la industria estadounidense del oro saldría afectada porque los bancos financian a comercializadores y refinerías para que puedan contar con envíos estables de oro a Estados Unidos.

“Un aspecto importante de estas operaciones son los bancos”, dijo Charles Intriago, experto en lavado de dinero y ex fiscal federal en Miami. “¿Dónde estaban cuando se realizaron estas transacciones de oro por miles de millones de dólares? El Departamento de Justicia, el FBI y el IRS no deben dejar de lado a los bancos”.

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Un grupo de personas, entre ellas mujeres y niños, buscan oro en la arena fina del agua que echan a un río llamado Cianurada, después de procesarla en la fábrica de Gran Colombia Gold Corporation, en el poblado minero de Segovia, departamento de Antioquia, Colombia. PEDRO PORTAL pportal@miamiherald.com

Al igual que el gobierno estadounidense está ahora al tanto de la amenaza del lavado de dinero al sector del oro, las grandes compañías estadounidenses se están interesando mucho más en saber de dónde sale el oro que compran.

Elemetal vendía oro a docenas de grandes compañías, según declaraciones empresariales, como Tiffany & Company y Apple. Esas compañías dijeron que verifican constantemente para asegurar que no usan “oro de sangre” en sus productos.

Tiffany dijo que solamente compraba a Elemetal “chatarra de oro” de origen nacional, en vez de metales extraídos en América Latina. La chatarra de oro sale de las casas de empeño y joyerías en Estados Unidos.

Apple declinó comentar al respecto. Pero un portavoz dijo el año pasado que la compañía “no ha hallado evidencia de que el oro ilegal haya entrado a nuestra cadena de suministro”.

Fernández, el ecologista, dijo que como asunto de política, las empresas estadounidenses solamente deben comprar oro con la certificación de “comercio justo”, lo que significa que el proceso de su extracción no afecta a los trabajadores ni al ambiente.

“Esto pudiera cambiar mucho las cosas”, dijo.

La Alianza por la Minería Responsable, una organización colombiana sin fines de lucro, ya ha creado una marca de oro de “minería justa” llamada “Fairmined”. El grupo trabaja con mineros artesanales en América Latina, Asia y África para asegurar que cumplan las leyes ambientales y del trabajo, y no usen mercurio ni interactúen con delincuentes.

Pero eso tiene un precio, de la misma manera que los alimentos orgánicos cuestan más que los procesados.

El oro producido con la norma Fairmined se vende por una prima de entre $2,200 y $4,000 por kilogramo más que el precio normal. Parte de esa diferencia se comparte con los mineros. (En enero, un kilo de oro no verificado costaba más de $42,000).

A pesar de la prima, el programa ha tenido algunos éxitos: El fabricante suizo de relojes y joyas Chopard usa oro Fairmined. Y cuando el presidente colombiano Juan Manuel Santos recibió el Premio Nobel de la Paz en el 2016, la medalla se hizo con oro colombiano certificado. El año pasado, la producción de oro verificado alcanzó unos 250 kilos. En el 2018, la Alianza por la Minería Responsable espera duplicar esa cantidad.

“Lo que necesitamos es certificar más minas para poder abastecer el mercado”, dijo Yves Bertran, director ejecutivo del grupo. “Es un proceso lento, pero estamos avanzando”.

Metal sucio

Pero la eliminación de estas prácticas del comercio de oro no puede lograrse sin el compromiso de las refinerías de Estados Unidos y otros países que compran metales preciosos en América Latina y lo venden a joyerías, bancos y compañías de productos electrónicos.

Las refinerías tienen que saber que sus suministradores no son delincuentes.

“Cualquier que comercie oro legalmente tiene que poder verificar la legitimidad de la fuente”, dijo David Bolton, investigador privado de Miami quien ha trabajado para refinerías estadounidenses y exportadores latinoamericanos de oro.

Hay dos fuentes principales para comprar oro en América Latina: las grandes minas controladas por conglomerados multinacionales, y corredores de oro conocidos como “agregadores”, quienes compran a los artesanos.

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Un local de compra de oro en Segovia, poblado minero en el departamento de Antioquia, Colombia. PEDRO PORTAL pportal@miamiherald.com

Los agregadores ofrecen un modelo de negocios más arriesgado, dicen expertos, porque es muy difícil conocer el origen del oro que venden. Algunos compran oro a minas controladas por delincuentes, y lo ocultan falsificando documentos y sobornando a funcionarios, como hizo NTR.

“Es imposible conocer la fuente original del oro” de los agregadores, dijo Mike Riess, asesor de asuntos de metales preciosos que es miembro de la junta asesora contra el lavado de dinero del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. “Es muy probable que, a este punto, se trate de una organización delincuencial”.

Pero, a pesar de los riesgos, muchas compañías mundiales de oro que tratan de cubrir la enorme demanda siguen comprando a agregadores en vez de a las grandes minas. Entre estas están dos de las mayores refinerías del mundo, la suiza Metalor y la japonesa Asahi, ambas con operaciones en Estados Unidos.

José Ramón Camino, abogado de Metalor, reconoció en un correo electrónico que comprar oro a grandes minas reguladas “reduce el riesgo”.

“Sin embargo, en Colombia la mayoría de las operaciones son pequeñas”, dijo Camino. “Pero se puede seguir haciendo negocios si no se compromete de ninguna manera el cumplimiento de las leyes”.

Camino dijo que los funcionarios de cumplimiento de Metalor visitan a los suministradores latinoamericanos para asegurar que tengan los permisos correspondientes, paguen impuestos y cumplan las normas.

“Si hay dudas que no podemos aclarar, dejamos de hacer negocios con ellos”, dijo.

Asahi declinó responder a preguntas. Pero el portavoz David Dorris dijo que los suministradores de Asahi “buscan fuentes de material de una manera legal y responsable”.

Las compañías dicen que verificar a los agregadores no es fácil, ni tampoco seguro.

“Aunque realizamos actividades exhaustivas de diligencia debida y de conocer al cliente, eso nunca es una garantía de certidumbre”, dijo Pacco Liano, funcionario de cumplimiento de Kaloti Metals & Logistics, de Miami, que compra oro en América Latina y lo vende a una refinería en Dubai.

Convertir el oro crudo en el metal puro que se usa en las joyas, barras de oro y equipos electrónicos no es fácil. Una compañía procesadora de oro en Miami explica el proceso.

Republic Metals, una refinería de Opa-locka que es una de las mayores de América del Norte, antes compraba oro a agregadores, pero ya no.

Republic dejó de hacer negocios con los agregadores en el 2014 y ahora solo compra a grandes minas reguladas en Colombia y Perú.

Jason Rubin, presidente ejecutivo de Republic, dice que las grandes minas propiedad de compañías que se cotizan en la bolsa son menos vulnerables a la infiltración de delincuentes debido al mayor escrutinio de los gobiernos y recursos para actividades de diligencia debida.

De hecho, ejecutivos de Goldex, un agregador que antes vendía oro a Republic, fueron encausados en Colombia acusados de participar en un plan de lavado de casi $1,000 millones mediante exportaciones de oro. El caso no ha concluido y Goldex niega haber hecho algo indebido.

“No quiero poner nuestra reputación en peligro”, dijo Rubin, cuyo padre estableció Republic en 1980, que creció hasta convertirse en una enorme operación de refinado de oro.

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Carlos Durango, quien trabaja en la mina Las Brisas, en la localidad minera colombiana de Segovia, habla de las dificultades que enfrentan los mineros independientes. PEDRO PORTAL pportal@miamiherald.com

Pero comprar solamente a las grandes minas elimina a los mineros de subsistencia del mercado mundial del oro.

Una nueva compañía de oro de Miami que todavía usa agregadores opina que el oro certificado puede ayudar a distinguir entre mineros artesanales legítimos y los que tienen vínculos con los delincuentes.

Alejandro Esponda, vicepresidente de Universal Precious Metals, con sede en Doral, dijo que las compañías estadounidenses tienen el deber de apoyar a los mineros artesanales que trabajan en selvas remotas donde la minería se practica desde hace siglos.

“Es una empresa social”, dijo.

Nota de los Editores: Este artículo ha sido actualizado para incluir estadísticas recién publicadas sobre el vertido de mercurio en Madre de Dios.

Nicholas Nehamas: 305-376-3745, @NickNehamas

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