Sur de la Florida

Cuestionan cobro de FPL por falla de seguridad en Turkey Point

LOS CLIENTES de FPL ya pagaron los $6.2 millones. Ahora Stephen Burgess, quien representa la Oficina de 
Abogados Públicos, está tratando de que se devuelva el dinero a los consumidores.
LOS CLIENTES de FPL ya pagaron los $6.2 millones. Ahora Stephen Burgess, quien representa la Oficina de Abogados Públicos, está tratando de que se devuelva el dinero a los consumidores. BLOOMBERG

En marzo del 2006, un empleado descontento taladró un hoyo minúsculo en una tubería crucial de la planta nuclear de Turkey Point. El precio final: por lo menos $6.2 millones. La pregunta es: ¿quién debería pagar por eso?

Los clientes, dice Florida Power & Light.

No, dice la Oficina de Abogados Públicos, que representa a los clientes de la empresa estatal. FPL debería pagar porque fue la responsable de permitir el acceso de un trabajador con problemas mentales a un área de alto riesgo, según la Oficina de Abogados Públicos.

Por lo general, estos costos se les pasan directamente a los consumidores, y de hecho los clientes de la FPL ya le pagaron los $6.2 millones. Stephen Burgess, quien representa la Oficina de Abogados Públicos, está tratando ahora de que se les devuelva ese dinero a los consumidores, con intereses; argumentando que los nuevos documentos muestran que, de haberse seguido los procedimientos adecuados, el sospechoso no hubiera tenido acceso a la planta.

La Oficina llama la atención sobre un reporte del FBI recientemente obtenido que revela que el principal sospechoso en el caso fue un empleado a contrato que taladró el hoyo porque estaba disgustado con la compañía.

El FBI dice que él no pasó una prueba psicológica de FPL, tenía antecedentes criminales y se le escuchó quejarse a todo pecho de que FPL lo había maltratado.

Estas revelaciones provocaron un intenso debate durante los dos últimos días ante la Comisión de Servicios Públicos (PSC) en Tallahassee acerca de quién debería asumir los costos del hoyo, así como de la seguridad básica de las instalaciones nucleares.

Muchos de los costos asociados con el incidente todavía se desconocen, como por ejemplo el de las más de 1,100 entrevistas llevadas a cabo por el FBI y una investigación paralela de la Comisión de Regulaciones Nucleares (NRC). Lo que sí se sabe es que, mientras la planta estuvo cerrada por investigación y reparaciones, FPL tuvo que gastar $6.2 millones para comprar electricidad en otra parte.

El abogado de la FPL, John Butler, insistió en que la compañía cumplió adecuadamente con todas las pautas sentadas por los reguladores nucleares. "Alguien logró pasar inadvertido'', dijo. ‘‘Ojalá no hubiera sido así''.

El sospechoso en el caso nunca ha sido identificado públicamente. Al principio, él negó haber taladrado el hueco, pero luego de no aprobar una prueba del detector de mentiras, "admitió haber estado en el área adyacente a donde se encontró el hueco'', según el informe del FBI.

El sospechoso "admitió incluso que él podría haber taladrado un hoyo en la capa de aislamiento que cubre la tubería, directamente encima del hoyo'', de acuerdo con el informe del FBI. "Cuando se le preguntó si podría haber taladrado el hoyo accidentalmente, el examinado dijo: ‘No hay nada fuera del reino de las posibilidades', pero la probabilidad de que él lo haya hecho [accidentalmente] era de menos del 5 por ciento''.

El año pasado, las autoridades federales decidieron no juzgar al individuo porque no pudieron probar que tuviera intenciones criminales.

El hombre, un chapista descrito como el FBI como un bebedor de Bud Light procedente de Indiana con una camioneta pickup de último modelo, estaba de visita en la Florida cuando escuchó que Turkey Point estaba contratando trabajadores.

El había sido arrestado por irresponsabilidad criminal y vandalismo en 1990, reportó el FBI, pero los cargos fueron desestimados en 1994. El se declaró culpable en 1990 de conducir bajo la influencia de drogas o alcohol, y en el 1991 se desestimaron cargos en su contra con respecto a disparar un arma de fuego en público. En 1989, se desestimaron cargos en su contra por embriaguez pública y conducir de manera irresponsable.

La investigación del FBI reveló que el trabajador estaba disgustado porque tuvo que pasar un largo chequeo de antecedentes criminales que le costó tiempo por el cual no le pagaban. Eso incluyó cuatro pruebas computarizadas, instrucciones en el lugar sobre los peligros de la radiación y una prueba psicológica de 600 preguntas.

Según el informe del FBI, el individuo no aprobó la prueba psicológica y tuvo que ver a un psiquiatra para evaluación adicional, antes de ser empleado por un contratista independiente que trabajaba para la planta.

Terry O. Jones, vicepresidente de FPL, dijo el miércoles a la PSC que la prueba escrita era simplemente la primera parte de una evaluación psicológica. No era que el trabajador no la hubiera aprobado, sino que sus respuestas causaron dudas que requerían la revisión de un psiquiatra, quien aprobó al trabajador, como asimismo lo aprobó un especialista en conducta que trabajaba a menudo con asuntos relacionados de la energía nuclear.

Durante las discusiones, los comisionados dijeron a la FPL que tenían que tener más cuidado con trabajadores going postal (volviéndose locos, alusión a los tiroteos por trabajadores del correo enloquecidos). En este caso, sugirió el presidente de la Comisión Matthew Carter II, sería más exacto decir going nuclear.

La tubería, que es parte del sistema de enfriamiento del reactor, "es vital para la seguridad de la planta'', según el informe del FBI. Se encuentra en una zona de alta seguridad de la planta en que se requiere que los trabajadores usen trajes especiales contra la radiactividad.

Días después de que se taladrara el hoyo, de un octavo de pulgada, según el informe del FBI, un compañero de trabajo dijo a los investigadores que el sospechoso se quejaba frecuentemente diciendo cosas como "Los taladros no eran lo bastante potentes, y las puntas no estaban afiladas''. El sospechoso "se quejó varias veces de que no le estaban pagando lo suficiente''.

Ambos trabajadores fueron empleados por un contratista independiente no identificado en los documentos. Ellos trabajaron en la planta por varias semanas mientras estuvo cerrada por reparaciones. Si el segundo trabajador hubiera hablado de inmediato, se hubiera podido arreglar el hueco durante las reparaciones. Pero no lo hizo, no habló hasta que la planta estaba volviendo a funcionar, causando el gasto de $6.2 millones en combustible para sustituirla.

El comisionado Nathan A. Skop, experto ingeniero nuclear, dijo el jueves que le preocupaba en particular que no sólo uno, sino dos trabajadores hubieran sabido que existía un problema de alta seguridad y no dijeron nada, lo cual sugiere la pregunta de si el contratista independiente debería o no ser responsable financieramente del asunto.

A Skop le preocuparon más los reguladores federales. Si la FPL siguió los procedimientos adecuados, y dos trabajadores no revelaron un serio incidente de seguridad, dijo, entonces hay un grave problema en los procedimientos de la NRC.

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