Sur de la Florida

Fuerte presión de Charlie Crist salva acuerdo con U.S. Sugar

El presidente ejecutivo de la U.S. Sugar Corp., Robert Bucher (izq.) junto al gobernador Charlie Crist en una conferencia de prensa en el condado Palm Beach.
El presidente ejecutivo de la U.S. Sugar Corp., Robert Bucher (izq.) junto al gobernador Charlie Crist en una conferencia de prensa en el condado Palm Beach. AP

El apoyo de las personas que él mismo había nombrado estaba en duda. El acuerdo que había concebido para salvar los Everglades estaba a punto de derrumbarse y, junto con éste, un elemento clave de su imagen de "gobernador verde''.

En los últimos días antes de una votación crucial del Distrito de Acueductos del Sur de la Florida sobre su proposición de $1,340 millones para comprar los vastos terrenos de U.S. Sugar, el gobernador Charlie Crist encabezó un enérgico esfuerzo de cabildeo para evitar la derrota.

Aunque estaba de luna de miel, Crist escribió y llamó por teléfono a los miembros de la junta de gobernadores del distrito. Reclutó a Ken Pruitt, presidente del Senado, para hacer llamadas. Otros ayudantes, apoyados por los ecologistas, acudieron a los teléfonos. El vicegobernador, Jeff Kottkamp, visitó el distrito para garantizar la solidaridad de un miembro de la junta.

Mike Sole, el principal responsable de aplicar las regulaciones ecológicas del estado, desempeñó un crucial papel de última hora, pasando de principal negociador con U.S. Sugar al principal vendedor en una junta profundamente dividida.

El gobernador reconoció haber presionado duro y "haber pasado una enorme cantidad de tiempo en el teléfono'' para garantizar la aprobación del martes --por un solo voto: 4-3-- de un acuerdo que parece firme cuando lo reveló. Eso fue hace seis meses, justo antes de que el estado se hundiera en una crisis financiera que todavía pudiera socavar el acuerdo.

"En la vida, nada que merezca la pena es fácil'', dijo Crist durante una reunión en Tallahassee. "Esto es algo que vale la pena y no ha sido fácil. Y, por supuesto, todavía queda mucho por hacer''.

Sus partidarios elogian el esfuerzo de Crist, calificándolo simplemente de una enérgica defensa. Sus críticos, sin embargo, convencidos de que el acuerdo hubiera muerto de otra forma, lo ven como una presión excesiva e injustificada.

"Para mí era obvio que estaban presionando a la gente, no a todo el mundo sino a ciertos individuos'', dijo Michael Collins, un decidido adversario del acuerdo y el único miembro de la junta nombrado por el antiguo gobernador Jeb Bush. "Nunca vi que el gobierno de Bush le dijera a nadie de la junta que hiciera cualquier otra cosa que lo que pensaban fuera justo''.

Los ecologistas no están de acuerdo y señalan el estrecho margen de aprobación del acuerdo, y la incertidumbre del resultado, como prueba de la independencia de la junta.

Votos unánimes bajo Bush, dicen, muestran que nombró administradores de acueductos que lo seguían y que controlaba estrechamente la agencia.

Hay algo que está claro: la crucial decisión fue sumamente difícil para algunos miembros de la junta. Uno de ellos, Melissa Meeker, quedó llorando poco después de haber votado que sí el martes por la noche.

"Esta ha sido la decisión más difícil de mi carrera profesional'', dijo Meeker, asesora de ecología del Condado Martin. Reconoció haberse sentido "muy decepcionada'' de que el estado no hubiera hecho más para aliviar los temores sobre los empleos en Clewiston, que depende mucho del azúcar, pero no quería arriesgarse a perder una oportunidad única para adquirir vastos terrenos necesarios para almacenar y limpiar el agua que ensucia los Everglades y los estuarios costeros.

Días más tarde, todavía estaba oyendo hablar de su votación, y no de buena forma, por parte de críticos que la acusaron de "haber cerrado los ataúdes de sus hijos. Ciertamente no me gustan ese tipo de comentarios''. Dijo haberse sentido muy presionada aunque no por los mensajes del gobernador, o sus ayudantes, sino por la responsabilidad que Crist había puesto sobre ella.

"La presión no estaba en las llamadas por teléfono sino en que sabemos que la importancia que tiene todo esto'', afirmó. "El confiaba en que nosotros tomáramos esas decisiones''.

Cinco miembros de la junta dijeron que la oficina del gobernador nunca hizo ningún tipo de amenaza, velada ni abierta ni tampoco promesas para conseguir votos.

Y dos de los nombrados por Crist rechazaron el acuerdo de todas formas. Dauray, tras una charla de cabildeo con Kottkamp que caracterizó como "simplemente un saludo'', atacó duramente el acuerdo como un "mal contrato en un mal momento''.

Patrick Rooney Jr, presidente del Palm Bech Kennel Club, recibió un mensaje grabado del gobernador y discutió el problema con uno de sus ayudantes, pero nunca se sintió ‘‘excesivamente presionado ni nada por el estilo. Obviamente, uno está consciente de que la persona que lo nombró quisiera que uno votara de cierta forma. No me hace falta que me llamen para saberlo''.

Rooney votó para rechazar el acuerdo diciendo que tenía demasiados problemas de costos y riesgos que creía había que renegociar.

Erik Eikenberg, jefe de despacho de Crist, dijo que el gobierno hizo todo lo posible por preservar un acuerdo que el gobernador considera parte de su legado ecológico. Pero descartó ásperamente los rumores, suscitados por algunos críticos, de que los miembros de la junta habían sido amenazados con represalias políticas.

"Nosotros no trabajamos así'', afirmó. "Cualquiera que crea en una verdadera restauración, sea residente o activista, comprende que ésta es una oportunidad única en la vida''.

Kirk Fordham, director ejecutivo de The Everglades Foundation, cuya influyente junta asesoró a Crist y a sus ayudantes sobre el acuerdo, manifestó que la naturaleza del cabildeo de alto nivel era típico de una proposición que implicaba mucho dinero y tierras.

"No es diferente de cuando un presidente trata de hacer pasar algo por el Congreso, o cuando un gobernador trata de conseguir algo a través de la Legislatura'', apuntó.

Con todo, el despliegue público de autoridad de Tallahassee no fue precisamente típico para la junta de administradores de acueductos.

Típicamente, el personal ejecutivo del distrito negocia las compras de tierras, pero, en esta ocasión, el principal negociador fue Sole, secretario del Departamento de Protección Ambiental de la Florida. En lo que la junta empezó su debate final, Sole ayudó a defender el acuerdo y ocupó un asiento en la primera fila, generalmente reservado para el personal ejecutivo del distrito.

Sole dijo que simplemente estaba haciendo su trabajo, defendiendo un acuerdo objeto de un intenso cabildeo por todas las partes. "Este es el mejor acuerdo que creo podemos hacer o, de otra forma, no se hubiera presentado'',señaló.

Eric Buermman, abogado de Miami que preside la junta, estuvo completamente de acuerdo con el trato --la mayor y más costosa compra de terrenos de conservación hecha jamás por el estado-- y señaló que era insólito por su complejidad y magnitud. "Es realmente diferente a otros acuerdos que hemos hecho'', dijo. Sin embargo, tras escuchar a los miembros de la junta expresar sus preocupaciones durante dos días, los enemigos del trato siguen sorprendidos de que haya sido aprobado.

"Nunca he visto nada semejante'', dijo Kevin McCarthy, comisionado del Condado Hendry que pidió se demore la votación. "El gobernador llega a un acuerdo, negocia un acuerdo e indica a los miembros que nombró cómo votar cuando se les pregunte. Es algo increíble''.

"Fue algo perturbador y poco usual'', dijo Barbara Miedema, vicepresidente de Sugar Cane Growers Cooperative of Florida, que representa a 47 pequeños agricultores del Condado Palm Beach.

Los críticos dicen que la maniobra política del gobernador para lograr el acuerdo comenzó inmediatamente después que lo anunció en junio, luego de meses de negociaciones secretas con cabilderos y ejecutivos de la compañía. Malcolm (‘‘Bubba'') Wade, vicepresidente de U.S. Sugar que Bush nombró a la junta del distrito, renunció después de que el acuerdo se anunció y todavía Crist tiene que llenar ese puesto, que representa a las comunidades rurales que son el centro del acuerdo. "Si hubiéramos tenido nuestro propio representante, entonces la votación habría terminado 4-4'', dijo McCarthy.

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