Sur de la Florida

Cárceles de la Florida practican autoconsumo

DAVID DIXON, de 46 años, afirma que no tiene quejas sobre la calidad de la comida en la prisión 
Madison, situada en un pequeño pueblo al norte de la Florida.
DAVID DIXON, de 46 años, afirma que no tiene quejas sobre la calidad de la comida en la prisión Madison, situada en un pequeño pueblo al norte de la Florida. TIMES/HERALD

Tres veces al día, los reclusos de Madison Correctional Institution descubren el sabor del déficit presupuestario.

El escenario en este comedor carcelario de un pueblo pequeño del norte de la Florida se repite en todo el estado que está volviendo a producir sus comidas dentro de las propias instituciones y se esfuerza por recortar los gastos. Mientras la población carcelaria está creciendo, la legislatura estatal rebaja sus presupuestos en el tercer mayor sistema de prisiones del país.

La Florida está confrontando los efectos del costoso y fracasado intento de privatizar la comida de las cárceles del gobierno de Jeb Bush. En el 2001, la Florida le dio la mayor parte de sus operaciones de comida en las cárceles a Aramark Corp., incluso después de que Ohio había descartado un sistema similar, citando malos resultados.

Luego de siete años marcados por numerosas irregularidades, multas por mal servicio y un informe estatal que señala las altas ganancias , Aramark se retiró de las cárceles de la Florida el mes pasado. La firma dijo que ya no podía tener ganancias debido a los aumentos de los precios del pan, la leche y otros productos básicos en medio de las presiones del estado para rebajar gastos.

Una segunda compañía, más pequeña, también se fue: Trinity Services Group de Oldsmar, Florida, había servido comidas también en las cárceles del norte de la Florida, incluyendo Madison.

Ahora que esas compañías no están, el experimento de privatización está oficialmente muerto y el estado tiene que operar un programa de comidas con menos dinero en medio de la peor crisis presupuestaria que ha habido en décadas.

En el año fiscal de 2007-08, la Florida les pagó a dos vendedores privados un total de $85 millones. El presupuesto de comida para este año es de $76 millones.

La tarifa diaria de Aramark, o el costo diario de alimentar a un preso, era de $2.69. Ahora es de $2.12, lo cual obligará al estado a efectuar cambios para ahorrar dinero.

En algunas comida hay pan de maíz en lugar de blanco. Los presos recibirán un paquete de edulcorante en lugar de cuatro. En las cárceles de la Florida, el jugo de naranja se hace deconcentrado.

"Eso está bien, pero 100 por ciento de jugo es mejor'', dice Charles Christian, de 24 años, que lleva seis meses cumplidos en Madison de un término de dos años por delitos relacionados con drogas y armas ilegales. "A veces, como en el caso de la mantequilla de maní, dan suficiente, pero no es fácil de comer porque es muy espesa. Y no dan suficiente carne.

"Está bien para mí. No tengo quejas'', dice David Nixon, un preso de 46 años que lleva seis años en Madison. "No veo la diferencia''.

Darles de comer a 100,000 presos tres comidas al día es un esfuerzo costoso. Y hacerlo bien es un factor importante para evitar inconformidad en las cárceles del estado, incluyendo las instituciones de Everglades y Broward en el sur de la Florida.

A diferencia del mito de pan y agua, la comida que se da a los presos se basa en un menú muy regulado de acuerdo a la salud del corazón, con estrictas porciones y número de calorías fiscalizados por un nutricionista.

Walt McNeil, el secretario de cárceles, ha sido objeto de críticas de legisladores por no haber reducido el presupuesto en $9.25 millones, algo que la legislatura ordenó en la primavera pasada.

"No lo vamos a hacer en el tiempo en que se nos dijo'', dijo McNeil a un panel legislativo la semana pasada.

Añadió que la agencia necesitará el resto del año para llegar a esa meta, lo cual dio lugar a críticas del presidente del comité.

"Me preocupa que su agencia no esté siguiendo las intenciones de la legislatura'', dijo la representante Sandy Adams, republicana de Oviedo.

Dentro del ordenado y pulcro recinto de Madison a principios de este mes, reclusos vestidos de uniformes idénticos azules y blancos caminaban en la fría mañana (27 grados Fahrenheit), en fila, a desayunar.

Comieron sémola, huevos revueltos, papas fritas estilo casero, dos tajadas de pan tostado, una cucharada o dos de jalea de uva, y café lo suficientemente fuerte como para cualquier camionero de largas distancias.

Un almuerzo reciente fue un sándwich de atún desabrido con pan, frijoles de carita, ensalada de pasta y coles, todo eso servido con un cubierto llamado spork que es una especie de tenedor con cuchara y no se puede usar como arma. Lo más sabroso de la comida era una galletita grande y dulce.

El alcaide Steve Welllhausen le mostró orgulloso a un visitante dos pequeños huertos donde los presos cosechan y recogen verduras, pepinos, brócoli y calabacines para ahorrar en los gastos de comida.

La mayor parte del resto de la comida se le compra a una nueva suministradora, U.S. Foodservice.

El elevado costo de la comida es solamente parte del motivo del déficit operativo de $21 millones del sistema carcelario. Pero como dijo McNeil a los legisladores, recortar el presupuesto de comida de las cárceles es necesario para controlar los gastos.

"Ahora controlamos nuestro destino'', dijo McNeil.

bousquet@sptimes.com

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