Sur de la Florida

Centro educativo trae el conocimiento a niños enfermos

STEVEN QUINN, jefe del Dpto. de Estudiantes con Necesidades Especiales, juega con uno de los 
alumnos.
STEVEN QUINN, jefe del Dpto. de Estudiantes con Necesidades Especiales, juega con uno de los alumnos. The Miami Herald

A Olivia Ruiz, una conversadora alumna de segundo grado de pelo castaño y crespo, le encanta el arte y la artesanía, los juegos de video y hacer de maestra en juegos con sus amigos.

Pero su escuela es distinta a las que van sus amigos. Su aula es la mesa del comedor o la cama de un hospital, y la maestra la tiene al lado.

Olimpia es una de más de 400 alumnos del Centro Educativo Merrick, la única escuela pública de Miami-Dade que atiende a niños hospitalizados o confinados en casa que no pueden asistir a la escuela. El centro ofrece clases desde prekínder hasta el grado 12.

"Tengo puesto un marcapasos desde que era una bebé y no debo hacer cosas como correr o pasar cerca de hornos de microondas'', dice Olivia, que nació con una enfermedad cardiaco congénita y espera por un trasplante de corazón. "Pero hago todo lo demás, como jugar con mis amigos y pintarme las uñas''.

La escuela, que se inauguró a mediados de los años 80, llena los requisitos de la ley federal IDEA sobre la educación de impedidos, que exige darles clases gratis.

"Me asombran tanto el personal escolar como el respaldo que han recibido de las familias de estos niños'', dijo Will Gordillo, director administrativo de la División de Educación Especial del sistema escolar de Miami-Dade. "El objetivo del programa es garantizar que ningún menor sufra interrupciones cuando no puedan asistir a la escuela''.

El centro está a minutos del centro de Coral Gables. Por fuera se parece a muchos de los edificios de la zona: estilo mediterráneo, dos pisos, construido en 1926, un año después del nacimiento de la ciudad.

Adentro, los corredores están llenos de obras de arte de los propios alumnos y alrededor del edificio hay un campo de juego cercado y mesas campestres.

Pero la escuela tiene cosas muy particulares. Las aulas son pequeñas, con aproximadamente 10 estudiantes por maestro. Hay sillas de ruedas en lugar de pupitres. El primer período es en la cafetería, donde enseñan a unos 50 alumnos cómo tomar la cuchara y cómo beber de una taza.

"Hay mucha celebración cuando logran esa meta, que les ha tomado meses alcanzar'', dice Deborah Wehking, directora del centro.

Los alumnos con enfermedades graves, como cáncer, órganos transplantados, problemas cardiacos y necesidades especiales reciben la atención de unos 30 maestros que los visitan en sus casas u hospitales. Otros ocho maestros trabajan con alumnos de necesidades especiales en la propia escuela. Cuatro atienden a los que tienen problemas de comportamiento. Y 11 por teléfono.

A un lado del edificio hay una estructura de poca altura, donde los maestros enseñan por teléfono a alumnos de entre sexto y 12 grados.

Un maestro puede tener hasta 20 alumnos, cada uno en su casa. Unos 100 reciben clases por este medio y cada clase dura unos 50 minutos, similar a las escuelas intermedias o secundarias.

Los alumnos estudian Matemáticas, Inglés, Historia y Ciencias tres veces a la semana. Las asignaturas electivas como arte y drama se toman dos veces a la semana. Hay un ayudante que recoge las tareas escolares una vez a la semana.

Yrka Laseter, maestra de Ciencias, cambió su trabajo en un laboratorio científico para enseñar Biología, Química y Ciencias Marinas.

"No me pesa ser maestra aquí'', dice Laseter, que enseña en Merrick desde hace nueve años. ‘‘Es una experiencia muy satisfactoria''.

Los casi 30 maestros trabajan con 250 estudiantes confinados, hospitalizados o con necesidades especiales que no pueden asistir a Merrick.

"Mi maestra viene al hospital cuando estoy ingresado y va a mi casa cuando salgo del hospital'', dice Olivia, que participa en el programa desde el kindergarten. "Ella es muy simpática y me encantan las ciencias''.

Olivia tiene una maestra, pero Miguel García Cant tiene seis. García Cant está en grado 11 y toma seis asignaturas por teléfono.

Empezó en la escuela en marzo cuando le diagnosticaron leucemia. Recibe quimioterapia una vez al mes, que le debilita mucho el sistema inmunológico y no puede estar con los demás alumnos.

Miguel tiene una rutina: lunes, miércoles y viernes recibe clases de Química, Historia de Estados Unidos, Algebra e Inglés. Los martes y jueves estudia asignaturas electivas como Derecho y Ciencias de la Familia y el Consumo.

"Es lo mismo que en mi secundaria [Immaculata-La Salle] pero por teléfono'', dice. "Los deberes son más o menos los mismos. No hay camino fácil''.

Miguel terminó hace una semana su tratamiento de quimioterapia más reciente y espera regresar a La Salle en agosto o septiembre. Todos sus créditos de teleclases se los transferirán a La Salle, de modo que podrá graduarse en el 2010.

"Me encanta la ciencia y quiero estudiar Medicina'', dice Miguel. "Desde que empecé con la quimioterapia me ha inspirado a cuidar a la gente.

"Han sido 11 meses difíciles, pero es una bendición tener la oportunidad de seguir en la escuela con el programa telefónico.

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