Sur de la Florida

Una industria de piel dura

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Las cabezas de caimanes son un subrpoducto de la caza estrictamente controlada, pero son las pieles el negocio más lucrativo con estos animales que hace solo unas décadas estuvieron a punto de desaparecer.
Las cabezas de caimanes son un subrpoducto de la caza estrictamente controlada, pero son las pieles el negocio más lucrativo con estos animales que hace solo unas décadas estuvieron a punto de desaparecer. AP

Miles de cazadores recorren todas las noches las aguas de la Florida en esta época del año, para buscar en los pantanos un caimán que puedan llevarse durante las 11 semanas de la cacería pública anual del estado.

La Comisión de Conservación de los Peces y la Vida Salvaje de la Florida concedió este año al público casi 6,000 permisos. Cada uno de ellos le da la posibilidad a un cazador de llevarse dos caimanes de una vía acuática asignada. Las cacerías privadas en granjas y tierras administradas ocurren todo el año, pero entre ahora y el 1 de noviembre, el público tiene su oportunidad de lograr la gloria con la captura de un caimán.

Estimulados por reality shows como Swamp People (Gente del pantano) y Gator Boys (Los chicos de los caimanes) –que presentan a los cazadores de caimanes de Lousiana y los tramperos en el área de Miami– el deporte se ha cuadruplicado en la última década, de 2,164 cazadores en el 2002 a 8,103 en el 2011. La popularidad de tales programas televisivos ha aumentado la cifra de cazadores, así como la demanda de los productos y la carne de caimanes.

“Todo pequeño restaurante quiere servir caimán”, dijo Kelvin Towsend, un granjero y procesador de caimanes en LaBelle. “Y ahora que han visto los programas de televisión, todo el mundo quiere matar un caimán”.

Los caimanes que se capturan durante la cacería pública van de los pantanos a varios mercados: artículos de piel, cabezas disecadas o patas para vender en las tiendas de reglaos, así como diferentes productos de carne. Todo el trabajo que se hace en el proceso, y el número de personas involucradas, hacen que la carne y la piel sean caras. Las chuletas y las costillas están a unos $18 la libra en internet, así como en mercados de carne de especialidades y lugares de fiambres.

Los cazadores pueden hacer varios cientos de dólares durante la cacería pública, recuperando sus permisos de $272 y quedando con dinero extra. La cantidad que se paga se basa en el tamaño del caimán y la calidad de su piel. Los cazadores pueden llevar sus caimanes a una instalación de procesamiento como Townsend and Sons, en Labell, quedarse con la carne para ellos y vender la piel.

Los cazadores también venden a compradores intermedios, compañías que esperan en rampas públicas de botes, compran caimanes de los cazadores y los llevan a las instalaciones de procesamiento.

Las instalaciones de procesamiento deben estar certificadas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) para vender legalmente la carne al público o a los restaurantes. Obtener la certificación –que permite al USDA llevar a cabo pruebas al azar en las plantas de carne– no es el único desafío. El olor que se produce cuando se le quita la piel al caimán y se procesa su carne es fuerte, como algo intermedio entre una pescadería y una pila de carne de hamburguesa.

“La sangre deja un cierto olor en sus manos”, dijo Shawn Towsend, de Towsend and Sons, mientras ordenaba paquetes de salchichas de caimán en un congelador del tamaño de un auto.

Cuando se le preguntó si come caimán, manifestó: “Lo llamamos gelatina de caimán. Si no le ha quitado la piel a un caimán, es bueno para comer porque no se conoce ese olor. Estoy feliz de no tener que cortar langostas y carne de res”.

Es un modelo de negocios relativamente nuevo el crear una demanda para productos de piel de caimán hechos en Estados Unidos, pero Brian Wood, dueño de All American Gator en Hollywood, dice que le ve un gran potencial. Los diseñadores de modas de Europa compran pieles de caimán por unos pocos cientos de dólares y las transforman en joyas y ropas que se venden por decenas de miles de dólares.

Wood desea ver ese modelo de negocios a un nivel más local, o cortar a los Gucci’s del mundo, o al menos darles competencia en los productos de piel que vienen originalmente de estados como la Florida y Louisiana.

El mostró sus artículos de piel y productos de caimán como lo ha hecho la muestra Internacional de Mariscos de Boston durante los últimos 16 años. También viaja a Las Vegas con la esperanza de crear marcas estadounidenses que, un día, se coloquen al lado de Prada y otras europeas.

“Entré en lo de la piel porque es ahí donde está el dinero”, dijo Brian Wood, dueño de All American Gator. “Hacemos cinturones y bolsas, chaquetas, portafolios. Hicimos un sofá de tres piezas de $36,000. Acabo de hacer dos asientos de moto”.

Wood les compra caimanes a los cazadores en las rampas públicas de embarcaciones. El y sus hijos pasan uincontables horas en las rampas en los Everglades, desde el extremo norte del Lago Okeechobee hasta el sur de Alligator Alley (los cazados al sur de la I-75 no pueden ser vendidos legalmente porque sus niveles de mercurio son demasiado altos.

ood afirma que esta rama de la caza y la industria de las pieles de caimanes gira en torno a las marcas de manillas de relojes, cintos, portafolios y carteras que pueden costar $50,000 o más cuando llevan la marca de compañías como Gucci.

“Es el cuero más caro del mundo”, dice Wood. “Es una piel única y lleva mucho esfuerzo ponerla en el mercado. De la ciénaga al mercado hay un montón de gente que se ocupa de eso. Con cada persona involucrada el precio sube, pero una vez que Gucci la tiene el precio se dispara por las nubes”.

Dos pieles de caimán de cierto tamaño son suficientes para hacer un bolso. Wood vende esas pieles por unos $500, y el producto final vale más que un Ford Expedicion SUV porque “yo no soy ni Gucci ni Prada. Yo solo soy Brian Wood”.

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