Sur de la Florida

Miami le da el play ball al estadio de los Marlins

Las nuevas representaciones del estadio de los Marlins.
Las nuevas representaciones del estadio de los Marlins.

Después de un mes de deliberaciones de los comisionados de la ciudad de Miami, hubo un momento feliz el jueves para los Florida Marlins, cuando los funcionarios del municipio acordaron ayudar al equipo a construir un nuevo estadio, un proyecto que se ha tratado de conseguir durante largo tiempo.

Ahora viene la reunión del Condado Miami-Dade el próximo lunes, en la que la comisión de 13 miembros tiene que aprobar el financiamiento de la mayor parte del estadio y el estacionamiento, por valor de $634 millones en la Pequeña Habana.

Con la aprobación del condado, la visión se acerca más a materializarse: un nuevo estadio de 37,000 asientos y techo movible, a terminarse en el 2012, para el equipo de béisbol en apuros, con su historial de poca paga y poco público.

El jueves en Miami, los comisionados cimentaron la parte municipal del plan para el estadio planeado para el sitio del antiguo Orange Bowl. La primera votación, por aprobar los contratos básicos, pasó por un margen de un voto.

"Es como ganarles a los Cubs en el juego 6. Todavía hay que jugar el 7'', dijo optimista David Samson, el presidente de los Marlins momentos después de la votación, recordando el muy comentado año de 2003.

Los Marlins ganaron el juego 7 y después ganaron la Serie Mundial contra los Yankees de Nueva York.

Pero si el jueves fue indicio de algo, es de que el lunes en el ayuntamiento del Condado tal vez no sea tan fácil.

Aunque la comisión de Miami requirió tres votaciones, la grande, que respalda la construcción del estadio y el garaje de estacionamiento se aprobó 3-2. El voto crucial fue el de la comisionada Michelle Spence-Jones, que estaba con licencia de maternidad durante una votación en febrero que quedó empatada 2-2.

Joe Sánchez y Angel González también votaron ‘sí' el jueves, lo mismo que antes. De nuevo los comisionados Tomás Regalado y Marc Sarnoff votaron en contra.

Después vinieron otras dos votaciones. Una, una exención de licitaciones para $24 millones de construcción o arreglos de autopistas y servicios públicos requería una "super-mayoría''. Se aprobó 4-1, con Sarnoff sumándose a la mayoría y Regalado el único voto negativo. Un voto final para aprobar un acuerdo interlocal entre el condado y el municipio se aprobó unánimemente.

La batalla de seis horas sobre invertir cientos de millones de dólares en fondos públicos empezó temprano en la mañana, con dos protestas opuestas frente al panorámico ayuntamiento de la Ciudad de Miami.

Había trabajadores de sindicatos con letreros de los Marlins gritando sobre la necesidad de trabajo. Había activistas en coordinación con el Centro de Trabajo de Miami, de Liberty City, argumentando que los empleos iban a ser sólo temporales y los dólares básicos del fisco que pagarían por el estadio estarían mejor dedicados a otra cosa.

Dentro, el administrador municipal Pete Hernández inició el proceso de informar ca los comisionados de cambios en el acuerdo del estadio después de la reunión del mes pasado.

Los Marlins ahora contribuirían $500,000 al año a organizaciones de caridad, de lo cual $125,000 iría a programas de parques de la ciudad y del condado los primeros siete años.

Más significativamente, el equipo accedió a incrementar la porción de ganancias que la ciudad y el condado compartirían con Jeffrey Loria, el dueño de los Marlins, si éste decidiera a vender el club en menos de 9 años del inicio de la construcción del estadio nuevo.

Los gobiernos habían acordado previamente un nivel que comenzaría a 18 por ciento, que bajaría cada año. El nuevo acuerdo aumenta eso hasta 70 por ciento el primer año, 60 el segundo, hasta 5 por ciento el noveno año, según explicó Hernández.

Los asientos de la cámara se fueron ocupando, y la línea de 73 oradores se extendía hasta la puerta. Algunos eran trabajadores de la construcción desempleados, que hablaron a favor del estadio.

"No estoy aquí para pedir que me resuelvan. Estoy aquí para pedir trabajo'', dijo Greg Mikenas, miembro de la oficina local 79 del Sindicato de Carpinteros.

Hashim Benford, organizador del Miami Workers' Center, replicó: "No sirve a los intereses de los que trabajan. Una vez que el estadio esté construido, esos empleos se acabaron.

Después de tres horas de expresiones de opinión pública, la comisión asumió control.

Regalado, un detractor del estadio desde que el plan se reveló, expresó su preocupación sobre regalar terrenos del municipio, sin recibir suficientes garantías públicas y el hecho de que la policía del condado, y no la de la ciudad será quien patrulle el interior del lugar.

"Con este acuerdo, la policía de la ciudad de Miami solamente podría entrar al estadio para usar el baño'', dijo él.

Sarnoff enfocó la economía, temiendo que el plan de $634 millones pudiera inflarse a $1,800 millones o más con los pagos de interés. Y cuestionó si los Marlins podrían cumplir con su cometido de pagar $155 millones para la construcción.

"Nadie tiene idea de lo que tienen o no tienen los Marlins'', dijo refiriéndose al equipo, que anteriormente ganó una orden judicial de mantener privados sus libros de finanzas.

Sánchez, representando a la Pequeña Habana, dijo que el estadio significaría empleos y vitalidad económica para una porción de su distrito muy necesitada. Dijo además que los fondos públicos, en su mayoría derivados de los impuestos de hoteles turísticos, no se pueden usar para servicios sociales, de policías o de bomberos.

"No veo esto como un estadio para los Marlins'', dijo. "Lo veo como una oportunidad''.

Spence-Jones, que ya había garantizado más de $100 millones para su distrito de Overtown en una votación separada este mes, ejerció su influencia en el voto hablando durante una hora, y llamando a grupos enteros de funcionario al podio antes de votar positivamente.

"A veces el liderazgo requiere tomar medidas atrevidas'', dijo Spence-Jones. "Lo que yo en realidad quise hacer fue escuchar las voces de este salón. Y las he oído bien claras''.

El voto significa que los comisionados de Miami aprobaron un plan para que el condado prometiera $297 millones en impuestos turísticos, y otros $50 millones de un referendo sobre bonos, para la construcción del estadio. Los Marlins invertirían unos $120 millones en construcción, y pagarle al condado un préstamo de $35 millones. Miami construiría los estacionamientos, de $94 millones. Después de la aprobación del jueves los aplausos han sido discretos, en parte porque Sánchez, que preside la comisión, frecuentemente le pide al público que se contenga, pero mayormente porque la decisión fue tan demorada que el veredicto final fue un alivio para los partidarios del estadio.

Los comisionados de Miami habían programado votar el 13 de enero, pero Sarnoff retrasó el asunto exigiendo una serie de concesiones de los Marlins. Sánchez prolongó la reunión hasta el jueves.

Immediatamente después de las votaciones del jueves, Loria, el dueño de los Marlins, se vio rodeado de partidarios y de los medios de noticias.

"Estamos realizando una gran contribución privada'', dijo cuando se le preguntó sobre la contribución, que es el mayor aporte público para el estadio. Loria se negó a contestar una pregunta sobre si abriría al público los libros del equipo.

En lugar de eso, miró al futuro, quizá al día de 2012 en que los Miami Marlins puedan salir al estadio en la Pequeña Habana.

"Cuando miremos hacia atrás, de aquí a unos años'', dijo, "sabremos lo buena que ha sido esta decisión''.

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