Sur de la Florida

Estadio de Marlins rumbo al último inning

Las nuevas representaciones del estadio de los Marlins.
Las nuevas representaciones del estadio de los Marlins.

El lunes se realizará la votación final sobre el nuevo estadio de los Marlins de la Florida, cuya aprobación parece estar a la distancia de un tenso día del objetivo que se persigue desde 1994: un estadio de béisbol que el sur de la Florida pueda considerar suyo.

Para los que se oponen a que se gasten cientos de millones del contribuyente en la construcción del estadio en La Pequeña Habana --y para los que exhortan a los Marlins a asumir más de los $634 millones que cuesta el proyecto-- la votación del lunes en la Comisión del Condado Miami-Dade podría ser la última oportunidad.

Las posibilidades de los Marlins aumentaron espectacularmente el jueves en el Ayuntamiento de Miami, donde el equipo ganó una estrecha votación, de 3 a 2, que aprobó el acuerdo.

Pero los comisionados municipales consiguieron dos concesiones importantes: una parte mayor de las utilidades para el condado y el municipio si el equipo se vende después de construido el estadio y la promesa de que por lo menos la mitad de las personas que construirán el estadio vivan en el sur de la Florida.

Esto deja a los escépticos del estadio en la Comisión del Condado ansiosos por obtener concesiones propias, incluso cuando algunos comienzan a admitir que el acuerdo se aprobará.

"Creo que ya tienen los votos, pero aún se puede conseguir un convenio mejor modificando algunos aspectos'', afirmó Carlos Giménez, comisionado de Miami-Dade y un resuelto crítico en la dirección del condado.

El comisionado Joe Martínez argumentó lo mismo en un memorando que hizo llegar a sus colegas inmediatamente después de la votación en la Comisión de Miami.

"A última hora los Marlins aceptaron los cambios debido a la presión de los comisionados municipales'', escribió Martínez. "Si los Marlins accedieron es posible que hagan más concesiones''.

Por lo tanto, el problema no es tanto si se aprobará el convenio, sino en las concesiones que los Marlins estén dispuestos a hacer para que se apruebe.

Carlos Alvarez, alcalde del Condado y el principal partidario de que se construya un estadio para los Marlins, alega que los equipos deportivos profesionales son un rasgo distintivo de cualquier ciudad de clase mundial y que el estadio creará empleos de obras públicas en momentos en que la economía tanto los necesita. Ayer anunció que desea que la Comisión apruebe en una sola votación los cinco contratos del convenio en un esfuerzo por evitar el espectáculo de tener que llegar un acuerdo punto por punto en el pleno.

Es una propuesta audaz porque un punto --suprimir el proceso de licitación para permitir que la firma que eligieron los Marlins, Hunt-Moss, construya el estadio-- requiere una supermayoría de nueve votos de los 13 miembros de la Comisión.

"Aspiramos a conseguir una gran solución que requiere nueve votos y lo incluya todo'', dijo ayer Victoria Mallette, portavoz de Alvarez.

El anuncio se conoció después que Alvarez dedicó la mañana de ayer al Miami International Cattle Show, donde admiró con el comisionado Javier Souto, cuyo voto es clave, los toros sementales en exhibición. La feria ganadera es un proyecto personal de Souto. No fue posible localizar a Souto para que comentara al respecto.

El programa de la votación del lunes, dado a conocer con tardanza ayer, indica que los cinco contratos se someterán a voto de una vez. Pero una mayoría simple puede cambiar la propuesta.

Entre los que apoyan firmemente el convenio están el presidente Dennos C. Moss y el vicepresidente José "Pepe'' Díaz.

Díaz declaró ayer que si el dinero proveniente del impuesto hotelero para financiar la mayor parte del estadio se pudiese emplear en la policía o en otros servicios sociales, no votaría a favor del acuerdo. Pero, según la ley, lo recaudado por ese impuesto debe dedicarse al desarrollo turístico, como es el caso de un estadio.

"Vamos a crear empleos con el estadio'', señaló Díaz. "Y vamos a crearlos también a su alrededor. Los empleos se crearán cuando el estadio comience a operar''.

Los que se oponen al acuerdo tienen otras ideas.

Jiménez propuso suprimir los contratos y redactar otros en los que la contribución pública se reduce de $480 millones a unos $76 millones. Los Marlins han prometido pagar $120 millones para la construcción y pagar un préstamo de $35 millones del Condado.

"¿Una moción para comenzarlo todo de nuevo? En este momento es algo absolutamente ridículo'', señaló Alvarez.

Si Giménez no consiga persuadir a sus colegas para que comiencen de cero, dijo que prefiere que los Marlins pongan primero su parte en el estadio. Según el acuerdo en vigor, los contribuyentes pagan la construcción de las tres primeras partes del estadio mientras los Marlins pagan la terminación.

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