Sur de la Florida

Preocupa destino de joyas arquitectónicas de Bacardí

Los edificios de Bacardi USA de Biscayne Boulevard son considerados por algunos arquitectos, conservacionistas e historiadores como las estructuras arquitectónicas más significativas de los años 1960 en Miami.
Los edificios de Bacardi USA de Biscayne Boulevard son considerados por algunos arquitectos, conservacionistas e historiadores como las estructuras arquitectónicas más significativas de los años 1960 en Miami.

En algún momento de este año Bacardi USA se mudará de los espléndidos edificios en Biscayne Boulevard, donde tiene su sede desde que la empresa abandonó Cuba tras el triunfo de la revolución de 1959.

Con el progreso de la construcción de su nueva sede en Coral Gables, en los círculos arquitéctonicos y de conservación histórica se está planteando una angustiosa interrogante: ¿qué sucederá con los famosos edificios cuando Bacardí los abandone?

Algunos arquitectos, conservacionistas e historiadores los consideran las estructuras arquitectónicas más significativas de los años 1960 en Miami.

"Por supuesto que hay una gran preocupación'', dijo Iván Rodríguez, antiguo jefe de conservación histórica de Miami-Dade y miembro de un grupo informal de arquitectos y conservacionistas que exploran formas de conservar los edificios.

"Es uno de nuestros mayores tesoros.

La compañía privada ha declinado discutir sus planes y sus ejecutivos han declinado ofrecer detalles sobre el futuro de los edificios, incluso dejando sin respuesta una carta de los conservacionistas el año pasado. También declinaron una solicitud de entrevista, calificándola de prematura.

"Estamos estudiando varias opciones'', dijo Patricia Neal, portavoz de Bacardí, y añadió: "Agradecemos que la población se preocupe por nuestro edificio. Nosotros también lo queremos''.

Rara vez una compañía ha sido tan estrechamente identificada con sus edificios como Bacardí, que ha dejado un legado de monumentales estructuras en Cuba, México y Bermuda.

En Miami, es un conjunto de dos edificios. El primero es una esbelta torre de ocho pisos, más amplia que profunda, con la fachada sobre Biscayne Boulevard y en la esquina de la Calle 21. Construida en 1963, fue diseñada por Enrique Gutiérrez, un arquitecto nacido en Cuba y radicado en Puerto Rico. Murales de flores hechos de losas azules y blancas, diseñadas por el artista brasileño Francisco Brennand, adornan los lados norte y sur de la torre, un brillante contraste con los minimalistas y oscuros cristales de los lados este y oeste.

El segundo edificio, detrás de la torre, es un anexo cuadrado de dos pisos construido en 1972, equilibrado sobre un pequeño cubo naranja y suspendido 47 pies sobre la plaza que lo separa de la torre. Sus cuatro paredes son placas traslúcidas de hormigón y vidrios de colores que cuentan, de manera abstracta, la historia de la transformación de la caña de azúcar en ron. El anexo fue diseñado por otro arquitecto de origen cubano, Ignacio Carrera Justiz, ahora retirado, que trabajó en Coral Gables.

Sus admiradores dicen que los edificios son notables por la fusión de arte y arquitectura, un notable ejemplo de una tendencia que floreció en toda América Latina a mediados del siglo XX.

El diseño fue estructuralmente audaz: los pisos de la torre cuelgan de vigas en el techo, lo que permite que descanse sobre una superficie pequeña, el vestíbulo de vidrio. Los dos pisos del anexo están igualmente suspendidos por cables del techo.

"Técnicamente, la estructura es excepcional'', dijo el arquitecto Enrique Madia, jefe del capítulo local de DOCOMONO, un grupo internacional que cabildea por la conservación de obras arquitectónicas modernas. "Estos edificios son tan importantes como la Torre de la Libertad, aunque en otro marco histórico''.

El recinto de Miami fue obra del antiguo jefe de Bacardí, Pepín Bosch, miembro de la familia que compartía la pasión de sus fundadores por la arquitectura y el arte. Desde el inicio de la compañía en Santiago de Cuba a fines del siglo XIX, los edificios de Bacardí mostraban los mejores estilos arquitectónicos de su época, desde el renacimiento clásico del museo familiar de fines de siglo en Santiago hasta el art deco la famosa sede de la compañía en La Habana.

Bosch contrató al célebre modernista Mies van der Rohe para diseñar la sede de la compañía en Ciudad de México y Bermuda, y al famoso arquitecto méxicano Félix Candela para diseñar la planta embotelladora de Ciudad México, que tiene un techo de hormigón en forma de ola.

Pero hace tiempo que la sede de Bacardí en Estados Unidos desbordó la capacidad de sus edificios en Miami. Las operaciones se reparten entre media docena de edificios en el vecindario. Mientras Bacardí adquirió otras marcas, creció y contrató a profesional ajenos a la familia para dirigir el negocio, los jefes de la compañía decidieron consolidar.

Bacardí consiguió un arrendamiento favorable cuando Burger King se mudó a una torre de Coral Gables construida por Armando Codina. Pero los admiradores de Bacardí y su patronazgo de la arquitectura y las artes quedaron decepcionados.

"Este es un patrón que a mediados de siglo encabezaba el mundo en términos de arquitectura moderna, que estaba haciendo el trabajo empresarial más interesante de las Américas'', dijo Jorge Hernández, arquitecto de Coral Gables, profesor de la Universidad de Miami y miembro del grupo que trata de salvar los edificios de Bacardí. "Y que ahora ahora parece haber perdido su relación con todo eso''.

Bacardí utilizó por lo menos un par de firmas arquitectónicas locales para ampliar la sede de Biscayne Blvd., pero no llegaron a nada.

Al final, algunos conocedores de la compañía dicen que la economía parece haberse impuesto a la tradición arquitectónica, aunque algunos ejecutivos y familiares quisieran que los edificios no se pierdan.

"Es triste que estén abandonando estos bellos edificios, pero les ha ido muy bien como empresa y necesitan un edificio más grande'', dijo Cathy Left, directora del Museo Wolfsonian-FIU, que fue anfitrión de una recaudación en la sede miamense de Bacardí en el 2005 para enfatizar los méritos arquitectónicos del lugar. "Están tratando de hacer lo que sea responsable''.

Las mismas limitaciones que dejaron obsoletos los edificios para le empresa pudieran complicar el buscarles otro uso. El área pequeña de los pisos de la torre pudiera limitar la viabilidad comercial del complejo. Igualmente, la Torre de la Libertad, que en otros tiempos fue sede de un periódico, fue cerrada hace muchos años después de ser sede de un centro de procesamiento de refugiados cubanos en la década de 1960 porque no era adecuada para un uso comercial moderno.

Algunos esperan que Bacardí se quede con los edificios y quizás los use como centro cultural. Otros dicen que un propietario sin fines de lucro, quizás una fundación, pudiera ser la solución. Y hay quienes creen que el lugar tiene posibilidades comerciales debido a su ubicación en una zona que resurge y al amplio solar, que tiene espacio para levantar otro edificio.

El temor entre los conservacionistas es lo que pudiera suceder si Bacardí se deshace de los edificios. Como no están protegidos como monumento histórico, nada puede impedir que otro propietario los modifique o sencillamente los demuela.

Algunos dicen que el municipio debe declararlos monumento, aunque a la torre le faltan unos años para el umbral informal de 50 años para recibir tal protección. La ley de conservación del municipio permite la designación sin la aprobación del propietario, pero algunos piensan que Bacardí pueda usar su gran influencia para obstaculizar la medida.

"Es un icono arquitectónico'', dijo Arva Moore Parks, historiadora municipal que hasta este mismo mes fue presidenta de la Junta de Planificación de Miami. "No podemos esperar a ver qué sucede. Tenemos que proteger algo tan importante''.

Pero Rodríguez dice que él y su grupo esperan conseguir la cooperación y participación de Bacardí, aunque no han decidido cómo y cuándo abordar a la compañía. Algunos miembros dicen que presentar una petición de designación como monumento ante la Junta de Conservación de Miami pudiera resultar contraproducente.

"Antes nos gustaría contactar a Bacardí y conversar con sus ejecutivos para ver qué piensan del asunto. No queremos una relación de adversarios'', afirmó.

"Dado el historial de Bacardí y su tradicional apoyo a la arquitectura y las artes, creo que eso es factible''.

aviglucci@MiamiHerald.com

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