Sur de la Florida

Ramas de esperanza crecen del dolor

Corriendo por el prado en el campamento en Homestead, los menores se sienten acompañados y comprendidos.
Corriendo por el prado en el campamento en Homestead, los menores se sienten acompañados y comprendidos.

A muy temprana edad, Rona y su hermano Danny perdieron a su padre. Ayer, en un emotivo y simbólico acto, plantaron un árbol en su honor y pidieron que crezca muy alto, para que llegue a sus manos y puedan expresarle el dolor que les ha dejado su ausencia.

Unos 40 niños como Rona y Danny se congregaron este fin de semana en el sur de Homestead para apoyarse y compartir sus experiencias. A todos les une el mismo sentimiento, el vacío que les deja el fallecimiento de un ser querido.

Con pequeñas palas plantaron un árbol mientras leín una poesía como homenaje. "Las hojas de mi árbol han caído, como caen las lágrimas por mi rostro, pero nuevas ramas crecerán y la memoria de tu nombre llevarán...".

Esta actividad es parte del Campamento Erin, que se repite en 28 ciudades del país desde el año 2002 y que se celebra por primera vez en el Campamento Owaisa Bauer, en 17001 SW 264 St., en Homestead. La actividad es coordinada por HospiceCare of Southeast Florida (HCSEF), con la ayuda de unos 70 voluntarios y profesionales de la salud.

"Los niños saben que estos árboles crecerán y perdurarán'', dijo Elma, una trabajadora social de HCSEF que con enfermeros, terapeutas y pediatras acompañan a los niños durante tres días.

Desde el amanecer hasta la noche los niños comparten sus sueños y también su dolor. Corren por el césped vestidos de piratas o imaginan que viajan por el espacio. Dibujan flores y hojas con los nombres de sus seres queridos fallecidos y los recuerdan componiendo canciones que hablan de su amor.

"Son niños y adolescentes de 6 a 17 años que han sufrido la pérdida de un familiar, de un padre, una madre, un hermano'', dijo Lourdes Cañete, coordinadora de Voluntarios de HCSEF.

A través del arte, la música, el teatro y el diálogo abierto con expertos, los niños pueden comprender la profundidad de sus sentimientos y expresar sus emociones. "Aquí no me siento solo'', afirma Adam, de 8 años, vestido de pirata. "Aquí tengo nuevos amigos que se sienten como yo''.

"Es bueno saber que no soy el único que ha perdido a alguien, que hay otros niños con los que puedo hablar y ser amigos'', expresó Rona.

Lleva de la mano a su hermano Danny, quien asegura que será astronauta, que viajará a la luna para buscar a ET y llevárselo a casa.

Tras los juegos y un buen almuerzo en una mesa larga, los niños forman una improvisada orquesta, cantan, aplauden y componen poesías.

"A los 17 años perdí a mi madre y una hermana en un accidente, comprendo el dolor de estos niños'', dijo Katty, una enfermera de HCSEF. "Me reconforta ayudarlos porque creo que es fundamental que puedan expresar lo que sienten'', agregó.

La inspiradora de este campamento es Erin Metcalf, una adolescente que falleció de cáncer en el 2000 y que quedó en la memoria de los que la conocieron no sólo por su apasionada lucha por vivir, sino también por su solidaridad con los que se enfrentan a la pérdida de un ser querido.

En medio de sus agotadores tratamientos de quimioterapia y radiación, esta jovencita de 17 años se preguntaba: "¿Dónde hay un lugar que reúna a los hermanitos de los niños que mueren? ¿Un lugar que les de cariño y comprensión?".

El ruego de Erin llegó al corazón de Jamie Moyer, pelotero de las Grandes Ligas, y de su esposa Karen, quienes tras la muerte de la niña decidieron, en su honor, crear los Campamentos Erin para dar apoyo emocional a los niños que han perdido seres queridos.

"Los niños nos inspiran día tras día para poder impulsar la Fundación Moyer'', afirma Jamie, que juega con los Filis de Philadelphia. "Y el enorme apoyo de la comunidad nos permite seguir guiando y motivando a estos niños, no sólo un tiempo sino a largo plazo'', agrega.

En un ambiente seguro y sano, el campamento ofrece a los menores la posibilidad de desarrollar confianza en sí mismos y aprender a comunicar sus sentimientos.

"Aquí unimos la energía que caracteriza un campamento tradicional de niños con actividades específicas para el apoyo emocional a los deudos'', recalcó Zoie Watson, directora de Desarrollo de HospiceCare of Southeast Florida.

A través de la Fundación Moyer, HospiceCare recibirá $100,000 para 10 campamentos, uno por año, y financiar los gastos del programa, como el alquiler de cabañas, alimentos, ropa, las actividades entretenimiento y los regalos.

"Para nosotros ha sido fundamental el apoyo de Jamie Moyer, que a través de la Fundación Moyer nos ha abierto una puerta para entrar en el corazón de estos pequeños, nos ha permitido darles un abrazo que trasciende el tiempo y hacerles sentir que no están solos en su aflicción'', dijo Esther Monzón Aguirre, a cargo de HCSEF en el sur de la Florida.

"Aunque tenemos cupo para 50 niños hemos recibido más de 80 solicitudes; nos entristece no poder recibirlos a todos, pero los que queden este año afuera del programa asistirán al campamento del 2010'', aseguró Cañete.

Para apoyar el programa se pueden enviar donaciones a: HospiceCare of Southeast Florida (HCSEF), 8405 NW 53 St. Suite A-200, Miami, Fl 33166.

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