Sur de la Florida

Promisorio futuro para un joven piloto de Weston

GABBY CHAVES en un simulador. Su nombre, conocido en el automovilismo, se proyectó aún más cuando 
Peter Windsor, propietario del nuevo equipo de Fórmula 1 de Estados Unidos, lo mencionó como uno 
de los posibles pilotos para la escudería.
GABBY CHAVES en un simulador. Su nombre, conocido en el automovilismo, se proyectó aún más cuando Peter Windsor, propietario del nuevo equipo de Fórmula 1 de Estados Unidos, lo mencionó como uno de los posibles pilotos para la escudería. Cortesía de Pilar Chaves

Gabby Chaves no puede tomar el carro de su papá y manejar, sin compañía, al supermercado más cercano de su casa. Pero lo que sí hace --y bastante bien-- es conducir un bólido a 140 millas por horas por distintos autódromos de Estados Unidos.

Con apenas 15 años de edad, Chaves, un joven colombiano que vive en Weston, en el condado de Broward, es considerado uno de los más promisorios prospectos del automovilismo.

Su nombre, conocido en los círculos de este deporte, se proyectó aún más cuando Peter Windsor, propietario del nuevo equipo de Fórmula 1 de Estados Unidos, lo mencionó como uno de los posibles pilotos para la escudería.

El elogio fue un paso más hacia una cita con el destino que Chaves y su familia consideran inexorable.

"La Fórmula 1 es adonde quiero llegar y donde sé que puedo llegar. Ese es mi sueño'', responde Chaves, quien desde que se montó por primera vez en un carro de karting en su natal Colombia descubrió, con apenas 11 años, lo que haría el resto de su vida.

Hasta ahora su decisión parece ser la correcta.

Chaves, el conductor más joven del mundo con licencia Clase C de la Federación Internacional de Automovilismo, encabeza actualmente el campeonato de la Fórmula BMW Americas, una categoría en la cual se formaron algunos de los pilotos que están en la Fórmula 1 como Sebastian Vettel, Timo Glock y Nico Rosberg, entre otros.

Hombres de la velocidad como Emerson Fittipaldi, Dan Wheldon, Sebastian Bourdaix, entre otros, han coincidido en alabar el talento a borbotones que emerge de Chaves cuando está en completa comunión con su bólido.

"Cuando estoy en la pista se me olvida el planeta. Me conecto completamente con mi carro y conmigo mismo. Es algo que pasa naturalmente'', explica.

Su armonía con el bólido y la preparación, le dan la confianza y la madurez que sólo tienen los atletas de alta competencia en un deporte en donde el peligro está en cada vuelta. "No pienso en eso de accidentes. No pasa nunca por la mente. El que piense en esas cosas, no se puede dedicar a esto'', confiesa.

Para Chaves su éxito se debe, además de la exigente preparación física, al hecho de que le gusta lo que hace.

"Yo esto no lo veo como un trabajo, sino como una diversión'', enfatiza el joven, que estuvo cerca de decantarse por el tenis, un deporte en el que llegó a estar entre los 10 mejores de Estados Unidos en su categoría. "No sentí el gusanito con el tenis, la pasión la sentí con el automovilismo''.

Chaves trata de llevar un vida normal, como la de cualquier estudiante de la Weston High, en donde forma parte del equipo de atletismo.

Pero a diferencia de casi todos los muchachos de 15 años, cuida su nutrición --incluso nunca compra comida rápida--, le gusta hacer ejercicio "hasta más allá del límite'', como dice, y vive de la velocidad.

Además, según Gabriel, su padre --un piloto de la aerolínea JetBlue--, Gabby es el proyecto de toda la familia. "Todo gira alrededor de él. Esto es 24 horas del día, los siete días de la semana enfocados en él'', sostiene.

La inversión en este proyecto no sólo ha sido emocional y de apoyo irresoluto de los padres, sino también económica. En una especialidad sumamente costosa, los Chaves calculan que han puesto de su bolsillo alrededor de $500,000 en los dos últimos años, aunque hoy en día tienen más apoyo externo, como por ejemplo, el de su patrocinador Café de Colombia.

Pero así como se invierte, también llegan las recompensas.

El año pasado, por ejemplo, marcó un hito en la vida de Gabby.

Durante algunas semanas le vio de cerca el rostro a su futuro cuando se puso al frente de su bólido en tres pistas de la Fórmula 1, en Singapur, China y Malasia.

"Fue emocionante. Se sintió muy chévere poder correr en esos circuitos, estar en los pits y conocer a los pilotos. Ahí pensé, bueno si ellos lo pudieron hacer, yo también'', evoca.

Por ahora continúa preparándose, formándose no sólo en las pistas estadounidenses, sino también conociendo durante unas nueve horas semanales los circuitos de la F1 en un moderno simulador que tiene en su casa.

"Paso a paso'', filosofa.

Ciertamente es así y por ello su próxima gran meta será acercarse a una oficina de licencias en julio y poder obtener finalmente un permiso de conducir.

Ahora tiene una de aprendiz que es limitada.

"No voy a decir nada que soy piloto cuando me toque hacer el examen. ¡Qué se lleven la sorpresa!'', asegura con una carcajada.

Será otra sorpresa más en lo que ha sido hasta ahora una corta pero intensa regadera de asombrosas historias que está dejando Chaves a su paso.

O mejor dicho, que está dejando pista tras pista.

Artículos relacionados el Nuevo Herald

  Comentarios