Sur de la Florida

Aplican alto voltaje a niños durante visita a cárceles

Los niños se sujetaron de las manos para que 50,000 voltios pudieran pasar a través de los dedos. Otros niños estuvieron peligrosamente cerca de respirar gas lacrimógeno.

Un total de 43 niños resultaron directa e indirectamente impactados por pistolas automáticas durante los eventos simultáneos llamados "Lleve sus hijos a su centro de trabajo'' que se celebraron en tres prisiones estatales el mes pasado. Uno de los menores es la hija del alcaide de una penitenciaría.

Las extrañas descripciones de los menores expuestos a gas lacrimógeno y a recibir descargas eléctricas mientras se sujetaban de las manos en un círculo se revelaron ayer durante una conferencia de prensa que realizó Walter McNeil, el asombrado jefe del Departamento de Correcciones de la Florida (DOC).

Tres guardias penitenciarios fueron despedidos, dos renunciaron y otros 16 empleados --desde guardias hasta un alcaide-- recibirán castigos disciplinarios por el suceso del 23 de abril, dijo McNeil.

Ninguno de los niños necesitó asistencia médica, así como tampoco ninguno resultó seriamente lesionado, dijo McNeil. El jefe agregó que las víctimas, cuyas edades oscilan entre los cinco y los 17 años, eran todas hijos de guardias de las cárceles.

En casi todos los casos, los guardias que utilizaron los "dispositivos electrónicos de inmovilización'' tenían permiso de los padres o abuelos. La hija del alcaide de la prisión correccional de Indian River recibió el choque eléctrico sin el permiso del padre.

McNeil dijo que no podía entender nada de lo que ocurrió.

"No puedo siquiera imaginar qué pensaban estos oficiales para hacerle algo semejante a los niños, ni tampoco imaginar cómo un padre puede permitir que se haga a su hijo una cosa así'', dijo McNeil. "Esto no debe suceder nunca más''.

McNeil calificó el episodio como algo "vergonzoso'' para el cuarto sistema penitenciario más grande de todo el país, que con anterioridad ha tenido que enfrentarse a otros escándalos.

McNeil señaló en repetidas ocasiones sólo sucedieron tres incidentes con las pistolas eléctricas en las 55 instituciones, y que no se trata de algo que se practica comúnmente. De cualquier modo, reconoció que era "lógico'' dar por sentado que otros niños debieron pasar por incidentes similares en otros eventos en que los empleados llevaron a sus hijos a las penitenciarías. Uno de los guardias despedidos dijo que esto ha pasado con anterioridad, pero que las autoridades no tienen pruebas de ello.

McNeil señaló que este tipo de pistola es diferente que la Taser, que le disparan a los blancos con cables con electricidad y el impacto de amperaje es mucho más poderoso. Las pistolas que se usaron en los niños funcionan sólo al hacer contacto. Las pistolas descargan 50,000 voltios de electricidad. Aunque el voltaje es alto --suficiente como para incapacitar a un adulto-- no es letal ya que la intensidad de la corriente es muy baja, y sólo alcanza seis miliamperes.

Hasta ahora en lo que va de año, ninguna de las armas se han empleado en los 100,000 prisioneros de las penitenciarías, sólo en los hijos de los empleados del DOC. McNeil dijo que el haber empleado de estas armas el mes pasado es una violación de las normas del departamento.

De los niños expuestos a las ramas eléctricas, 14 fueron impactados directamente en instituciones de Franklin, Martin e Indian River. Otros 29 niños resultaron expuestos indirectamente cuando se sujetaron de las manos con una persona que fue impactada. Al colocar a los niños en un círculo, la electricidad se pudo transmitir de las manos de un niño a otro. El alcaide cuya hija estuvo involucrada, no estaba en la ciudad en el momento del incidente y no dio permiso.

Después de escuchar sobre el incidente en Franklin, McNeil dijo que realizó una investigación donde se reveló la utilización del arma eléctrica en otras instituciones. Durante la pesquisa, las autoridades también supieron que guardias en la prisión Lake Correctional Institution demostraron el uso del gas lacrimógeno, que puso en peligro a algunos de los niños.

McNeil dijo que en los 30 años que trabaja en instituciones policiales, "nunca ha visto nada parecido''.

El redactor del St. Petersburg Times John Barry contribuyó a esta información.

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